2 Junio 2022

¿Cómo anda la salud mental de los médicos?

Cerca del 30 por ciento de los profesionales de la salud sufren de depresión, una tasa que duplica a la de los adultos no médicos. ¿Por qué?

Por: José A. Posada Villa, Médico Psiquiatra

El estado de salud mental de los médicos ha sido siempre un tema de gran interés entre los pacientes.

En este sentido, hay diferencias significativas entre médicos y no médicos. La máxima disparidad se registra en alcoholismo, drogadicción y trastorno depresivo. Según la American Medical Association, el 29 por ciento de los médicos informan sufrir de depresión, una tasa que duplica a la de los adultos no médicos. Estudios recientes sugieren que las tasas de síntomas de depresión y ansiedad aumentaron desde marzo de 2020. Las tasas de suicidio son también más elevadas que en la población general.

En razón a sus estudios, los médicos disponen de más información sobre los determinantes de la salud y, por sus actividades laborales, tienen más fácil acceso a atención especializada. Sin embargo, en los aspectos de salud mental, se sabe que estos factores protectores distan de ser tenidos en cuenta. Toda la información disponible sobre el abuso de medicamentos que, se supone, tienen los médicos no impide que sea un problema importante en este gremio. Tampoco las relaciones cercanas con profesionales de la salud mental valen de gran cosa, pues la evidencia disponible muestra que los médicos son particularmente propensos a negar el problema y la necesidad de recibir ayuda.

Para profundizar

El estado de salud mental en los médicos tiene relación con las exigencias cognitivas, emocionales y comportamentales propias del ejercicio profesional tales como las pérdidas dolorosas, el agotamiento emocional, el aislamiento, la falta de comunicación y los cambios en el ciclo sueño-vigilia en razón a los turnos de trabajo. Todo esto interactúa en mayor o menor medida con la personalidad previa del profesional.

Ciertos rasgos de personalidad frecuentes en los médicos como el perfeccionismo, las altas aspiraciones y el prolongado aplazamiento de las gratificaciones los hace más propensos al estrés y la depresión.

Las actividades médicas tienen la peculiaridad de constituir un trabajo realizado primordialmente con personas y no con objetos, y lograr un buen vínculo terapéutico requiere una fuerte dosis de autocontrol en todo momento. Esa actividad profesional es particularmente dura y agobiante.

Además de todo tipo de riesgos intrahospitalarios, también se enfrentan a situaciones que afectan su estado mental, generando respuestas que se pueden manifestar como miedo, fobias, conductas de evasión y síntomas de estrés y depresión, que surgen de la sobrecarga laboral, la responsabilidad y las frustraciones. A esto se suman los posibles efectos de la mala remuneración, la inestabilidad laboral, los horarios extenuantes y, en ocasiones, la cercana jubilación.

El agotamiento alcanza entre los médicos una frecuencia más alta que en la mayor parte de los profesionales. Esto es particularmente común entre los médicos generales y los psiquiatras, pero no están exentas las otras especialidades. Cuando las actividades en las instituciones de salud pierden sentido y se vuelven monótonas y aburridas –sin que pierdan sus características de gran exigencia y responsabilidad– se potencian los efectos estresantes que terminan en el llamado síndrome de desgaste profesional.

Ahora bien, en una reciente edición de la revista médica The Lancet se discute la importancia del concepto de daño moral, que se entiende como una fuerte respuesta cognitiva y emocional que puede producirse cuando se vulnera el código moral o ético de una persona. Los eventos moralmente lesivos incluyen la omisión o comisión de actos o la traición de una institución o persona de confianza en una situación de alto riesgo. El médico que trabaja con sus pacientes puede sufrir daño moral porque percibe que recibe equipos o medicamentos insuficientes e inadecuados, o cuando la organización de los servicios y la carga laboral es tal que siente que la atención ofrecida está muy por debajo de lo que normalmente consideraría como bueno.

Los eventos moralmente dañinos amenazan las creencias y la confianza profundamente arraigadas en el médico. Por supuesto, el daño moral no se considera un trastorno mental. Sin embargo, las experiencias de eventos moralmente lesivos pueden causar profundos sentimientos de vergüenza y culpa, y alteraciones en los aspectos cognitivos y de creencias ("soy un fracaso", "mi institución no se preocupa por mí"). Todo esto puede llegar a generar respuestas inadecuadas como uso indebido de medicamentos y drogas, retraimiento social o actos autodestructivos. Por supuesto, estas situaciones pueden llevar con el tiempo al desarrollo de trastornos mentales y tendencias suicidas.

Es importante tener en cuenta que con frecuencia se confunde el agotamiento característico del síndrome de desgaste profesional (“burn out”) y el síndrome de daño moral (“moral injury”) con posibles trastornos mentales, porque a veces los síntomas son similares, pero el manejo es diferente.

Es curioso que cuando la medicina ha logrado avances espectaculares que se reflejan en la calidad y cantidad de vida de la población, y podría esperarse una reacción colectiva de agradecimiento hacia ella, es cuando la imagen social del médico y otros profesionales de la salud han experimentado su mayor declive.

Ya es hora de que se reconozca que la salud mental de los médicos es responsabilidad social, estatal e institucional y que los profesionales que pasan gran parte de sus vidas cuidando a los pacientes no son inmunes a los problemas y trastornos mentales que sufren, muchas veces sin ser comprendidos, y que su cuidado mejoraría de manera sustancial la atención a los pacientes y a sus familias.