20 Enero 2023

‘Casablanca’ cumple 80 años y se mantiene actual, rutilante y encantadora

Considerada a veces como la mejor película de la historia, 'Casablanca' ha logrado atrapar y deslumbrar a varias generaciones. Desde cinéfilos consumados hasta espectadores han caído ante el embrujo de esta cinta que protagonizaron Ingrid Berman, Humphrey Bogart y Paul Henreid.

Por Gustavo Valencia Patiño
El 23 de enero de 1943, hace 80 años, se estrenó para el gran público esta mítica película. Semanas antes, a finales de noviembre de 1942, se había realizado una función privada que coincidía con el desembarco de las tropas aliadas en la costa norte de África y la captura de la ciudad de Casablanca. Su exhibición comercial en cines se hizo coincidir para más tarde, 23 de enero del año siguiente, en que se realizaba un encuentro de alto nivel entre Churchill y Roosevelt en esta misma ciudad. Es decir, su concepción, producción, filmación y exhibición estuvo siempre en función de la Segunda Guerra Mundial; ha sido este su aspecto más determinante y como tal ha continuado hasta la fecha, ¡ocho décadas después!
Valorada como una de las mejores películas hasta ahora realizadas, el American Film Institute para la conmemoración de los cien años del cine, publicó una lista de las cien mejores películas del cine estadounidense, el primer puesto lo obtuvo El ciudadano Kane de Orson Welles y el segundo fue para Casablanca. Al respecto siempre se ha dicho que mientras que El ciudadano Kane es monumental, Casablanca es adorable y esta acertada caracterización explica el por qué es tan popular, además de que lo emocional y sentimental es su característica principal, que la conserva tan atractiva a los ojos de los millones que la han visto.
Nominada para ocho premios Óscar, ganó el de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado. En 2006 la sección oeste de la Asociación de guionistas de cine y televisión estadounidense, eligió su guion como el mejor de todos los tiempos en su lista de “Los 101 mejores guiones”. El hecho mismo de haber ganado tres premios Óscar y de ir adquiriendo, paulatinamente, una gran popularidad, creciente con el transcurso de los años, formula la primer pregunta sobre qué la constituye y conforma para que haya logrado este altísimo punto de difusión y valoración como ninguna otra.

Hay que recordar que en esos años estaba en plena vigencia el Código Hays, con sus estrictas normas de censura, una de ellas contra el adulterio, que no permitía hablar del tema y mucho menos admitirlo.


Que esto haya sucedido solo se explica por la conjunción que se dio de diversos factores fílmicos como extracinematográficos. Entre estos últimos, los de carácter político que, como ya se dijo, enmarcan a la película, su temática y relato. En el argumento se destaca el acto heroico del hombre que renuncia a su antiguo amor y deja que se vaya con el líder de la resistencia contra los nazis.
Humphrey Bogart, en su acostumbrado papel de escéptico y desencantado del mundo, en el último momento de la narración decide dejar que se vaya la hermosa Ingrid Bergman con su marido para continuar la lucha. Es decir, se sacrifica como un acto más a favor de la batalla contra la tiranía del invasor. Romanticismo y compromiso político en su mayor exaltación. En ese sentido es su punto más alto y sublime del dilema que se le presentaba y es el final más apropiado para apoyar una causa que en dicho momento pasaba a ser mundial.
Hay que recordar que en esos años estaba en plena vigencia el Código Hays, con sus estrictas normas de censura, una de ellas contra el adulterio, que no permitía hablar del tema y mucho menos admitirlo. El final necesariamente conducía a que fuera así, sin ninguna apología del adulterio o de destruir un lazo matrimonial. Igual se contempló otro epílogo (dentro de aquella ya vieja costumbre en Hollywood de barajar diversas terminaciones y presentar la más indicada) en el que los nazis asesinaban a este líder de la resistencia. Pero entonces todo perdía su fuerza emocional y combativa, la cual solo se lograba con el final que se dejó y, de paso, se evitaban justificaciones a la infidelidad.
De hecho, hubo oposición de los censores a que el capitán de Casablanca solicitara favores sexuales a cambio de salvoconductos y de que la pareja de protagonistas hubiera dormido juntos en París, por lo que se presentaron estos aspectos de manera implícita y algo disimulada. Al igual que en la secuencia de la última noche en que la Ingrid Bergman va a la casa de Humphrey Bogart y finalmente, renuevan su amor; lo que sucedió quedó insinuado. Era la forma que habían aprendido guionistas y directores de capotear este mojigato y coercitivo código de censura.

