1 Abril 2022

Los electrochoques ya no son como antes

Las imágenes e historias de terror divulgadas en cine y televisión sobre los electrochoques fueron ciertas. Sin embargo, ninguna de ellas se asemeja al procedimiento médico en la actualidad.

Crédito: Wil Huertas

Después del pavor que causaron a mediados del siglo pasado los pulsos eléctricos en el cerebro, se han perfeccionado hasta ser altamente efectivos en el tratamiento de casos difíciles de depresión y trastorno bipolar, incluso con ideación suicida y catatonía. Hoy, esta terapia está incluida en el plan básico de salud de los colombianos.

Por: Sara Castillejo Ditta

Nathalia Pérez Roldán recibió pulsos eléctricos en el cerebro durante tres semanas seguidas, un día sí y otro no. Su diagnóstico era depresión recurrente sin síntomas psicóticos, y llevaba cuatro años intentando tratamientos, sin mejoría. La decisión de someterla a la electricidad fue de su familia, pues ella misma estaba tan sumida en la enfermedad que ni siquiera opinó. Aquello fue en 2017 y, hasta hoy, Pérez no recuerda nada de las primeras sesiones.

No recuerda la aguja de la inyección en el brazo, ni cuando le canalizaron una vena, ni cuando le pusieron la careta de oxígeno. No recuerda cuando le conectaron los electrodos en la cabeza, ni los ocho segundos que duró la descarga de aproximadamente 90 julios emitida por la máquina Thymatron, ni los siguientes 21, 25 o 35 segundos durante los cuales su cerebro convulsionó. No recuerda nada de eso que, sin embargo, sabe que sucedió.

Lo que sí recuerda es su estado de depresión de entonces. “Yo decía: si siempre me voy a sentir como me siento, no quiero estar en este mundo”. Los pulsos eléctricos fueron un antes y un después en su enfermedad. “Sin querer parecer melodramática, esa terapia me regresó la esperanza que yo ya había perdido”.
 

Nathalia Pérez
Nathalia Pérez Roldán recibió 20 sesiones de terapia electroconvulsiva en total. Ella está segura de que los pacientes necesitan mucha ayuda de su familia mientras se someten al procedimiento. "Quizás el miedo es dejar de vivir esas dos semanas de tratamiento pero, si yo les pudiera decir, mi sensación es que yo no viví durante años enteros, por la enfermedad". Aquí, una selfi de Nathalia en la actualidad. Foto: Cortesía.

Nathalia Pérez tiene hoy 32 años, se dedica a la ingeniería electrónica y fue paciente de la denominada Terapia Electroconvulsiva con Anestesia y Relajación (Tecar). “Si una persona que no me conoció antes me conoce ahora, nunca, nunca, nunca va a pensar que yo pasé por un Tecar. Te lo garantizo”.

La transformación de un abominable

Para el psiquiatra Milton Murillo, quien ejerce en la Clínica de Nuestra Señora de la Paz, de Bogotá, la terapia electroconvulsiva tiene una mala fama, que no es gratuita. Esto se debe a las indelebles imágenes e historias ampliamente divulgadas de los primeros experimentos. “Al principio se hacía con el paciente despierto y de manera indiscriminada para cualquier tipo de síntomas psiquiátricos”. En efecto, la Terapia Electroconvulsiva (Tec) trascendió como una forma de tortura, ‘electrochoques’ para doblegar enfermos mentales ‘molestos’ o un método para forzar el cambio de conducta. 

Por eso, a pesar de haber sido descubierta a principios del siglo XX, su práctica se desestimó a la vez que empezaron a recetarse fármacos psiquiátricos como la clorpromazina, en 1950. No obstante, la investigación de los electrochoques avanzó, dado que era una terapia tan brutal como eficaz en el tratamiento de ciertas enfermedades mentales

Yahira Guzmán es psiquiatra en la Clínica Universidad de La Sabana, directora de profesores de investigación de la Facultad de Medicina y miembro de la Asociación Colombiana de Psiquiatría (ACP). La doctora, que se ha formado para este procedimiento en Uruguay y Estados Unidos, narra cómo las terapias de electrochoques se perfeccionaron a partir de la observación de un animal.

“El pez torpedo produce una descarga eléctrica para defenderse o para cazar. En ocasiones, mata a la presa, pero en otras, la misma presa como que se reanima con la descarga”. Entonces, la idea de que sí había una forma en la que la electricidad producía beneficios para los seres vivos, bajo ciertas condiciones, tomó fuerza. 

