6 Marzo 2022

¿Hay una pandemia de salud mental?

La dimensión de afectaciones a la salud mental producto de la pandemia todavía no son conocidas con exactitud.

Crédito: Unsplash

La pandemia de covid-19 parece haber incrementado los casos de ansiedad y depresión. Sin embargo, la evidencia científica señala que la gran mayoría de estos casos han surgido en personas afectadas en el largo plazo y que salieron a la luz por la pandemia.

Por José A. Posada Villa, médico psiquiatra

Muchas personas han sufrido y sufren en la pandemia de covid-19. Las personas informan síntomas nuevos o antiguos de ansiedad o depresión, consumo de alcohol y drogas e ideación suicida. Todo esto ha llevado a que, muchos medios de comunicación e incluso algunos profesionales de la salud mental, declaren una “pandemia de salud mental”. De hecho, esta expresión es inadecuada, pues una pandemia de salud mental entendida en términos epidemiológicos significaría algo así como un “brote mundial de salud mental”, que dicho sea de paso, sería bienvenido. Si bien se basa en un equívoco (confundir salud mental con patología mental), el uso casual y coloquial del término “pandemia” no está justificado en este contexto.

"Si bien gran cantidad de personas han sufrido mucho, el panorama general es el de una población en su gran medida resiliente y no se puede dar carta blanca para una expansión masiva de la psicopatologización de la cotidianidad".

 


Aquellos que más están sufriendo, no han sido víctimas repentinas de un trastorno mental que apareció junto con el virus. Las investigaciones muestran que los problemas mentales surgen fundamentalmente en las personas afectadas por las vulnerabilidades y desigualdades a largo plazo y que fueron sacados a la luz por la pandemia. Aquellos que se enfrentan a la pérdida del empleo y la inseguridad financiera, personas mayores con pocos contactos sociales, trabajadores de la salud que llenan los vacíos dejados por años de desidia estatal o madres cabeza de familia en situaciones de vulnerabilidad psicosocial.

En el documento del Dane 'Salud Mental en Colombia; un análisis de los efectos de la pandemia, 2021', se analiza el estado de ánimo, la situación de trabajo y salud mental, las redes de cuidado, las actividades para sentirse mejor, el bienestar subjetivo y el suicidio entre julio 2020 y junio 2021.

"Las personas con diagnósticos psiquiátricos establecidos (p. ej., trastorno de estrés postraumático, esquizofrenia o trastorno afectivo bipolar) pueden experimentar una exacerbación grave de su cuadro clínico relacionada con la pandemia".

Esta investigación presenta información que revela cómo la preocupación y el estado de ánimo empeoró en coincidencia de los picos de la pandemia. Fueron las personas de 10 a 54 años las que manifestaron mayor proporción de sentimientos de “preocupación o nerviosismo”, “cansancio”, “soledad”, “tristeza”, “dolores de cabeza o estomacales” y “dificultad para dormir” y quienes refirieron haberse sentido solos, estresados, preocupados o deprimidos. También se observó que la situación laboral desbordada por efecto de la pandemia afectó seriamente la estabilidad emocional de las personas. Vale la pena resaltar que estos síntomas no conforman un diagnóstico psiquiátrico.

Hay razones epidemiológicas y clínicas por las que deberíamos descartar la expresión de “pandemia de salud mental”.

Por supuesto, se entiende que la intención subyacente es resaltar un aumento generalizado de síntomas emocionales durante la pandemia, lo cual es una preocupación válida. Pero a menudo surgen problemas cuando se apropian términos de otras disciplinas y se aplican a la salud mental. Y esto es más que una objeción semántica. El uso o mal uso del lenguaje puede tener efectos poderosos en las creencias y percepciones del público.

Una epidemia se refiere a un aumento, a menudo repentino, en el número de casos de una enfermedad por encima de lo que normalmente se espera en esa población en determinada área. Una pandemia se refiere a una enfermedad epidémica que se ha extendido por varios países o continentes, afectando generalmente a un gran número de personas. El término crítico aquí es enfermedad, y el asunto es que los síntomas autoinformados obtenidos de una encuesta no establecen la presencia de un trastorno mental. Muchas personas pueden experimentar el inicio o el incremento de uno o más síntomas de estrés, ansiedad o depresión, pero no cumplir con los criterios clínicos para un diagnóstico psiquiátrico. 

En muchos casos se trata de síntomas de estrés y no de ansiedad, o de duelo y tristeza profunda y no de trastorno depresivo propiamente dicho. Muchas veces son síntomas que reflejaban una desmoralización o un duelo comprensibles, y estos no son trastornos mentales. 

La diferencia entre síntomas y trastorno mental no es meramente semántica. Un diagnóstico clínico formal de un trastorno mental tiene implicaciones médicas, administrativas y legales, lo que no ocurre, por ejemplo, con síntomas de estrés, angustia o tristeza profunda que son una respuesta normal o adaptativa al impacto emocional de la pandemia. Las respuestas humanas, comprensibles en circunstancias difíciles, son muchas veces, reacciones normales ante una situación anormal.

No se trata de minimizar los desafíos de salud mental que ha planteado la pandemia de covid-19. Las personas con diagnósticos psiquiátricos establecidos (p. ej., trastorno de estrés postraumático, esquizofrenia o trastorno afectivo bipolar) pueden experimentar una exacerbación grave de su cuadro clínico relacionada con la pandemia y requerir atención inmediata o ajustes en su tratamiento. También hay pruebas sólidas de que la covid-19 puede provocar complicaciones neurológicas graves y duraderas. La atención y el tratamiento de estas personas debe ser una prioridad. 

No debería sorprender a nadie que las personas con más motivos de sufrimiento se sientan más deprimidas y ansiosas. Reformular las respuestas comprensibles a las circunstancias difíciles de la vida como "trastorno mental" tiene más que ver con los intereses profesionales y de la industria farmacéutica además de la negación política de la situación económica y social del país y en muchas ocasiones las respuestas a la angustia o el duelo no se encuentran en un diagnóstico psiquiátrico o un medicamento. 

Si bien gran cantidad de personas han sufrido mucho, el panorama general es el de una población en su gran medida resiliente y no se puede dar carta blanca para una expansión masiva de la psicopatologización de la cotidianidad.

Según los expertos, ¿qué se ha aprendido para prevenir y superar las pandemias?

Definir claramente los objetivos de protección colectiva de la vida y la salud y hacer una visión del futuro deseable.

Dar paso a una ciencia integradora transdisciplinar. Una herramienta para la razón y el pensamiento sistémico efectivo y la teoría de redes que determinen las causas, los posibles cursos y cómo lograr el resultado deseado.

Optimismo, confianza, compasión, empatía y altruismo para prevenir el miedo, el pánico, la desconfianza y las teorías de la conspiración.

Una nueva narrativa que facilite relaciones sociales efectivas para mantener a la gente bien informada y que las políticas se basen en evidencia científica.

Una ética cohesiva del pluralismo que defina qué son virtudes y valores buenos y deseables, así como qué es malo (de qué escapar). Una ética del deber asociada a los derechos.