Daniel Samper Pizano
18 Junio 2023 03:06 am

Daniel Samper Pizano

CABALLEROS SINVERGÜENZAS

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Lo apodaban el Caballero, con la misma lógica con que habrían llamado a un cacique caníbal el Vegetariano. Pero Silvio Berlusconi, el político italiano que acaba de morir a los 86 años y recibió entierro digno de una emperatriz, no era un caballero. Era un sinvergüenza. Además, un sinvergüenza histórico, que dejó huella lamentable en la política de su país y del mundo.

Los gérmenes populistas y reaccionarios que dominan hoy a muchas sociedades; la destrucción de la ideología para convertir en espectáculo el escenario político; el imperio del cinismo sonriente; el arrasador acceso de magnates capitalistas que se apoderan de todos los poderes; la burla constante de la ley a modo de juego travieso y el impulso a los instintos sociales más retrógrados son producto del berlusconismo. Su avance no se limita a Italia sino que se extiende a otros países, entre ellos Estados Unidos. 

El mismo día en que miles de ciudadanos sepultaban el muñeco de cera en que se había convertido, aún en vida, este simpático cantante de tangos ascendido a caudillo, entraba a un juzgado de Miami Donald Trump a responder por treinta y siete delitos. No es una coincidencia. Alguien ha llamado a este gringo rudo y antipático de color zanahoria “el mejor alumno” de Berlusconi. Y alguien más ha dicho que sin el ejemplo de la dilatada carrera política del exparlamentario milanés no se habrían propagado otras metástasis del populismo plutocrático, como el dictador ruso Vladimir Putin, el semidictador húngaro Viktor Orban, el pastiche argentino Carlos Menem, el fascistoide brasileño Jair Bolsonaro, los gemelos polacos y Meloni & Salvini, el dueto cavernario que gobierna a Italia.

En Colombia soplan a veces aires de ese ventilador, como el vulgar y corrupto exalcalde de Bucaramanga que, por un puñado de votos, nos salvamos de estar padeciendo ahora.

Berlusconi fue aquel sujeto al que nadie en su parche del bar o su barra del estadio creería que puede ser presidente, y llega a serlo. Su fórmula: acumular un capital (incluso en forma poco clara); deslumbrar con sus haberes (desde sus bienes hasta sus mujeres, tan cosificadas como sus bienes); acercarse a los gustos populares (el deporte, en particular); contar con un equipo de abogados bien pagados y no excesivamente escrupulosos; hacerse a un lugar en los medios de comunicación y, entonces sí, blindado por todos los flancos, asaltar el mundo de la política. 

Berlusconi llegó muy lejos con su receta. El escritor italiano Antonio Scurati escribió que signore Silvio ha sido “el italiano más influyente de la segunda mitad del siglo XX” y “el hombre que más influyó en las costumbres, los valores y representaciones colectivas de un pueblo”. Añadió el columnista Íñigo Domínguez que tenía “el mismo universo moral que una piedra pómez”. Su filosofía era la de la cigarra derrochadora, ¿la recuerdan?: la incitación constante a una deliciosa irresponsabilidad, vamos a gozar que luego veremos cómo pagar, todo se compra y todo se vende, viva la vida...

El resultado de semejante espejismo cautivador salta a la vista: carnaval en lugar de democracia, radicalización, rechazo cada vez mayor a los inmigrantes (el miércoles se ahogaron ochenta africanos en el Mediterráneo...).

Berlusconi, como vengo diciendo, abrió las compuertas de un mundo nuevo consumista e insolidario con sus cataratas de televisión, su fútbol de estrellas, su hedonismo, su desprecio por la ley, su negacionismo de la catástrofe ecológica. Trump —el delincuente al que la Justicia de su país podría condenar pero no negarle la presidencia— representa otra vuelta de tuerca. 

He encontrado más de veinte características comunes de los dos. A saber:

Poderosos en dinero 
Potentes en política
Fundadores de partidos
Derechistas extremos
Nepotistas
Mentirosos
Niegan las alertas de la ciencia
Orgullosos violadores de la ley
Manipuladores de la religión
Evasores de impuestos
Alta popularidad 
Vanidosos 
Abusadores de mujeres
Múltiples matrimonios con mujeres cada vez más jóvenes
Explotadores capitalistas del deporte (fútbol, golf...)
Costosos y a veces sospechosos abogados
Creadores de empresas y de empleo
Humoristas de pésimo gusto
Arrogantes
Ignorantes
Adoradores de Vladimir Putin
Cínicos
Amistades peligrosas (diversas mafias)
Profundamente cursis
Pertinaces
Aversión por los pobres, y más si son extranjeros
Falsos patriotas 

Por simple curiosidad y ánimo juguetón, el lector está invitado a aplicar estas características de Berlustrump a los políticos colombianos. En mis cuentas, algunos rondan los quince puntos en la tabla de caballeros sinvergüenzas.

El fundador de Forza Nuova ha muerto. Pero, como lo temía en 2010 uno de sus más ácidos críticos, el escritor Umberto Eco (q.e.p.d.), el sistema de Berlusconi “irradia más allá de las fronteras de Italia” y podría delinear los gobiernos de las próximas décadas. Unos regímenes “populista-democráticos” de derecha encabezados por un líder a quien todo se le tolera y casi todo se le celebra.

ESQUIRLAS. 1. La frase más encantadora y sabia que se ha pronunciado en Colombia en los últimos meses salió de los labios famélicos de Tien Noriel Ronoque Mucutuy, el niño de cuatro años que anduvo extraviado en la selva con sus hermanos. Cuando lo encontraron, flaco y desnutrido, los guardias indígenas le preguntaron qué querría comer: “Fariña —respondió Tien—. Fariña con chorizo”. Sí, señor: como ofrece la tradición aborigen, harina de mandioca para quitar el hambre. Pero, para crecer, que no falte la proteína del chorizo. Vox populi. 2. Con la mano en el corazón, ¿ustedes creen que con el fiscal Barbosa, que ha empleado lenguaje de pasquín para insultar al presidente, este gobierno puede esperar alguna investigación imparcial?
 

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