Enrique Santos Calderón
16 Abril 2023

Enrique Santos Calderón

DIFAMACIÓN Y DINERO

La Fiscalía archivó esta semana a favor de Álvaro Uribe el proceso que por injuria y calumnia agravada le entabló el periodista Daniel Coronell cuando en 2017 el expresidente lo acusó de tener vínculos con el narcotráfico. La decisión se tomó luego de que Uribe se rectificara en un mensaje que Coronell calificó de “trino de medianoche” y no aceptó. Solicita además resarcimiento económico para donar el dinero a las Madres de Soacha.
 
  El pleito ha sido largo y ruidoso y nada garantiza que esta decisión del fiscal delegado ante la Corte Suprema, ni la citación de ambos mañana a una ilusa diligencia de conciliación, le ponga punto final. Por el contrario, promete agitarse aún más, como lo sugiere la fuerte polémica en días pasados en La W entre el abogado de Uribe, el penalista Jaime Lombana, y Coronell, quien llegó de Estados Unidos para estar presente en la audiencia tras precisar que no es de conciliación sino de formulación de cargos contra Uribe.  
 
   Si la memoria no me falla, esta querella arrancó hace unos veinte años con las denuncias sobre el narcohelicóptero de Tranquilandia y la revelación de que el padre de Álvaro Uribe, Alberto Uribe Sierra (fallecido en 1983), había sido uno de sus propietarios y tenido vínculos con el clan de los Ochoa del Cartel de Medellín, entre otros temas calientes de la época. Como los seguimientos ilegales a miembros de la Corte Suprema, los escándalos de Yidis y Teodolindo, las campañas de desprestigio contra investigadores del paramilitarismo y críticos del gobierno, la manipulación de testigos y el caso Monsalve... En todos estos tópicos Daniel Coronell se destacó siempre por sus denuncias e investigaciones desde el noticiero NTC o la revista Semana.      
 
   Pero no creo le vaya a ir bien en los estrados judiciales. No recuerdo en la historia reciente de este país sanción judicial o pecuniaria significativa por casos de calumnia, injuria o difamación. El código penal contempla prisión de uno a tres años y multas hasta de mil salarios mínimos, pero ha sido letra muerta. Nunca se ha aplicado y tal vez es mejor que así sea ante su posible abuso en manos de jueces o gobernantes arbitrarios. En este campo la acción de tutela sí ha tenido éxitos: se logran rectificaciones rápidas en comparación con eternas demandas por calumnia, imposibles de ganar.
 
   Un juez ordenó hace poco a Uribe que rectificara la calumnia de que Daniel Samper Ospina era un violador de niños. Uno de muchos ejemplos de la virulencia y estigmatización (“guerrilleros”, “violadores”, “narcotraficantes”) con las que Uribe ha solido responder a sus críticos. Y está bien que la justicia lo llame al orden o lo conmine a rectificar cuando miente o se excede, aunque es poco probable que sufra las penalidades que espera Daniel Coronell.

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      Y en esto de prensa, difamación y verdad hay que mirar al norte para ver como por allá el asunto no es solo de honor o reputación, sino sobre todo de dinero. De mucho dinero.
  El que le puede costar al magnate de las comunicaciones, dueño del emporio Fox, el detestable Rupert Murdoch, la doble demanda por difamación que hoy enfrenta por la asombrosa cifra de 4.3 billones de dólares.
 
Como es bien sabido Fox News promovió la mentira de que a Trump le robaron la presidencia mediante un sofisticado fraude electoral con la complicidad de las empresas tecnológicas Smartmatic y Dominion VotingSystems contratadas por el Partido Demócrata de Joe Biden. Las dos compañías se declararon difamadas, entablaron demandas por 1.6 y 2.7 billones respectivamente y el primer proceso se inicia el mes entrante en un juzgado de Delaware. Tampoco allá es fácil ganar una demanda de estas porque hay que probar que el medio actuó con “deliberada malicia”, a sabiendas de que la información era falsa y sin esforzarse por establecer su veracidad.
 
   En su pleito contra Murdoch, aún activo a los 90 años, los demandantes alegan que su cadena faltó a la verdad a ciencia y conciencia para complacer a su inmensa audiencia trumpista que no aceptaba la derrota de su candidato y estaba furiosa —como iracundo estaba el propio Trump— porque fue la primera en declarar a Biden como ganador en la elección de Arizona. Existen varios mensajes entre directivos de Fox alegando la necesidad de preservar a cualquier costo (la verdad, por ejemplo) la lealtad de sus televidentes.
 
   Desde que inició en los setenta su frenética adquisición de medios —es dueño también del Times y el Sun de Londres, el Wall Street Journal , el New York Post y otros diarios y estaciones en distintos países—, Murdoch dejó en claro que lo suyo no era fiscalizar a poderes públicos o privados, ni defender el bien común, sino hacerle el juego al apetito del público por el sensacionalismo. En Estados Unidos arrancó en 1973 con un pequeño diario que compró en San Antonio, Texas, que impactó por sus grandes titulares sobre asesinatos y violaciones, para luego adquirir en Nueva York el viejo Post que convirtió en un tabloide de sangre y sexo. “No vamos a posar de intelectuales sino a darle al público lo que le gusta” dijo entonces, según lo recuerda el último número de la revista dominical del NY Times.
 
  Este ha sido pues el código periodístico del soberbio mandamás de un emporio mediático que puede sufrir un demoledor golpe económico si prosperan las demandas contra Fox Corporation. Merecido en la opinión de mucha gente, incluyendo a este servidor. No me gustan por lo general las demandas por calumnia porque mucho se emplean para coartar la libertad de expresión. Pero hay excepciones. Como la de Daniel Coronell y la de los difamados por Rupert  Murdoch.

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