6 Marzo 2022

Noticias falsas y elecciones: ¿tiene salvación la "tía de WhatsApp"?

"El Conflicto, la incertidumbre y los mecanismos para extraer ganancias de un país debil y dividido es la principal meta de la desinformación". Las noticias falsas como armas emocionales, Matthew Loveless

Crédito: Will Huertas

Con las elecciones a la vuelta de la esquina, 'Cambio' se dio a la tarea de averiguar cuáles son los temas que más preocupan en materia de desinformación, por qué son tan efectivas las mentiras y hasta dónde es posible eliminarlas.

Por: María Camila Díaz Esguerra

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la desinformación no es nueva. Para que se hagan una idea, basta remitirse a un libro publicado en 1620 por el autor inglés Ben Johnson, contemporáneo de Shakespeare, titulado El comercio de noticias y noticias del nuevo mundo descubierto en la Luna. La novedad de hoy, no obstante, es la escala y la velocidad a la que se difunde la desinformación. Internet y los teléfonos inteligentes han aumentado exponencialmente la cantidad de información disponible, lo mismo que la posibilidad de crear contenidos y la facilidad para compartirlos con millones de personas.

Desinformación en Colombia: tendencias 2022

Las falsas noticias atacan con fuerza en época electoral. Cada cuatro años se repiten viejos repertorios y se explotan crisis y coyunturas para echarle leña al fuego. Cambio habló al respecto con tres de las organizaciones que le hacen seguimiento a la desinformación en medios: La Silla Vacía, Colombiacheck y Linterna Verde.

Según el Boletín de elecciones N°.2 de Linterna Verde –una organización independiente sin ánimo de lucro que investiga cómo se construye opinión pública en espacios digitales–, en este 2022 la narrativa de “amigos y enemigos de la paz” perdió gran parte de su fuerza. Sin embargo, hay dos temas calientes que entraron a oxigenar las campañas: el fraude electoral y la despenalización del aborto. 

Sobre el primero, Juan Esteban Lewin, director editorial de La Silla Vacía, explica que hay algunos mensajes que se activan de manera recurrente en torno a las elecciones y que incluso son transnacionales: los bolígrafos que no funcionan en los puestos de votación, las mecánicas de las urnas y los fallos en los formularios, etcétera. Por su parte, Jeanfreddy Gutiérrez Torres, director de Colombiacheck, señala otros mensajes que resucitan cada cuatro años, como la frase falsamente atribuida a Gaitán: ‘Hasta las cuatro de la tarde vota el pueblo, después vota la Registraduría’ o la denuncia sin pruebas de ciudadanos que están suplantando muertos en las mesas de votación, con la novedad de que en estas elecciones se habla de venezolanos con documentación falsa. En muchos casos, la difusión de estos contenidos responde a acusaciones sin pruebas

En estas elecciones, el tema del fraude está particularmente caliente debido a que están prendidas las alertas de este delito. Hay denuncias reales que incluyen desde las tradicionales compras de votos hasta el comportamiento del registrador nacional, entre otros. 

Gracias a esta zozobra, los candidatos de lado y lado del universo político se han aprovechado de riesgos reales para pescar en río revuelto y gritar ‘¡fraude!’. Por ejemplo, la búsqueda de la palabra ‘fraude’ en Colombia en la Biblioteca de Anuncios de Meta (Facebook) respecto de temas sociales, electorales o de política, arroja 860 resultados, mientras que para la frase ‘fraude electoral’ esa cifra es de 640. 

En Twitter, uno de los trinos más destacados ha sido el de Andrés Pastrana que extiende un manto de duda sobre una presunta reunión de la firma Indra (proveedor de software de la Registraduría Nacional) con Gustavo Petro, rumores que fueron desmentidos por la propia empresa. 

La legalización del aborto también ha dado de qué hablar a los fabricantes de información problemática, según el mencionado reporte de Linterna Verde, tras la decisión de la Corte Constitucional. Varios candidatos “definieron que el principal enemigo a combatir desde sus perfiles en Twitter, Facebook o YouTube sería el aborto seguro”. La verdad es que en torno a este tema ha habido una serie de declaraciones polémicas de varios candidatos y políticos que contribuyen a la desinformación, e incluyen ideas como la supuesta despenalización del aborto forzoso, la utilización de este método como anticonceptivo o el número de mujeres que abortan al día en Colombia, entre otros.

Tanto Jean Freddy Gutiérrez como Juan Esteban Lewin coinciden en que es probable que la desinformación aumente a medida que se acercan los comicios presidenciales, y especialmente la que busca deslegitimar a los candidatos definitivos.

