6 Marzo 2022

Elecciones 2022: todo vuelve a empezar el 14 de marzo

A pesar de su ventaja indiscutible, es casi imposible que Gustavo Petro gane en primera vuelta.

Crédito: Sergio Acero/Colprensa

Ante la proliferación de encuestas, lo único cierto es que el 14 de marzo quedarán solo seis candidatos y se librará una nueva batalla cuyo ganador no está claro. 'Cambio' analiza las razones por las cuales la gran final política puede portarse muy diferente a las eliminatorias.

Por Cambio

La semana laboral terminó con la sensación de que Gustavo Petro está ganando en todos los escenarios y que las tres elecciones que faltan son apenas un trámite para oficializar su victoria. La verdad es que, a pesar de la indiscutible ventaja de Petro, es prácticamente imposible que gane en primera vuelta. Necesitaría cerca de 11 millones de votos que aritméticamente no se ven. En cambio, en un combate de dos rondas todo estaría por verse. Paradójicamente quienes pueden enfrentar más exitosamente a Petro tienen hoy más problemas para pasar a la segunda vuelta que para ganar la presidencia.

Colombia nunca había enfrentado un escenario en donde a la altura de las elecciones de Congreso estuvieran aún sobre el tapete 23 candidatos presidenciales. Esto crea un efecto distorsivo en las encuestas que las hace prácticamente inútiles para crear un modelo predictivo de la primera vuelta. Ni hablar de la segunda. Por eso hay quienes dicen acertadamente que el país está viviendo por primera vez una elección presidencial de tres rondas en las que el único candidato claro y fijo se llama Gustavo Petro.

La consulta del Pacto Histórico tiene un resultado absolutamente predecible, lo cual le dio la oportunidad a Petro de llevar un discurso presidencial y no de precandidato. En otras palabras, no tiene que hacer mayores esfuerzos para ganar su consulta interna sino que, a diferencia de lo que pasa en otras coaliciones, puede dedicarse a trabajar para la semifinal y la final, dando por descontadas las eliminatorias. Además su consulta le permite impulsar su lista cerrada al Senado, que era una apuesta difícil porque lo vuelve la única locomotora de ese tren, pero a la vez consolida su liderazgo interno. No importa si elige 20 senadores, 18 o 14, al final todos le deberán su elección a Petro, a imagen y semejanza de lo que sucedía con Uribe y el Centro Democrático hace cuatro años.

Para Petro, la consulta también va a significar importantes ingresos por cuenta del pago de reposición electoral. Si las listas del Pacto Histórico alcanzan los 8 millones de votos, la coalición recibirá más de 14.000 millones de pesos de financiación estatal. Si bien una parte de esos ingresos debe sufragar los gastos que la campaña ha hecho hasta ahora, lo más seguro es que Petro tenga la caja llena para el momento más costoso de la elección y no tenga necesidad de recurrir a aportes de particulares. Por todo esto sin duda picará en punta pero no se puede considerar que ya haya ganado.

La derecha amanecerá el 14 de marzo con al menos tres candidatos. Óscar Iván Zuluaga, que en el papel sigue siendo la carta de Álvaro Uribe, y otras dos cartas suyas, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, a quien ha ido cooptando desde que se especuló que tenía alguna posibilidad, y el ganador de la llamada Coalición de la Experiencia, en donde aún hay tres candidatos con posibilidades: el conservador David Barguil y los exalcaldes Federico Gutiérrez y Álex Char.

En esta coalición de derecha las encuestas le dan cierto favoritismo a Fico Gutiérrez, seguido de cerca por Álex Char. Sin embargo, hay varios factores que escapan a la medición de una encuesta y que podrían poner a liderar a cualquiera de los tres.

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El conservador David Barguil, aunque rezagado en las encuestas, cuenta con el apoyo de maquinarias que funcionan por debajo del radar y puede dar sorpresas. Crédito: Colprensa

Una cosa es Fico si una parte importante del uribismo decide votar en la consulta, como quisiera el presidente Iván Duque, y otra si no votan como lo ha dicho Álvaro Uribe, al menos de dientes para afuera. Fico, sin un apoyo decidido del uribismo, no va a ganar la consulta. Rezagado en las encuestas aparece el candidato conservador David Barguil, pero puede dar una gran sorpresa. Barguil tiene dos maquinarias que funcionan por debajo del radar de una encuesta: el Partido Conservador, que tiene un millón y medio de votos, y el departamento de Córdoba, que es un gigante electoral en donde muchos están dispuestos a votar por él sin distingo de partido porque por primera vez uno de los suyos podría llegar a la Presidencia. Si esa determinación se acerca a 500.000 votos, la mitad de los electores que participaron en la última votación para la gobernación, Barguil podría ganar.

