27 Marzo 2022

El tour de Francia

Gustavo Petro llega con la camiseta de líder a la primera vuelta presidencial. La selección de su compañera de fórmula es una gran decisión de campaña, pero puede resultar muy complicada para armar alianzas y aún más para gobernar un país.

Por: Redacción Cambio

La selección de una fórmula vicepresidencial es un manifiesto político. El candidato busca una alianza para llegar a un sector que le ha sido esquivo o para sellar un acuerdo con un grupo político que le pueda dar los votos que le faltan para ganar. En el caso de Gustavo Petro y Francia Márquez no parece haber operado esa ecuación. Los más de 700.000 votos que Francia obtuvo en la consulta interna del Pacto Histórico iban a estar mayoritariamente con Petro aunque hubiera escogido otra persona. Francia tampoco acerca otro grupo político, ni suma nuevos votos. Su nominación no es una señal de apertura hacia una coalición de centro y al contrario puede ser leída como una radicalización del discurso antiestablecimiento, tan útil para hacer campaña como contraproducente para gobernar.

Los ejemplos abundan  en Colombia y en el mundo. Barack Obama escoge a un hombre blanco y del establecimiento como Joe Biden para que sea su compañero de tiquete. Años después, Biden escoge a una mujer afrodescendiente para que lo acompañe. Álvaro Uribe elige a un oligarca bogotano como Francisco Santos para que le abra las puertas de un sector ajeno a él. En cambio, un oligarca bogotano como Juan Manuel Santos selecciona al líder sindical Angelino Garzón para que lo complemente. Y en su segundo intento, cuando la carrera es por maquinaria se va por un jefe político como Germán Vargas Lleras. Hasta a Iván Duque su mentor terminó escogiéndole a Marta Lucía Ramírez como pareja como una fórmula para sellar la alianza de derecha que combinara juventud con experiencia.

El vicepresidente en Colombia y en cualquier parte del mundo es un gregario de su jefe que está para ayudarlo a ganar las etapas y hacerlo lucir mejor en sus derrotas. Esa no parece ser la historia de la relación entre Francia Márquez y Gustavo Petro. En febrero de 2021, Márquez iba por la carretera camino al norte del Cauca. Su teléfono sonó para invitarla a sumarse al proyecto político de Gustavo Petro. El periodista Alfredo Molano, de Cambio, que realizaba un documental sobre la vida y la lucha de Francia Márquez la oyó decir: “Yo no voy a salir corriendo para firmarles un cheque en blanco porque ustedes se tomaron la foto y luego se dieron cuenta  de que les faltaba un negro. Yo voy a pensarlo, a dialogar con mi gente, y si acepto es porque quiero ser presidenta de Colombia o ¿es que una mujer negra y pobre no puede soñar con eso?”.

Desde ese momento, Francia se ha sentido y ha hecho sentir que ella no es un soldado en la tropa petrista sino la cabeza de un grupo que no aspira a obedecer sino a cogobernar. La siguiente piedra en el camino fue la conformación de la lista del Senado. El hecho de que fuera cerrada convirtió a Petro en la gran locomotora electoral y en el dueño indiscutido del orden de la plancha. Como pasa en todas partes, hay más candidatos que renglones con viabilidad. Petro impuso que la cabeza de lista fuera Gustavo Bolívar que a juicio de muchos no es el dirigente más representativo. De ahí en adelante, la norma es que fuera una lista cremallera alternando mujer y hombre y que representara a todos los sectores que componían el Pacto. Por esa época también se habló de que el segundo en votos en la consulta interna del Pacto sería la fórmula vicepresidencial. 

La receta fracasó antes de estrenarse. Roy Barreras renunció a su precandidatura en el primer debate al que lo invitaron para convertirse en director de campaña de las listas del Congreso y a su vez aspirar a su reelección como senador. El candidato de Francia al Senado, Carlos Rosero, que inicialmente iba a ocupar el puesto once fue desplazado en la cola para darle cabida a Alex Flórez, ficha del alcalde de Medellín Daniel Quintero con quien Petro quería sellar una alianza política, tratando de contrarrestar su evidente desventaja en Antioquia, donde Álvaro Uribe y su candidato Federico Gutiérrez juegan de locales. 

El desplazamiento forzado de su candidato, inicialmente al puesto 16, fue percibido por Francia como una afrenta personal porque Rosero ha sido el principal dirigente de la organización de la que ella emergió y es su mentor y consejero. En su momento, Francia aseguró que se estaba incumpliendo la palabra empeñada y amenazó con irse del Pacto Histórico. "Expresamos nuestro descontento con la confirmación de la lista al Senado. Estaremos expresando en horas de la tarde nuestra decisión en relación a nuestra continuidad en este proceso. Soy Porque Somos. Un abrazo ancestral", escribió en Twitter.