Explicadas llanamente, estas condiciones se tradujeron en la introducción de la anestesia general y el relajamiento muscular a la terapia electroconvulsiva. Esto cambió la sigla ‘Tec’ por ‘Tecar’. Además, la actualización de las máquinas y la especificidad de los diagnósticos permiten modular los pulsos eléctricos a las necesidades y al cuerpo de cada paciente. Hoy, cada sesión de Tecar comprende una única descarga y se prepara en el quirófano como una cirugía ambulatoria. 

Electrochoques
Los psiquiatras que practican hoy la Tecar no estarían dispuestos a hacerla en el modo antiguo. La doctora Guzmán dice que "no me cabe en la cabeza hacer el procedimiento sin anestesia y relajación". Para Murillo, esto sería una tragedia y podría dar pie a un proceso penal por negligencia médica. Crédito: Wil Huertas.

“Imagínate un paciente que entra a sala de cirugía como a cualquier procedimiento quirúrgico –describe la psiquiatra Guzmán–. Él siente cuando le ponen la aguja para aplicarle el medicamento, y ya; no siente nada hasta que se despierta, cinco minutos después”. Durante la descarga, el paciente está dormido y químicamente relajado, no se mueve. 

La Tecar es hoy un procedimiento médico avalado por el Ministerio de Salud y está incluido en el Plan Básico de Salud de los colombianos. La doctora Guzmán recibe en su consultorio de La Sabana entre seis y ocho pacientes para electroconvulsiones cada jornada. El doctor Murillo, de la Clínica de La Paz, dice que allí es uno de los recursos más importantes para pacientes de condiciones difíciles. Nathalia Pérez, paciente agradecida, se practicó su terapia en la Clínica Universitaria Bolivariana de Medellín, donde otros centros médicos la ofrecen tres días a la semana. 

"Los psiquiatras no sabemos comunicarnos con los pacientes en general y, por eso, se quedó en el imaginario de la gente el ‘electroshock’ maluco”.

Sobre por qué continúa el estigma, el psiquiatra Murillo añade que los avances en este procedimiento se volvieron un tema exclusivo de psiquiatras y académicos. “Ese es el gran problema, que no sabemos comunicarnos con los pacientes en general y, por eso, se quedó en el imaginario de la gente el ‘electroshock’ maluco”.

Del hueco a la superficie

El psiquiatra independiente Rommel Andrade explica que la Tecar no es en ningún caso la primera opción de ningún paciente. “Lo primero son los medicamentos y la psicoterapia”, explica. Cuando los medicamentos y tratamientos de primera línea no dan resultado en el tiempo, o cuando el riesgo para la vida del paciente es inminente, la Tecar entra en la paleta de posibilidades. 

El Ministerio de Salud, en su guía de prevención de la conducta suicida, lo recomienda incluso en niños y adolescentes, siempre en manos de un equipo de profesionales completo (psiquiatra, anestesiólogo y auxiliar de enfermería). 

La Tecar no es en ningún caso la primera opción de ningún paciente.

La doctora Guzmán advierte que la efectividad es alta solo si el paciente tiene de base un diagnóstico como trastorno depresivo mayor. Ella lista los casos en los que se indica la Tecar, según las guías internacionales: “Depresión recurrente, refractaria, de difícil manejo; síntomas psicóticos, que tenga riesgo suicida. Pacientes con trastorno afectivo bipolar de difícil manejo, que ya le hayan hecho varios intentos farmacológicos y estos hayan fallado. Algunos pacientes con esquizofrenia, que tienen síntomas psicóticos muy productivos: mucha alucinación, mucho delirio y pacientes catatónicos”. En eso se basa, incluso, para devolver a los pacientes cuando los psiquiatras los mandan a electroconvulsiones sin un diagnóstico claro.

Además, esta terapia solo se indica en momentos de crisis para, en palabras de Guzmán, “sacar al paciente del hueco a la superficie”. 

Ana Morelia Madrid sufre de depresión profunda y prolongada. En sus 68 años, ella ha vivido tres crisis agudas. Salió de dos de ellas gracias a las electroconvulsiones. Una fue en 2016. Llevaba dos años bajo medicación cuando se sometió a la terapia, en Bogotá. Cuenta que le explicaron el procedimiento y ella aceptó porque “uno está dispuesto a hacer cualquier cosa para aliviarse”. A la tercera sesión, recuerda, “le dije a la doctora que yo ya estaba bien”

Luego de las electroconvulsiones, Madrid volvió a arreglarse, a comer, a salir, a llamar a sus amigas. Su depresión de base, entonces, se siguió tratando de manera tradicional, con psicoterapia y medicamentos.

