26 Marzo 2022

Fico Gutiérrez: mano oculta, problema grande

Crédito: Wil Huertas

El apoyo del Centro Democrático le dio a Federico Gutierrez el triunfo en la consulta del pasado 13 de marzo. Paradójicamente, ese mismo respaldo que lo llevó a la victoria puede pasarle factura si en adelante es encasillado como "el que dijo Uribe". Con la designación de Rodrigo Lara como su fórmula, Fico da un paso para desmarcarse de la derecha. Sin embargo, para el candidato será cada vez más difícil tapar el sol con un dedo.

Al país político le tomó por sorpresa la designación de Rodrigo Lara Sánchez, médico, militante de los verdes, mocuksiano, fajardista y exalcalde de Neiva, como fórmula vicepresidencial del candidato Federico Gutiérrez. En el ramillete de opciones de Fico había nombres de peso electoral y reconocimiento nacional, varios de ellos integrantes de la extinta Coalición de la Experiencia. Sonaban para ocupar ese puesto personajes conocidos como Enrique Peñalosa, Álex Char o Eduardo Verano. Sin embargo, al final, Fico se decantó por un hombre que, aunque no despierta mayores resistencias, es un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de los colombianos. Seguramente no quita votos, pero tampoco suma.

El elegido de Fico no cumple con ninguno de los preceptos que fueron tenidos en cuenta en la mayoría de las campañas para la composición del tiquete presidencial: es hombre, blanco, hijo de un exministro, desconocido y sin votos. ¿Qué hay entonces detrás de la jugada? La respuesta es sencilla: el sorpresivo anuncio obedece a una estrategia milimétricamente calculada que diseñó la derecha para que su candidato, Fico Gutiérrez, no parezca suyo ni parezca de derecha. La designación de Lara como coequipero de Gutiérrez es la más reciente movida de los partidos tradicionales, pero no la primera ni la última, para disfrazar a su elegido de todo lo que no es.

Sería injusto decir que Gutiérrez es única y exclusivamente el “candidato del uribismo”. Son varios los partidos que lo respaldan y, entre sus adeptos, hay una mezcla de maquinaria, estructuras políticas, voto anti-Petro y voto de opinión. Sin embargo, no es un secreto que desde que entró a la contienda, por más maniobras para ocultar lo evidente, los observadores de la política se percataron de que él era la verdadera la ficha de Uribe.

Aunque la pretendida estrategia de los sectores conservadores no es difícil de detectar, sí es una apuesta hábil que responde a un pragmatismo electoral que se ajusta perfectamente a la realidad política del momento: la imagen del Centro Democrático está desgastada y ganar con candidato propio era casi imposible. ¿Cómo pasó el hoy partido de gobierno de ser la fuerza política determinante en Colombia a convertirse en el patito feo al que hay que recibirle el apoyo sin que se note?

Del cielo a la tierra

Hace apenas cuatro años la organización política fundada por Álvaro Uribe atravesaba sus días de gloria. Ese partido, con el liderazgo del expresidente, había logrado ganar con el “No” en el plebiscito, superar a Santos en primera vuelta, elegir la bancada más grande del Congreso y sentar en la silla de Bolívar a Iván Duque, un joven político a quien casi nadie conocía. El hoy presidente llegó al poder en unas condiciones que en nada se parecen a las que enfrenta el candidato que aspira a sucederlo. Duque, a diferencia de Fico, tuvo que recorrer el país dejando claro que él era “el que dijo Uribe”.

Ahora la foto es muy distinta. Consciente del desgaste que arrastra el partido de gobierno, la derecha tuvo que buscar opciones para impulsar un aspirante que no cargara con ese lastre. Si bien hace cuatro años ser el señalado por Uribe era una garantía de éxito, en el panorama actual es exactamente lo contrario. Ahora, en la antesala de estas elecciones, el hoy partido de gobierno ya no es ni la sombra de lo que fue. En el Senado perdió la tercera parte de los asientos que tenía y, en Cámara, su representación se redujo a la mitad.

Así, poco a poco, el Centro Democrático se fue desmarcando del escenario para permitir que surgiera una coalición que, aunque comulgara con las mismas ideas, diera la impresión de que nada tenía que ver con Uribe ni con el gobierno.

La derecha se reinventa

Así surgió entonces en el panorama la Coalición de la Experiencia, hoy renombrada Equipo por Colombia. Se trataba de una serie de exmandatarios locales, todos con tendencias de derecha y centro derecha, que se unieron para presentarle al país una opción con alguna vocación de triunfo. Fico andaba recorriendo las calles de Colombia para impulsar su aspiración por firmas. Sin embargo, dentro de su coalición competían los principales gallos de toda la clase política.