La amenaza de Francia armó una crisis pública y la lista del Senado fue objeto de mayor escrutinio. Saltaron a la vista las toscas costuras politiqueras con las que había sido confeccionada. Un dirigente de izquierda muy caracterizado como Wilson Arias había sido relegado al renglón 15, mientras que un desconocido total como Pedro Hernando Flórez fue plantado en el renglón nueve de la lista. Había mucha gente inconforme en las toldas petristas pero una cosa es tramitar la inconformidad internamente y otra muy distinta ventilarla en público y crear un ambiente de crisis.

Al final, Francia excluyó a su candidato Carlos Rosero y dejó constancia de su inconformidad ante el incumplimiento.

Esa expresión de rebeldía sirvió para que Francia ganara más atención nacional y para que su voz brillara en una consulta en la que desde el principio se conocía el ganador. La voz firme y decidida de Francia le ganó adeptos internos en el Pacto y el hecho de que el Polo Democrático, la histórica agrupación de izquierda, le extendiera su aval sirvió para consolidarla como un contrapeso a Petro. Senadores de la importancia de Iván Cepeda anunciaron públicamente que votarían por ella en la consulta y empezó a ganar una tracción interna inusitada y preocupante para algunos. El fenómeno de Francia ha sido de tal magnitud que Sofía Petro, la hija del hoy candidato presidencial, hizo público que había votado por ella y no por su papá.

Francia ha sido una voz discrepante en la campaña presidencial. En más de una ocasión se atrevió a contradecir a Petro.  En un debate, el senador empezó a ambientar la posibilidad de una futura alianza con el Partido Liberal:

—Yo creo que hay una distancia entre el progresismo y el liberalismo de hoy que es necesario rectificar— dijo Petro en pleno debate y enfatizando en las posibles afinidades continuó: —Los derechos establecidos en la Constitución del 91 son producto de una alianza entre el liberalismo y el progresismo de entonces.

La respuesta de Márquez desnudó lo que realmente estaba buscando Petro:

—Yo creo que el país, la gente, está cansada de la corrupción. Está cansada y quiere un cambio real. Un pacto con Gaviria significa más de lo mismo. Gaviria es parte de los que han llevado a este país a vivir en la crisis que estamos viviendo, en la hambruna, la corrupción. Siempre ha estado gobernando a su favor.

La afirmación de Francia obligó a Petro a recoger su mano tendida hacia los liberales y a redirigir su intervención a la naturaleza de las alianzas poniendo de ejemplo la que había  hecho con Francia y explicando que pactar no significa repartirse el Estado.

Las diferencias estaban lejos de terminar. La cuenta pendiente por la lista del Senado llegaría con intereses de mora a la hora de escoger fórmula vicepresidencial. La promesa tácita de que el segundo en votos sería el candidato, terminó convirtiéndose en un nuevo sirirí para Petro. Antes de las elecciones Francia se encargó de recordar lo que según ella se había acordado: “Si yo gano la consulta del Pacto Histórico, lo que a mí me enseñaron en mi casa es a honrar la palabra y eso significa que el segundo o la segunda en la lista va a ser la fórmula vicepresidencial tal y como se pactó al inicio de este proceso y tal como se estableció cuando yo llegué”.

Intuyendo lo que estaba por venir, Petro ya se había empezado a bajar públicamente de la idea de convertir al segundo en votación en fórmula vicepresidencial. Sin embargo, el inmenso apoyo que obtuvo Francia en las urnas puso al candidato en una situación en la que perdía con cara y con sello.  

Si decía que no, quedaba nuevamente haciéndole conejo a una figura con la fuerza simbólica de Francia Márquez. Si decía que sí, perdía su gran carta para vestir de coalición de centro su aspiración presidencial. Mientras Francia insistía en que había que honrar la palabra, Roy Barreras trabajaba día y noche para buscar acuerdos con Germán Vargas Lleras, líder de una facción de Cambio Radical, y sobre todo con César Gaviria, jefe único del Partido Liberal, que acababa de retornar de un purgatorio político coronado con la elección de 14 senadores y 32 representantes.

Durante esos activos días se dijeron muchas cosas sin fundamento y otras enteramente ciertas.  No es cierto, por ejemplo, que el nombre de María Paz Gaviria, hija del expresidente, se hubiera contemplado como compañera de fórmula de Petro. En contraste, Cambio verificó que se habló de la posibilidad de presentar a Luz María Zapata, la esposa de Germán Vargas Lleras, como candidata a la vicepresidencia. Esto último fue parte de una conversación entre Gustavo Petro y Vargas Lleras que había empezado con expresiones mutuas de buena voluntad pero que se empezó a estropear cuando Petro llegó dos horas tarde a la cita mientras Vargas Lleras echaba humo y miraba el reloj. La razón de la demora fue una entrevista de Petro con Juanpis González que Vargas Lleras nunca entendió como excusa suficiente para dejarlo esperando.   

