12 Julio 2022

Biden y Macron: los presidentes salpicados en el escándalo de Uber

Uber conquistó a líderes mundiales y usó cuestionables tácticas para evadir las regulaciones que impedían su operación, unas jugadas por debajo de la mesa que ensucian a cientos de políticos, incluyendo al presidente de Estados Unidos y a su homólogo francés.

Por: Redacción Cambio

La innovadora empresa que revolucionó el mercado de transporte de pasajeros desplegó todo un arsenal de influencias y conexiones políticas para lograr las regulaciones y cambiar las leyes que fueran necesarias para operar, según una investigación de decenas de periodistas del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y el diario británico The Guardian.

La idea de crear una aplicación móvil que lograra facilitar los trayectos urbanos con el uso de vehículos particulares creó una crisis regulatoria en los países que tienen estructurado un sistema de transporte que incluye al gremio organizado de taxistas.

Según las averiguaciones, en lugar de buscar los permisos por la vía legal, Uber estableció un músculo de relaciones públicas dedicado al cabildeo en las principales ciudades del mundo con la intención de expandir potencialmente su negocio. Solo en 2016, más de 90 millones de dólares fueron destinados a esta estrategia.

Los registros hablan de reuniones con líderes mundiales de la talla de Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, Enda Kenny, exprimer ministro irlandés o el entonces presidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves.

El actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, también fue salpicado en el escándalo. En 2016, Travis Kalanick, fundador de Uber, buscó una reunión en privado con el entonces vicepresidente de la administración de Barack Obama para convencerlo de las oportunidades de empleo y las transformaciones en las ciudades que brindaba la compañía de San Francisco. Luego de la reunión, Biden modificó su discurso de apertura en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, e intervino para promocionar la aplicación de servicios de transporte.

Las filtraciones indican que Uber convocó a exasesores de Obama y les encargó la tarea de mover influencias para quebrar las trabas al funcionamiento de la compañía en Estados Unidos.

En 2015, cuando los taxistas franceses entraron en paro y bloquearon las calles para protestar contra la competencia de Uber, el gobierno suspendió ese servicio argumentando la defensa de los derechos laborales de los conductores de taxis públicos. Como plan de choque, la empresa estadounidense envió al lobista Mak MacGann para reunirse con el entonces ministro de Economía, Emmanuel Macron, para buscar la reactivación de la compañía en Francia. Dos días después, luego de un intercambio de correos entre Macron y MacGann, las autoridades anunciaron que revisarían la medida.

Macron les dijo a los reguladores que no sean "demasiado conservadores", comprometiéndose a interpretar la Ley de Taxis de manera más favorable para Uber, dijo MacGann en uno de los correos electrónicos filtrados.

Le Monde, diario socio de ICIJ, reveló más de una docena de comunicaciones entre el actual presidente de Francia o su equipo y Uber, entre septiembre de 2014 y febrero de 2016.