Álex Char llegaba con la aplanadora de su Clan familiar que domina la parada electoral en la costa Atlántica; Dilian Francisca Toro, en representación del Partido de la U y la poderosa maquinaria valluna; David Barguil, con el peso del voto disciplinado del Partido Conservador y el impulso de ser oriundo de Córdoba; Aydeé Lizarazo, con el poder del voto cristiano; Juan Carlos Echeverry y Enrique Peñalosa, que de maquinaria tienen poco, le daban a la coalición el toque de solidez tecnocrática que la hacía ver más atractiva.

Con el pasar de los días la colación se iba consolidando con el apoyo de estructuras políticas de vieja data. Sin importar los cuestionamientos o escándalos que pudieran tener encima algunos de sus integrantes, los miembros del Equipo por Colombia se mantuvieron unidos y estuvieron dispuestos a recibir a todo aquel que trajera votos. El único vetado, curiosamente, fue el exministro Óscar Iván Zuluaga, entonces candidato oficial del Centro Democrático. Zuluaga quedó en el peor de los mundos: como la coalición quería parecer lo más lejana posible al uribismo, Óscar Iván fue condenado a seguir su lánguida candidatura en solitario.

Los disidentes del duquismo, encabezados por la senadora María Fernanda Cabal, ya empezaban a intuir que la candidatura de Zuluaga había nacido muerta. Se generó entonces una tensión adicional en la militancia uribista: tenían candidato, pero sus verdaderos amores estaban en el tarjetón de una coalición en la que no los dejaron participar. Algunos pocos invitaban a abstenerse el día de la consulta. Otros, como el propio presidente, les pidieron a los suyos que salieran a votar. Así las cosas, el triunfo de Fico dependía en buena medida de que los uribistas se volcaran a apoyarlo el 13 de marzo, como en efecto ocurrió.

Tapar el sol con un dedo

Aunque la versión oficial del uribismo rezaba que el partido respaldaba la candidatura de Óscar Iván Zuluaga, basta con hacer un análisis de las matemáticas electorales para entender que la realidad fue diferente. La base uribista estuvo con Fico y le dio la victoria en la consulta. Las coincidencias numéricas entre los votos que sacó Gutiérrez y los que obtuvo el Centro Democrático en varias regiones del país no permiten sacar otra conclusión.

El Centro Democrático obtuvo 1.900.000 votos para Senado, cifra muy cercana a los 2.100.000 votos que sacó Fico. En Bogotá, Federico Gutiérrez logró 304.000 votos y el Centro Democrático 336.000; En Caquetá, Fico obtuvo 6.700 votos y el Centro Democrático 7.600; en el Huila, Fico sacó 33.000 votos y el Centro Democrático 34.000; en el Cauca, Gutiérrez obtuvo 22.000 votos y el Centro Democrático 20.000. Esa extraña correlación entre los sufragios por el partido de gobierno y los votos de Fico se repitió en más de una plaza.

Pero ahí no paró la cosa. Pasadas pocas horas de la victoria de Federico Gutiérrez en la consulta, Óscar Iván Zuluaga entendió el mensaje y declinó su aspiración para sumarse a la campaña de Fico. No obstante, los ingenieros electorales de su partido captaron que el anuncio de Zuluaga podía ser percibido como que Fico, ahora sí, era el candidato oficial del uribismo. Sacaron entonces un comunicado para hacer control de daños y dejar claro que la de Zuluaga era una decisión a título personal y no a nombre de su partido. Citaron a una reunión para tomar una decisión colegiada. El expresidente Uribe, en ese encuentro, fue claro en advertir los riesgos de darle el apoyo de frente a Gutiérrez: “Que Federico es el candidato de Uribe, que Federico es el candidato del Gobierno. Otra cosa es una decisión tomada con una participación de 600.000 personas”

Zuluaga, cansado tal vez del trato sistemático de arroz en bajo, alzó su voz de protesta: “Lo tercero, presidente, es que quien quiera tener el apoyo exprese que quiere estar con el partido, porque no creo que podemos hacerlo tampoco al revés. ¿Cómo vamos apoyar a alguien si no quieren? Invitar al partido, pues mal se haría un proceso de estos. ¿Y a qué me refiero? Que lo vivimos cuando definíamos la coalición. El problema cuando no se pudo armar la coalición con la participación nuestra era la posición vergonzante sobre el uribismo y lo que eso les significaba a algunos candidatos”

La jugada del Centro Democrático de consultarles a sus bases a qué candidato quieren que el partido apoye, no es más que una medida cosmética. Un saludo a la bandera. No se ve posible que el resultado de ese sondeo favorezca a Sergio Fajardo, a Gustavo Petro, a Rodolfo Hernández o a Íngrid Betancourt. La apuesta del uribismo tiene nombre y apellido: Federico Gutiérrez. En adelante, el candidato tendrá que poner en marcha una maniobra de malabarismo político para recibir ese apoyo sin ofender al uribismo pero, al mismo tiempo, sin que lo etiqueten como "el que dijo Uribe". La designación de Rodrigo Lara es una prueba de que Fico está buscando acercar a los sectores de centro. Sin embargo, cada día se hace más difícil para su campaña ocultar un respaldo que para el electorado resulta evidente.