Caminando por la décima
12 Mayo 2024

Caminando por la décima

UN TAL WILLIAM

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En las décimas de esta semana, la afamafa poeta colombo-escocesa MacLamus (María Cristina Lamus) rinde homenaje a un poeta llamado William. Desengáñense. No es antioqueño sino inglés y representa una cumbre universal de la lírica y la dramaturgia. Su apellido es Shakespeare (pronúnciese Chespir en mexicano) y fue contemporáneo de don Miguel de Cervantes: 1564-1616.


Eterno Shakespeare

“¡Mi reino por un caballo!”,
clamó Ricardo Tercero
vencido, sin derrotero,
lejos, ay, de su serrallo,
él que era un rey, no un lacayo.
Como nadie en este mundo
describió el Bardo, rotundo,
las miserias de los hombres
y las maldades sin nombre,
de un cataclismo profundo.

Sembraron fértil simiente
de Shakespeare los personajes. 
La urdimbre de sus ropajes
nos envuelve sutilmente
e ilumina nuestra mente.
Materializan la envidia,
la cobardía, la desidia,
la bondad y la vileza,
la codicia y la largueza, 
la nobleza y la perfidia.

En el maldadoso acunan
los pensamientos prohibidos,
que crecen desinhibidos.
Traición y ambición son una
cuando tienta la fortuna.
Macbeth y Claudio pecaron,
su perversión destilaron
bajo falsas apariencias,
pero sus malas conciencias
muy pronto los delataron. 

Hamlet y Macbeth, versiones
del dramaturgo, maestro
en ilustrar lo siniestro
de las ocultas pulsiones
que rigen las emociones.
La culpa, terca, persiste
y aunque el inmoral insiste
ignorándola de plano,
su esfuerzo se torna vano
cuando a la verdad resiste.

Hasta nuestro tiempo llega
de Shakespeare la luz cimera:
su ingenio va dondequiera,
los espíritus congrega
y su voz jamás se pliega.
Dijo Ben Jonson, su igual
y crítico visceral,
con genuina propiedad:
“No pertenece a una edad…
Shakespeare es atemporal”.

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