El tercero con posibilidad es Álex Char, quien ha resultado inmune a los escándalos de compra de votos y negocios de su familia. Cualquier otro candidato habría desaparecido ante las denuncias efectuadas por la exsenadora Aida Merlano, quien fue su amante y, según ella, también su protegida electoral. En Barranquilla no se habla del tema. La prensa local parece indiferente a la gravedad de los señalamientos. En el resto del país, Char solo existe de manera marginal. Es decir, que podría llegar a ganar una elección nacional basado solamente en su fuerza local. La prueba palpable de ello es el reciente episodio de la consecución de firmas para inscribir su candidatura. En asombrosa maratón de 30 días Char consiguió más de 2 millones y medio de firmas, lo cual quiere decir que casi 85.000 personas firmaban por él cada día o 3.515 cada hora.

Una reciente encuesta de la firma Cifras y Conceptos señala que en octubre de 2019 el centro y la izquierda sumados representaban el 60 por ciento del electorado, mientras que la derecha era el 40 por ciento.

Es predecible que esa coalición logre la segunda votación, lo cual no quiere decir que tenga las mejores cartas para enfrentar a Gustavo Petro en una segunda vuelta. Ni Barguil ni Fico ni Char tienen gran potencial de crecimiento en los sectores de centro que resultarían esenciales para definir la elección. Una reciente encuesta de la firma Cifras y Conceptos señala que en octubre de 2019 el centro y la izquierda sumados representaban el 60 por ciento del electorado, mientras que la derecha era el 40 por ciento. Tres años después, con el desgaste causado por el gobierno de Iván Duque, el proceso judicial de Álvaro Uribe y las difíciles condiciones económicas del país, el panorama es bien distinto. La derecha bajó a ser solo el 17 por ciento, mientras que el centro y la izquierda ahora representan el 83 por ciento de los votantes.

Todo eso hace que la Coalición Centro Esperanza, caótica, despedazada por batallas internas y golpeada en las encuestas, pueda a pesar de todo jugar un papel determinante tanto en la primera como en la segunda vuelta. Las encuestas le dan hasta ahora el liderazgo a Sergio Fajardo y muestran a Juan Manuel Galán en un segundo lugar, aunque estancado. El único que crece, pero no mucho, es el exrector Alejandro Gaviria, quien en las últimas semanas decidió quitarse la hoja de parra académica para empezar a hacer asociaciones con políticos non sanctos, el primero de ellos el cuestionado exgobernador de Cundinamarca, Jorge Rey, a quien llegó por intermedio de las otrora fajardistas Claudia López y Angélica Lozano (sobre la pelea de Claudia López y Angélica Lozano con Sergio Fajardo, ver el artículo “Muñecas verdes, muñecas maduras").

"La última manifestación de esta guerra fría entre Sergio Fajardo y las dos dirigentes, que cariñosamente se llaman “muñeca”, fue el apoyo del exgobernador de Cundinamarca Jorge Rey a Alejandro Gaviria. Como senadora, López denunció lo que Rey y su corte habían hecho en Cundinamarca. Se trata de temas relacionados con volteos de tierras que habían sido expuestos en el Senado por Carlos Fernando Galán, principal rival de Claudia para la alcaldía. En el fragor de la campaña Claudia terminó aborreciendo más a Galán que a Rey y pronto hizo alianza con su grupo".

 

Ver el artículo “Muñecas verdes, muñecas maduras"

 

 

La Coalición Centro Esperanza, que llegó a ilusionar a mucha gente, sufrió un golpe casi mortal cuando Íngrid Betancourt, importada de Francia para construir la unidad, terminó autoproclamándose candidata y saliéndose con portazo de la Coalición mientras acusaba a Alejandro Gaviria de abrirles la puerta a las maquinarias. Desde ese momento no ha habido un día de paz. Los llamados tibios hierven a cada rato por cuenta de las diferencias que ventilan públicamente. La ilusión de un gobierno de equipo que lograra juntar matices muy distintos desapareció en la seguidilla de combates (ver La esperanza es lo penúltimo que se pierde.

 

Sin embargo, cuando sea uno solo el candidato después del 13 de marzo es posible que las esquivas encuestas le empiecen a entregar viabilidad a alguien que, si bien no despierta mayores emociones, tampoco aviva grandes resistencias. La máxima de las elecciones con balotaje reza que la gente vota en la primera vuelta por el candidato que más quiere y en la segunda contra el que más odia.