6 Marzo 2022

Valle del Cauca: la pachanga de los votos

Los candidatos en el Valle del Cauca no denuncian públicamente la compra de votos para evitar riesgos su seguridad personal.

Crédito: Colprensa

En este departamento conviven las viejas modalidades de compra de votos con las más modernas. A esto se suma la ola de violencia que limita la campaña política y la libre decisión de los electores.

Por Olga San Martín

Hace menos de un par de semanas, una candidata del Valle del Cauca que pidió mantener en reserva su nombre, recibió una llamada a su celular para hacerle una curiosa propuesta: “Me invitaron a bajar el 'banderazo', una modalidad muy avanzada en la compra de votos que hasta ese día desconocía. Me ofrecieron 1.000 votos para arrancar la jornada electoral a cambio de 100 millones de pesos. La misma propuesta fue hecha a un candidato de otro partido. Esta vez fue abordado por un colega en una reunión de campaña. 'Hermano, jálele al banderazo', así garantiza arrancar con el pie derecho”. Los términos económicos de la oferta eran idénticos.

¿Quién está detrás de esta novedosa maniobra? No lo saben con certeza, pero sí saben que la operación es posible gracias a la manipulación del software que registra la votación y que, según les dijeron, la garantiza la experticia de un profesional, ingeniero de sistemas, que aparentemente tiene a su cargo esta labor. En su cuarto informe, presentado el pasado primero de marzo, la Misión de Observación Electoral (MOE), solicitó de nuevo a la Registraduría el acceso a los software que se utilizarán para las elecciones a Congreso y a Presidencia. Aún espera respuesta.

Los candidatos no denuncian públicamente para evitar poner en riesgo su seguridad personal. Razones no les faltan. A mediados de febrero, fueron amenazados de muerte cuatro concejales de Yumbo por las denuncias que hicieron en contra de la administración municipal, por el presunto exceso de contratos de prestación de servicios durante la época electoral. Los denunciantes afirman que se han contratado 3.000 personas por prestación de servicios en el año electoral, más de cuatro veces el promedio nacional recomendado por el Departamento Administrativo de la Función Pública.

El Valle del Cauca enfrenta una ola enorme de violencia y corrupción en la que participan estructuras políticas, muy poderosas o de mediano alcance, y delincuencia organizada de todas las esquinas, dispuestas a sabotear el proceso electoral y a forzar a la población vulnerable para que vote por determinados candidatos.

Ricardo Cobo, alcalde de Cali hace más de 20 años, dice que las bases de la compraventa de votos son las mismas, pero la situación actual es muy diferente a la que vivió en su candidatura. Las estructuras políticas les exigen a sus militantes aportar una serie de votos de familia y amigos, unos lo hacen por convicción y otros por prebendas. Cuando se sale de la órbita de la convicción para llegar a otros sectores, empieza la compra de votos. "Hoy día las campañas en Valle del Cauca gastan sumas astronómicas, lo que no se veía en mis tiempos. 6.000, 8.000 y más millones de pesos. ¿Por qué cuestan tanto? Es exagerado el gasto en publicidad, pero también el dinero en efectivo necesario para llegar a sectores vulnerables. La compra de votos en masa ya es una profesión de la política en el Valle, ellos son negociantes. No es un tema de izquierdas o derechas, es un problema estructural que todos temen denunciar".

De acuerdo con la MOE, otra metodología que funciona muy bien en el Valle del Cauca para garantizar la “fidelidad” de los votantes es la generación de relaciones a largo plazo que establecen algunas organizaciones políticas con parte de la población vulnerable. Se trata de alimentar los vínculos haciendo presencia permanente, “ayudando” a las familias a resolver problemas cotidianos como la organización de primeras comuniones, el intercambio de bienes y servicios y apoyos en capacitación. Lo hacen a través de colectividades organizadas, cumpliendo todos los requisitos legales, y en tiempos electorales, esos apoyos se traducen en votos.

El Valle del Cauca enfrenta una ola enorme de violencia y corrupción en la que participan estructuras políticas, muy poderosas o de mediano alcance, y delincuencia organizada de todas las esquinas, dispuestas a sabotear el proceso electoral y a forzar a la población vulnerable para que vote por determinados candidatos.

La MOE señala en el mapa de riesgo electoral, resultado de la información recolectada en los dos últimos años, que para las elecciones de 2022 el Valle del Cauca tiene 14 municipios que presentan riesgos por violencia, cuatro por riesgo indicativo de fraude en Senado y dos en Cámara. El municipio en donde coinciden factores indicativos de fraude electoral y factores de violencia es Buga. El coordinador regional de la MOE, Alejandro Sánchez, explica a la revista Cambio que por primera vez Cali cuenta con una mapa de riesgo electoral en el que se detectan los 24 puestos más vulnerables, ubicados principalmente en nueve comunas, las más susceptibles a la 14, 15, 20 y 21. Pilas con el Voto, de la MOE, es un canal creado para recibir denuncias en el marco de las elecciones 2022.

El tarjetón “chimbo”

Otras fuentes consultadas coinciden con que en el Valle del Cauca la  compra de líderes es constante y que algunas Juntas de Acción Comunal son el vehículo más eficaz para acercarse a los electores y asegurar votos a cambio de dinero en efectivo o contraprestaciones en especie. Una maniobra que parece ser común es conocida como “el cambiazo”, el “tarjetón chimbo” o el “carrusel de tarjetones”. Consiste en que un primer votante entra al puesto de votación con un tarjetón falso, lo deposita y guarda el legítimo que le fue entregado por los jurados de votación. Ese tarjetón en blanco es entregado y llenado por el “corredor” de votos. Un nuevo elector lo depositará y a su salida entregará el nuevo tarjetón en blanco. El “cambiazo” es una movida que se repite a lo largo de toda la jornada electoral y en varios puestos de votación. Negocio redondo, solo pierden el voto del primer cartón “chimbo” depositado.