La mujer estuvo bien desde entonces hasta el año pasado, cuando recayó. En noviembre reanudó la Tecar y le hicieron 12 sesiones, el doble de la vez anterior. “Estaba muy angustiada, pero, al día siguiente de la última sesión, amanecí aliviada como por arte de magia”, cuenta. Aún toma medicamentos para relajarse y para dormir, pero se siente bien. Se ríe al teléfono, habla con desparpajo y no deja de ir a consulta ni a controles. 

Ana Morelia Madrid
Ana Morelia Madrid llegó a la terapia electroconvulsiva en Bogotá por recomendación de una de sus hijas, que vio el procedimiento en la televisión. Dice que hoy da gracias "a Dios, a la doctora y a la ciencia". Aquí está ella en un viaje reciente. Foto: Cortesía. 

Su caso ilustra cómo la terapia no es una alternativa a la medicación, sino una medida de choque, desesperada. Nathalia Pérez lo explica así: “Si ya han hecho otras cosas y realmente sienten que no llegan, que no funcionan y que ya no hay nada más por hacer, siempre está el Tecar”.

¿Por qué funciona y qué puede salir mal?

“Los medicamentos psiquiátricos –explica la doctora Guzmán– tienen que hacer todo el paso por el sistema nervioso circulatorio y llegar al sistema nervioso central. Un antidepresivo tarda unas seis semanas, más o menos, en convertirse de químico a eléctrico”. 

Las electroconvulsiones son una vía inmediata y biológica para conseguir el mismo resultado de los fármacos.

Sí, las pastillas también se vuelven electricidad. Las electroconvulsiones son una vía inmediata y biológica para conseguir el mismo resultado de los fármacos. Por eso se practica cuando aquellos fallan. Al ser una inyección de electricidad directa, la Tecar no tiene los efectos secundarios de los medicamentos. De hecho, está recomendada para mujeres embarazadas con enfermedad mental grave, porque no tiene riesgo de causarle malformaciones congénitas al feto.

No obstante, la Tecar sí implica otros peligros. “Mientras que los medicamentos pueden producir gastritis, alteración hepática o renal –añade la doctora Guzmán– los efectos adversos de la Tecar tienen que ver mucho más con la memoria, con la anestesia general”.

La alteración a la memoria es recurrente y está descrita desde la primera sesión. Se pueden olvidar hechos cercanos a la terapia, como la incapacidad de Nathalia Pérez de recordar sus primeras sesiones, pero también cosas más lejanas en el pasado. La misma Pérez olvidó sucesos alrededor de un “cumpleaños épico de la abuela”, que pudo recuperar tiempo después mirando fotografías. Ana Morelia Madrid, en cambio, dice que hay sucesos pasados que no va a volver a recordar a pesar de que le muestren imágenes

Ninguna de las dos perdió parte de su personalidad, conocimientos o capacidades cognitivas con la Tecar y ambas se ríen con la pregunta. Tampoco olvidaron personas o detalles propios. 

La Tecar redujo mucho la pérdida de memoria que se daba con el Tec (sin anestesia ni relajación). Sin embargo, trajo también los riesgos propios de los procedimientos en los que se utiliza la anestesia general: el paciente deja de respirar por sí mismo y el anestesiólogo lo ventila con una bomba de oxígeno durante los tres a cinco minutos que dura la sesión. Los efectos de esta anestesia son diferentes para cada persona, pero siempre que se utiliza existe riesgo de morir; en este caso, según explica la psiquiatra, es de 1 sobre 100.000. 

No se han encontrado registros de personas que hayan muerto en Colombia con este tratamiento. En enero pasado, un paciente psiquiátrico sí falleció tras varios corrientazos eléctricos producidos por un Taser con el que agentes de la Policía, en Tolima, intentaban “reducirlo” para trasladarlo al hospital mental en medio de una crisis. La electricidad fuera del contexto médico y profesional sigue siendo peligrosa. También lo es someterse al Tec, a secas, aunque fuentes del área de la psiquiatría señalaron a Cambio que hay por lo menos tres o cuatro sitios en Colombia donde hacen Tecar sin anestesia, dentro de las unidades de salud mental.

La historia de los electrochoques es atropellada y sin duda la Terapia Electroconvulsiva con Anestesia y Relajación (Tecar) es solo un hito más de todos los que aún faltan. En el mundo están investigando cosas aún más "descabelladas", como la estimulación profunda cerebral, que promete soluciones eléctricas más allá de las enfermedades mentales. 

El punto es llenar los vacíos con información actualizada y decidir en franca libertad qué tipo de tratamiento es el indicado.