Era una época en que todos, no solamente directores y guionistas, sino también productores y equipo técnico estaban preparados y orientados para que la puesta en escena y su filmación les permitiera hablar con la imagen.


El trasfondo geopolítico en el que se desenvuelve la acción es la ciudad de Casablanca, en aquel entonces bajo el protectorado de la Francia de Vichy, o sea, la Francia ocupada por los nazis, en donde entre otras estaba prohibido cantar el himno francés. Cuando en un determinado punto de la película, al canto que entonan los alemanes se contrapone el de La marsellesa, que la gran mayoría canta, casi todos actores franceses en el exilio, esto permite que su puesta en escena sea tan emotiva, patriótica y antinazi, captada en diversos planos y enfoques, logrando una carga emocional y política que en ese momento significaba mucho y con el paso del tiempo cada vez más, aunque ahora sea más ideológica y un recuerdo político de aquella época. Esta larga secuencia es la otra más importante y memorable del film, después, claro está, de la famosa del final, tan recordada por todos sus seguidores.
Otro de los factores para tener en cuenta es el de su filmación como tal y el papel de su director, el húngaro Michael Curtiz. La película producida por la Warner Bros, se filmó toda en sus estudios, excepto la escena del avión de la secuencia final, que se rodó en el aeropuerto metropolitano de Los Ángeles. Era una época en que todos, no solamente directores y guionistas, sino también productores y equipo técnico estaban preparados y orientados para que la puesta en escena y su filmación les permitiera hablar con la imagen. Es decir, con el movimiento de cámara y el uso de planos y enfoques, de tal forma que lo visual predominaba en cualquier película, algo que dejó de suceder hace mucho tiempo.
Bajo la conducción de un veterano director como Curtiz, lo impactante de esta realización es que, secuencia a secuencia, todo se exprese con la imagen. En cine la dramaturgia es visual o por lo menos bajo ese concepto se filmaba en ese entonces. Ahora se cree, muy equivocadamente, que la dramaturgia reside en el guion. Esa riqueza visual es otro de los puntos centrales que hacen tan especial esta película, un aspecto al que no se le otorga mucha atención pero que resulta fundamental en la consolidación del impacto emocional de Casablanca.
Solo basta citar un ejemplo de rodaje y puesta en escena hecho en estudio. Es la secuencia en que Humphrey Bogart espera en París en la estación de tren a una Ingrid Bergman que no va a llegar. Llueve a cántaros y hay mucha gente. Esto supone la puesta en escena y el manejo de extras, pero también estudiados movimientos de cámara, angulación y enfoque para representar y evocar una atiborrada estación. Allí recibe la carta que le envía la Bergman en que le dice que no va a llegar a la cita y que se vaya solo; así se sube a un “vagón” y se va, incluso sale humo y vapor del “tren” que se pone en movimiento y se oye el arranque de locomotora y su pitido. Todo filmado en un estudio de tal forma que parezca un exterior filmado en una estación de tren. Ese era el nivel de maestría al que habían llegado escenógrafos, utileros y demás técnicos en ambientación y puesta en escena, además de luminotécnicos y camarógrafos.
 

¿Cómo se ve actualmente Casablanca 80 años después de su estreno? Lo primero que resalta es una dramaturgia muy distinta como la puesta en escena, además de ser en blanco y negro, algo que ya no gusta y genera rechazo por parte de la mayoría del público. Sin embargo, su estructura narrativa y su realización anuncian lo que va a ser unos años después el llamado cine moderno y contemporáneo. La variedad de planos y movimientos de cámara contrastan con lo que ahora se acostumbra, que es casi lo opuesto. Ahora en cine solo se utilizan planos fijos, como en cualquier telenovela. No hay movimiento de cámara, que es lo que genera el espacio cinematográfico.
El argumento como tal, algo novelesco, sigue gustando, pues el melodrama, intensificado por la televisión, se mantiene muy vivo. Para unas generaciones románticas la película siempre ha encontrado millones de seguidores. No se sabe si para estas nuevas, tan frías y desapegadas de lo personal y del contacto físico y social, en el extremo individualismo de lo virtual, posean ese halo romántico que les permita apreciar y conservar este tipo de películas, o para ellos solo se imponen los superhéroes de Marvel.