‘Confunde y reinarás’: la desinformación como arma política

En este mar de datos abunda este tipo de información problemática, que puede dividirse en tres categorías: 1) información inexacta, que aunque no es sólida se suele compartir sin mala intención; 2) información malintencionada, que puede ser verdadera pero está destinada a hacer daño, como por ejemplo compartir el diagnóstico médico de un candidato para afectar sus prospectos electorales; y 3) desinformación, que es inexacta, malintencionada, tiene el potencial de hacer daño y busca influir sobre el comportamiento de los demás.

Esta última es una poderosa herramienta política con implicaciones serias. Como menciona Matthew Loveless en el artículo Fake news as an emotional weapon, ella es un arma emocional que no se limita a la publicación de instancias o historias inexactas, sino que se trata de un esfuerzo estratégico para socavar el debate político a través de la manipulación de las emociones de la audiencia con el objetivo de minar cualquier intento de acción política conjunta. La apelación a las emociones humanas busca nublar su aproximación racional a los hechos y su juicio político. Como explica a Cambio Arlene Tickner, Phd en Estudios Internacionales y profesora de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, “en general, lo que persigue la desinformación es alterar el curso de diversos fenómenos y lógicas políticas, sociales y económicas”. 

Eso significa que funciona bajo la consigna de ‘divide y reinarás’, y que quienes la distribuyen buscan aumentar la polarización para beneficiarse del caos resultante. Un ejemplo fue lo sucedido con las cadenas de WhatsApp difundidas durante el referendo del Acuerdo de Paz en 2016, y sobre las que, posteriormente, el gerente de campaña del No, Juan Carlos Vélez, reconoció en una entrevista con el diario La República, que  "estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca".

Este tipo de comunicación es muy efectiva por dos razones. La primera es que logra activar emociones fuertes como la indignación, la ira y el miedo al usar mensajes que hacen eco de las tensiones internas de la ciudadanía, por lo que aprovecha temas que generan una mayor indignación para movilizar o evitar el voto. Por esta razón, algunos de los mensajes más vendedores tienen que ver con la pérdida de la propiedad privada, el miedo al caos económico o el fracaso de las instituciones democráticas. 

Campañas que utilizan mensajes sobre la incertidumbre alrededor de la propiedad privada y el mercado laboral
Anuncios de campaña del Centro Democrático que utilizan mensajes sobre la incertidumbre alrededor de la propiedad privada y el mercado laboral. Crédito: Biblioteca Anuncios Meta  

La segunda razón tiene que ver con la expansión de internet y las redes sociales, y la falta de contrapuntos y jerarquías en la información. Como señala Matthew Loveless en su libro, ante un mar de información en el que todo el mundo puede participar en igualdad de condiciones, los consumidores se aferran a lo que saben y a lo que creen. Por eso se ha dado una creciente aparición de “silos y burbujas de información” donde disminuye la exposición a puntos de vista contrarios o diferentes. Ello reduce las posibilidades de diálogo ciudadano y aumenta la polarización.

¿Qué se puede hacer para enfrentar la desinformación?

Como explica Linterna Verde, existen incentivos que alientan el consumo de desinformación como los vacíos de conocimiento, la búsqueda de explicaciones sencillas a fenómenos complejos, la dificultad para lidiar con la incertidumbre o, incluso, la solidaridad en un intento de proteger a familiares y amigos.

Sin embargo, una de las razones que hacen difícil la lucha contra la desinformación es que ella se hace a través de más información, por lo que puede resultar difícil que las correcciones y la información verídica compitan con las emociones y creencias de las personas o modifiquen su comportamiento. 

La otra es que los productores gozan de incentivos para promover esta información y, además, en el ecosistema digital también participan actores que la magnifican y la validan para posicionarla, en muchos casos mediante métodos poco transparentes. 

Debido a que la desinformación está enfocada en sembrar divisiones, las estrategias más eficaces para combatirla dependen de la acción conjunta. Cristina Vélez, directora de Linterna Verde, afirma que una de ellas es la provisión –desde las entidades oficiales relacionadas con el proceso electoral– de información clara, precisa y consistente para evitar que haya incertidumbre o vacíos de información que lleven a la gente a consumir mensajes de dudosa procedencia. Además de fomentar el consumo de medios que cumplan criterios periodísticos para confirmar la información, es importante que la ciudadanía ejerza sanciones sociales frente a quienes mal informan, y exija una rendición de cuentas por parte de los grandes amplificadores de noticias falsas. Los influenciadores deben ser conscientes de su poder y pensar dos veces en lo que comparten y validan a través de sus cuentas. 

Además, las fuentes consultadas para este artículo resaltan la importancia del fact-checking, tanto por parte de los medios como de la ciudadanía. Colombiacheck, por ejemplo, destaca la importancia de los debunkers, que son publicaciones que se anticipan a la desinformación en las que se explica lo que quiso decir un político o personaje relevante para evitar la tergiversación de un discurso. Cabe reconocer que las plataformas de redes sociales han ido mejorando sus políticas para monitorear y etiquetar este tipo de contenidos.