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Sábado 4 de Abril de 2026
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Daniel Samper Pizano

GALIMATÍAS ELECTORAL

Me disculpo ante la Registraduría del Estado Civil, ante el señor registrador, ante el Consejo Nacional Electoral, ante los diversos grupos políticos, ante el gobierno nacional, ante los candidatos que se presentan a las elecciones, ante las autoridades civiles y militares, ante la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado, ante el honorable cuerpo diplomático, ante el señor arzobispo de Bogotá, la Cruz Roja y el señor alcalde mayor de la ciudad: me disculpo, digo, porque tengo la impresión de que el pueblo colombiano ha sido convidado a votar en una de las elecciones más enredadas del mundo.

De veras, ¿de dónde salió este sudoku infernal, este crucigrama sin pistas, este damero de nombres, cuadritos, letras y números que tendremos que resolver hoy los ciudadanos para cumplir con los derechos y deberes cívicos? 

He seguido, primero con interés, luego con desazón y finalmente con angustia, las instrucciones que imparten por prensa, radio, televisión, redes y tableros de pizarra los funcionarios, políticos y periodistas para enseñarnos a manejar el indescifrable tarjetón. Y confieso que cada vez me siento más perdido. Es el único sistema en que el voto en blanco no es en blanco sino que lleva marcas (o al menos así parecería). En que los rostros de los candidatos no encajan en sus nichos porque fueron desplazados por guarismos. En que ciertos errores sacrifican al candidato pero favorecen al grupo político que fue incapaz de instruir a sus seguidores sobre la ciencia de elegir. En que habrá una asistencia dispuesta a guiar su tránsito por el laberinto, aunque en este paso peligra la confidencia del voto. Es un galimatías que ha devorado miles de millones de pesos en imprimir hojas de coaliciones que solo pueden suministrarse a quienes las soliciten. El que no pide no sabe y el que no sabe no vota.

Si a la enseñanza del turco se hubiera dedicado la mitad del tiempo que han ocupado las lecciones de votología, todos veríamos las telenovelas procedentes de Estambul sin subtítulos. En cierto sentido, sin embargo, son estos los comicios más democráticos de nuestra historia, pues siembran confusión sin distingos de convicciones políticas, sexo, raza, edad, origen social, estatus económico ni credo religioso. Para atascar más el ovillo, el presidente se ha dedicado a diseminar dudas que rebajan la credibilidad del sistema. Sospecho que él tampoco logra entender a cabalidad el procedimiento y prefiere ensuciar el agua que todos tomamos. 

Cumplo, como en anteriores jornadas electorales, con mi deber de revelar a los lectores por quiénes votaré. Esto es, si logró acertar con la urna y la papeleta que me corresponden.

Para el Senado, por Jorge Enrique Robledo, implacable fiscal desde su curul en el Capitolio, corporación a la cual aspira a volver (No. 10 de coalición MIRA, Nuevo Liberalismo y Dignidad y Compromiso). Y para la Cámara, por Julia Miranda (No. 101 del Nuevo Liberalismo), quien —me consta— desde hace años trabaja por el medio ambiente y colabora en la denuncia de los abusadores de la naturaleza.

La paz del autócrata

El plutócrata desquiciado a quien la política venezolana María Corina Machado y el presidente de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol) coronaron de manera obsecuente como rey universal de la paz acaba de emprender otra guerra. La nueva arremetida bélica de Donald Trump incluye romper relaciones comerciales con España por no obedecer sus órdenes. 

Esta vez sus aliados son los algoritmos. Explican los expertos que la Inteligencia Artificial es más veloz que la natural en el análisis de complejas situaciones bélicas (batallas, bombardeos, guerras) y en la toma de decisiones. El ser humano retarda el proceso. Esa pausa permite aportar sentimientos y consideraciones culturales de los que carece la IA. Pero al mismo tiempo toda tardanza constituye una ventaja para el enemigo (Julian E. Barnes, especialista de The New York Times).

En medio del panorama aparecen tropiezos añadidos: el desequilibrio mental del presidente gringo, del que se habla cada vez más, y el enorme riesgo que ofrece alimentar mandatarios ajenos al control institucional. Como ocurre con todo autócrata, Trump se pasa por la peluca las obligaciones y límites que fijan las leyes internacionales y la Constitución de Estados Unidos. Aunque la Carta lo prohíbe, declara guerras sin consulta previa con el Parlamento. Ni la de Gaza ni la de Irán pasaron antes por el Capitolio.

Es bueno tener en cuenta este ejemplo cuando se empieza a proponer en Colombia una nueva Constitución que consagra a un jefe del ejecutivo con vocación omnímoda y autoritaria al que se brindan atajos para burlar la vigilancia del Congreso y la justicia. 

ESQUIRLA. A quienes me preguntan por el reciente espectáculo de cierre del Festival Hay en homenaje al porro les informo que se consigue en YouTube con el siguiente título: “Rafael Pérez Alviz en conversación con Daniel Samper Pizano | Hay Festival Cartagena y Acorbanda” Amén.

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