En cambio la reunión de Petro con César Gaviria fue mucho más pragmática. Al jefe liberal lo tenía sin cuidado el valor simbólico de la vicepresidencia. A diferencia de Francia sabe que ese cargo es una medalla vacía donde no hay poder ni presupuesto. Sentado frente a Gustavo Petro y a la propia Francia Márquez les habló de las líneas rojas que no se podían cruzar si querían su apoyo y concluyó diciéndoles que el Partido Liberal aspiraba a manejar los ministerios de Defensa y Hacienda. Unos segundos de silencio antecedieron al comentario sarcástico de Gustavo Petro: “Ah, no quiere nada. Solo las armas y la plata”.

Las conversaciones con Vargas Lleras se enfriaron pero continuaron con Gaviria a través de Roy Barreras y del exministro liberal José Fernando Bautista, quien ha operado como gerente de la campaña de Petro y al mismo tiempo como una especie de canciller con el liberalismo.  Cada expresión desobligante o brusca, de un lado o del otro, es traducida por él como una amable discrepancia y una manifestación de respeto y admiración. Con paciencia oriental, el exministro, bajo la orientación de Barreras, fue construyendo lentamente un principio de acuerdo que el lunes de esta semana estaba cerca de concretarse.

Todo el proceso había tenido la aprobación de Petro y el visto bueno de su círculo inmediato. En el marco de esas conversaciones, el expresidente Gaviria había pedido que la comunicación pública del Pacto Histórico usara un lenguaje moderado y considerado hacía el Partido Liberal. La verdad que pocos veían desde afuera es que Gaviria también estaba preso de su bancada. La inmensa mayoría de los senadores electos no simpatizan con la candidatura de Gustavo Petro y tienen inconvenientes para explicarle esa alianza a sus financiadores en unas campañas especialmente costosas. Mientras tanto la mayoría de los representantes a la Cámara tienen afinidad con Gustavo Petro. Todo lo cual causaba que Gaviria tuviera que hacer un trabajo de alta cirugía política para juntar posiciones que parecen recíprocamente excluyentes.

La proclamación de Francia Márquez como vicepresidenta y su nueva arremetida contra César Gaviria sorprendió al jefe liberal en medio de este esfuerzo de malabarismo. O Francia no sabía que había un intento en marcha para aproximar a los liberales o simplemente no le importó. Como sea, fuentes cercanas a César Gaviria comentaron que el director del Partido Liberal cuando rompió los acercamientos con Petro no tenía contemplado irse a la campaña de Federico Gutiérrez sino dejar en libertad a los votantes porque es consciente de que la base liberal es más afín a Petro que a cualquier otro candidato. Así lo expresará el martes en reunión con su bancada.

Lo que Gaviria sostiene, según esas fuentes, es que Petro no necesita al Partido Liberal para ganar la elección sino para gobernar. Los 46 parlamentarios liberales y su capacidad tecnocrática podrían haberle sido útiles a Gustavo Petro para construir las mayorías en el Congreso pero sobre todo para desradicalizar su imagen no solo en Colombia sino ante la comunidad internacional.

Es posible que también Petro vea ese asunto con claridad pero no es fácil para él contradecir a Francia y no lo será de ahora en adelante. Como sea, si quiere mayoría en el Congreso tendrá que negociar con los liberales. La ventaja de hacerlo con Gaviria es que podría lograr al por mayor y no una negociación al detal, que seguramente saldrá más costosa en términos presupuestales y menos defendible desde el punto de vista ético y político. En la práctica es imposible gobernar con un Congreso en contra. La última vez que Gustavo Petro intentó hacerlo en otra escala terminó golpeándose contra una pared. Siendo alcalde de Bogotá intentó gobernar en contra del Concejo y terminó solo y sancionado por un contralor afín a Germán Vargas Lleras.

De esa experiencia Gustavo Petro aprendió que hay momentos para confrontar y momentos para conciliar. Un ejemplo de esto lo dio durante la discusión sobre la elección de su fórmula vicepresidencial. Consciente de que podría no ser Francia empezó a hablar del Ministerio de la Igualdad como un atractivo premio de consolación.

Gustavo Petro logró un triunfo histórico, rompió techos y escaló montañas pero la presencia de Francia como su compañera de fórmula no será fácil de lidiar en lo que queda de campaña y menos aún en el Gobierno. Pues como le dijo Francia a Cambio: “No somos uno y dos. Somos uno y una. Eso quiere decir que nos vemos en paridad. Tenemos una apuesta común que busca cambiar este país”.

La declaración es loable en términos de campaña pero imposible en términos de gobierno. La Constitución Nacional establece que habrá un presidente y un vicepresidente. Nunca menciona la posibilidad de que sea una presidencia bicéfala “en paridad” en donde el jefe del Estado tenga que consultar sus decisiones con la vicepresidenta. La función del vicepresidente es simplemente la de ser una llanta de repuesto en caso de ausencia temporal o absoluta del mandatario. Aparentemente Francia no se resigna al mandato constitucional y lo seguirá haciendo sentir. Ahora tiene no solamente la vicepresidencia sino el Ministerio de la Igualdad, prometido para consolarla. Gustavo Petro, que últimamente ha ganado todas, posiblemente logre su meta pero seguirá preso de esta decisión, brillante para campaña pero costosa para gobierno.