18 Marzo 2022

¿Terminará César Gaviria decidiendo? 

Crédito: Wil Huertas

Todos los ojos se están dirigiendo al jefe del Partido Liberal. Después de una jornada que le dejó más de 2 millones de votos para Senado, Gaviria podría tener la capacidad de inclinar la balanza a favor de Petro o de Fico. Sin embargo, no la tiene fácil. 

Por: Redacción Cambio

El 2021 terminó mal para César Gaviria. Muchos nombres importantes para el Partido Liberal se habían alejado de la colectividad. Juan Manuel Galán, quien hizo posible 30 años atrás la elección de Gaviria como presidente, había hecho toldo aparte y refundado el Nuevo Liberalismo. Horacio José Serpa, hijo del jefe liberal que no alcanzó jamás la Presidencia, pero que era tratado con la dignidad de un expresidente, se había ido hacia la Coalición de la Esperanza. Luis Fernando Velasco, senador caucano que había pasado más de veinte años como parte de la bancada liberal en el Congreso, decidió unirse al Pacto Histórico de Gustavo Petro. Los últimos precandidatos liberales que habían competido por la representación del partido hace cuatro años, Juan Fernando Cristo y Humberto de la Calle, también se habían marchado hacia la coalición de centro. En fin, Gaviria parecía haberse quedado solo en la casona de la Avenida Caracas, con las llaves pero sin la gente. 

Sin embargo, el 13 de marzo fue un día de celebración. Como muchos esperaban ver caer al expresidente por nocaut, el hecho de que no hubiera debacle sino una pérdida más bien pequeña lo convirtió en ganador. El Partido Liberal, que tenía 15 senadores, se quedó con los 15. Obtuvo casi el 13 por ciento de la votación nacional y fue la tercera fuerza del país por encima, entre otros, de la Coalición Centro Esperanza, el partido de gobierno, Centro Democrático, Cambio Radical y el Partido de la U. En Cámara las cosas no estuvieron tan bien, pero tampoco estuvieron mal. De 35 representantes pasaron a tener 32 y se conservaron como la mayor bancada. Los que han hablado con Gaviria dicen que se ríe socarronamente diciendo que los que se fueron son los mismos que no tenían votos. Y en verdad, con excepción de De La Calle, todos los disidentes se quemaron. 

Detrás del esplendoroso resultado hay muchos acuerdos que hablan más del pragmatismo del jefe liberal que de la desdibujada ideología del partido. Por ejemplo, uno de los mayores aportantes a la victoria fue el condenado Eduardo Pulgar, quien se trasteó del Partido de la U, donde había sido elegido hace cuatro años con más de 80.000 votos. Pulgar no solamente conservó su cauda, sino que la aumentó poniéndole 110.000 votos al gran Partido Liberal y a su cuñada Claudia María Pérez Giraldo, una ilustre desconocida que logró una de las mayores votaciones liberales. También ató al ferrocarril liberal el muy conservador vagón de los cristianos con Sara Castellanos, hija de pastores y grandes electores que, sin embargo, apenas entró con los justos 63.000 votos para ser la última elegida en la lista liberal. A pesar de los más y los menos el resultado le entregó a César Gaviria un aire nuevo y al Partido Liberal la posibilidad de inclinar la balanza, porque es la fuerza política más grande que aún no se ha comprometido con una causa presidencial. 

La pregunta es si realmente César Gaviria tiene el poder de endosar esos 2 millones de votos o si los electores liberales ya escogieron entre Petro, Fico y Fajardo. La verdad es que ni Gaviria tiene la posibilidad de endosar completo ni es indiferente a los votantes liberales la instrucción de la dirección del partido. El expresidente no es el dueño de la votación pero sí un importante copropietario. Una de las creaciones del propio Gaviria en la Constitución de 1991 fue la decisión de que el Senado se escogiera por circunscripción nacional. El motivo era bueno. Permitiría que los candidatos que no tuvieran maquinaria pudieran conquistar votos de opinión en todo el país. Sin embargo, 30 años después, la elección de Senado se ha vuelto muy costosa, cada campaña vale casi tanto como una elección presidencial y los senadores son menos dados a obedecer las órdenes de la dirección de sus partidos a rajatabla.

Según fuentes cercanas al expresidente Gaviria, él siente que la mayoría de los votantes liberales están con Petro, pero también sabe que la mayoría de sus senadores están con Fico. En la Cámara, en cambio, hay más representantes que tienden a respaldar al líder del Pacto Histórico. Así las cosas, alinear la bancada no está resultando fácil y si esto pasa con los congresistas, Gaviria sabe que habrá una división mayor entre los votantes, aunque insiste en que el pueblo liberal está más cerca de Petro que de cualquier otro candidato porque su discurso social lo sintoniza con las ideas que hicieron grande al Partido Liberal.  

Ahora bien, con su tradicional pragmatismo, Gaviria le ha señalado a algunos de sus interlocutores que es probable que Petro no necesite los votos liberales para lograr su elección pero sí requiere del apoyo liberal para disipar miedos, ganar gobernabilidad en el Congreso y conformar equipos de gobierno. 

Más allá de la simple mermelada, que probablemente seguirá operando, en las filas de Gustavo Petro no hay suficiente gente con las horas de vuelo para hacerse cargo del gobierno del país. La administración pública se ha ido tecnificando progresivamente y no es posible improvisar en muchos cargos sin producir un colapso en el manejo del Estado. Hay una diferencia sustancial entre manejar una campaña popular y exitosa; y conducir un gobierno que deberá afrontar múltiples retos por la situación global y por la pobre herencia que recibirá de Iván Duque. 

Así las cosas, Gaviria le ha dicho a personas con las que ha hablado en estos días que el mejor servicio que el liberalismo le podría prestar a un eventual gobierno de Petro, sería el respaldo tecnocrático que dé confianza en el cumplimiento de la separación de poderes y la estabilidad jurídica, al mismo tiempo que marque ciertas líneas rojas que le den tranquilidad a muchos colombianos que siente incertidumbre frente a la administración de Petro. El discurso que sus cercanos le atribuyen a Gaviria suena bien, pero tiene más de una explicación. Sus seguidores lo ven como una manera de crear un sano contrapeso interno en una eventual presidencia de Gustavo Petro, sus detractores piensan que solo es otra forma de disfrazar el insaciable apetito burocrático del jefe liberal.