Carlos Fernando Motoa, senador de Cambio Radical, advierte sobre el riesgo de compra de votos en Cali, Rozo, Buenaventura, Dagua y Yumbo, situación que se repite en cada elección y donde debe reforzarse la presencia de autoridades encubiertas. “Son zonas de alto riesgo, donde creería que es más común la compra de votos a cambio de materiales de construcción”.

“La compra del elector se ha sentido más después de la pandemia. Uno detecta más comportamientos irregulares. Por ejemplo, el aparente apoyo a grupos de la tercera edad, explica Carlos Fernando Motoa.

El senador no se explica la enorme proliferación de candidatos que no son del Valle. En Cali aparecieron candidatos desconocidos con un fuerte caudal electoral, sin contar con opinión pública y sin respaldo de concejales de Cali. “¿Cómo se da esto? No tengo una explicación distinta a la contraprestación económica. La compra del elector, explica, se ha sentido más después de la pandemia. Uno detecta más comportamientos irregulares. Por ejemplo, el aparente apoyo a grupos de la tercera edad. Se utiliza la asistencia social para dar visos de legalidad, pero detrás está la compra de votos”.

Gustavo Orozco, candidato a la Cámara por el Partido de la U, advierte que en el Valle del Cauca hay una dinámica electoral con participación criminal muy fuerte que abre la puerta grande a la compra de votos y el constreñimiento al sufragante. “Los municipios donde hay siembra de coca, donde hay influencia de guerrilla y paramilitares, son incontrolables. Por ejemplo, en Jamundí pagan hasta 150.000 por voto, porque hacen cuenta de tres elecciones, Cámara, Senado y Coaliciones. ¿Cómo logran contabilizar esos votos con amenazas de muerte?".

El candidato agrega que son recurrentes los rumores de la presencia de organizaciones criminales en campañas políticas, por ejemplo en la parte alta del municipio de Pradera y en Florida, donde vetan candidatos; entonces los líderes prefieren no participar. “Bajo amenazas de muerte, la compra de votos no es necesaria. La corrupción impregna todos los partidos. La compra de votos también se refleja en el cierre en la Registraduría, en el conteo. Meten gente corrupta dentro de los puestos de votación, ponen testigos con credenciales falsas, documentación que nadie verifica. Pero los torcidos no son solamente los candidatos, algunos líderes de los barrios son una mafia de ladrones que se camufla en los líderes legítimos”, concluye.

¿Rumores nada más?

Los periodistas que cubren política en los diarios de Cali oyen toda suerte de rumores de compra de votos, “pero la gente no denuncia porque tiene miedo. Tampoco es fácil conseguir pruebas”. Les dicen, por ejemplo, que en la Gobernación del Valle y en la Alcaldía de Cali han exigido a los empleados cumplir con listas de cuotas fijas de 150 personas que voten por determinado candidato. Les cuentan que hubo una reunión en un edificio del centro de Cali, a donde fueron convocados los empleados de la alcaldía. Que allí les quitaron el celular y les dijeron que era una reunión política. Rumores similares les han llegado sobre fortines políticos tradicionales del Valle del Cauca, como el Partido de la U, el Centro Democrático y los partidos Conservador y Liberal. “Esta práctica se ha normalizado al punto de que ya no aterra a nadie. Se habla también sobre el poder que tiene un líder de la Comuna 1, en Terrón Colorado, que garantiza a los candidatos 2.000 votos a cambio de una suma de dinero; se rumora que existen chats de los contratistas en los que mandan afiches indicando por quién votar. Pero todo se queda en eso, en rumores”, cuenta una periodista que prefiere no ser identificada.

Los periodistas que cubren política en los diarios de Cali oyen toda suerte de rumores de compra de votos, pero la gente no denuncia porque tiene miedo.

Se atreven a denunciar los jóvenes. El 5 de diciembre de 2021 se llevaron a cabo en Cali las elecciones para  representantes de los Consejos de Juventud, que por primera vez fueron por voto popular. Estos Consejos no tienen poder de decisión, no manejan recursos públicos y los miembros del organismo no reciben salario. Por eso a la líder juvenil Isabel Vera Zapata, le sorprende haber sido testigo de fraude electoral en esta contienda. Denunció a un señor que estaba en los puestos de votación del Sena, en Cali, con un fajo de billetes, repartiendo a diestra y siniestra, también alertó a la Policía sobre un número de jóvenes que aparecieron de la nada y votaron en una misma mesa y por un mismo candidato. Ahora ella se pregunta, “si hubo esto en unas elecciones que aparentemente no le interesan a nadie, ¿qué podemos esperar de las elecciones al Congreso y de las presidenciales?".

Gabriela Posso, presidenta del Consejo Municipal de Juventud en Cali y militante del  Pacto Histórico, advierte que hay anomalías en municipios por incorporación de cédulas. “Las listas crecieron en más del 200 por ciento e incluyen cédulas de muertos, principalmente en el Norte del Valle. Para evitar la compra de votos solo podemos hacer pedagogía, informar a la gente; seremos guardianes, haremos presencia en la jornada con cerca de 6.000 testigos electorales que estarán en las distintas mesas de votación.

Es probable que pasado el 13 de marzo salgan otros conejos del sombrero del mago de los votos.