2 Marzo 2022

Joe Biden intenta pasar la página

Joe Biden, en la mitad de su discurso, flanqueado por la vicepresidenta, Kamala Harris, y la oradora de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

Crédito: Reuters

Anoche, desde el recinto del Congreso, Joe Biden dio su primer alocución presidencial conocida como el “Estado de la Union". Típicamente, el discurso es una oportunidad para el mandatario de EE.UU., ya que puede señalar algunas de sus victorias, dar pistas sobre lo que viene en su administración y —por supuesto—, anotar algunos puntos políticos.

Por: Enrique Santos Urzola

La mayor impresión que quedó tras el discurso de Joe Biden es que su administración está buscando darle con fuerza al botón de reinicio, pues el presidente abandonó completamente, e incluso reversó, posiciones con las que su partido se había casado hace relativamente poco. Con las elecciones al Congreso acercándose, muchos ya venían anticipando este cambio de dirección: la popularidad de Joe Biden está por el piso y si el mandatario no le da un "shock" de vida al partido demócrata, los republicanos los castigarán con fuerza en noviembre.

Biden empezó al hablar de la situación que se desarrolla en Ucrania. Condenó fuertemente a Vladimir Putin y exaltó la respuesta de la comunidad internacional. En lo que suele ser un ejercicio de faccionalismo político, Joe Biden recibió todo el apoyo de los republicanos sobre este tema. Lo único nuevo que anunció fue el cierre del espacio aéreo de EE.UU, ante todo tipo de vuelos rusos: una sanción considerable.

Luego Biden se centró en temas económicos, los cuales ocuparon la mayoría del discurso. La lista de objetivos es ambiciosa y le dio tranquilidad a muchos que consideraban que las prioridades de Biden en lo económico estaban alejadas de la realidad del país, especialmente en cuanto a la inflación. Se habló de: hacerle frente a la inflación, revitalizar la manufactura en EE.UU,, créditos fiscales para la niñez, subir el salario mínimo a 15 dólares, fijar los precios de ciertos medicamentos, cortar precios de energía, arreglar la infraestructura deficiente y mucho más.

A pesar de lo maravilloso que suenan estas metas, muchos se quedaron rascando las cabezas ya que Biden parece haber abandonado completamente la prudencia fiscal y esto causará serias dificultades a la hora de combatir la inflación.

Después de lo económico, Biden empezó a adentrarse en temas con dimensiones políticas más álgidas como la seguridad y la política pública en torno al covid. Fue aquí que se empezó a ver la nueva dirección que pretende tomar el mandatario.

El mensaje alarmista de los demócratas sobre el covid-19 quedó en el pasado, pues Biden intentó proyectar un aire de victoria en torno a la pandemia. Afirmó que no se descuidarán, ya que el covid-19 es una enfermedad que muta, pero que ya llegó la hora de retornar a la normalidad. También se refirió a la politización del covid-19 cuando pidió que “dejemos de ver el covid como una línea divisora partidista”.

En su respuesta de parte del Partido Republicano, la gobernadora de Iowa, Kim Reynolds, acusó a los demócratas de hipocresía en cuanto al covid. En su partido, hay un sentimiento generalizado de que  los demócratas fueron los que impulsaron la dinámica de politización. Y en cuanto a las restricciones, que fueron ellos los que se aferraron a ellas hasta que ya no fue políticamente prudente hacerlo.

Posteriormente Biden habló sobre la seguridad, un tema que ha cobrado relevancia ya que en múltiples ciudades de EE.UU. los índices de criminalidad y asesinato se han disparado desde el 2020. En una movida que sorprendió a muchos, Biden hizo una alusión a la campaña de ´desfinanciar la policía´ que creció alrededor del movimiento de ´Black Lives Matter´ y opinó que lo que se debería hacer para garantizar la seguridad es precisamente lo opuesto: “La respuesta es darles más recursos”, dijo, recibiendo aplausos de su partido, al igual que de los republicanos.

El último reversazo de Biden fue en torno a la política migratoria. Bajo Trump, los demócratas adoptaron un posición belicosa sobre este tema, asociando fuertemente las nociones de seguridad fronteriza con el racismo y la xenofobia. Sin embargo, Biden afirmó que ya es hora de “asegurar la frontera y arreglar el sistema de inmigración”. Agregó que “no es solo lo correcto, es lo más inteligente económicamente”.

Con su primer discurso del Estado de la Unión chuleado, Biden ha marcado una nueva ruta para su gobierno. Los cambios de posición en la seguridad y la inmigración —al igual que el poco reconocimiento para las cuestiones más fundamentales del ala progresista de los demócratas— denotan un giro hacia el centro. Con los altos niveles de polarización que ha estado experimentando EE.UU., puede ser un cambio significativo en la dinámica política del país.

Sin embargo, una cosa son las palabras y otra cosa las acciones. Estará por verse si Joe Biden realmente puede encarrilar a su partido sobre esta nueva dirección o si las fuerzas de la inercia serán demasiado para él.