ESTO LE DIGO A JESURUN
30 Octubre 2022

Daniel Samper Ospina

ESTO LE DIGO A JESURUN

Apreciado Ramón:

Reciba un afectuoso saludo en esta linda mañana (linda tarde para usted, porque imagino que se encuentra en Bombay) y para todos los ejecutivos, gerentes, funcionarios, secretarios y familiares de la Federación que, responsables hasta la saciedad con sus compromisos, hállanse en este momento en su mismo palco, sin que el cambio de horario y de dieta les impida cumplir en detalle su importante labor de acompañamiento. 

No podía permitir que pasara un día más sin plegarme a voces del periodismo tan reputadas —en todos los sentidos— como las de mis amables colegas Javier Hernández, mejor conocido como el Iván Duque del gol, y el dilecto doctor Carlos Antonio Vélez (filósofo del balompié nacional, Platón del pensamiento deportivo, analista riguroso desde aquellos tiempos inmemoriales en que trabajaba en el Grupo Radial Colombiano, allá en Cali, y hacía cartel con Esteban Jaramillo y tantos otros capos de la radio) para felicitarlo por los grandísimos logros obtenidos en el Mundial Femenino Sub17.

Sí, apreciado Ramón, porque no nos llamemos a engaños: “esa medalla que ganaron las niñas es suya en gran parte; usted  ha sido la madrina de ellas; sin usted esas niñas no estarían desempeñándose así de bien”.  Y no reconocer que el verdadero mérito es de ustedes, los dirigentes, sería como Teófilo Gutiérrez en el camerino: necio. Porque son ustedes los que las han educado; ustedes quienes las obligaron a crecer entre privaciones para que se formaran: ¿qué habría sido de ellas si les hubieran puesto su misma profesión en bandeja de plata? ¿Existe acaso peor maestra que la opulencia? ¿Con cuál apetito habrían crecido nuestras niñas —sí, nuestras niñas— si tuvieran una liga profesional, por ejemplo? ¿Si se les ofrecieran premios como si  prácticamente fueran futbolistas hombres? ¿Si les hubieran dado para el bus? ¿Cómo habrían aprendido del forcejeo, del toque-toque, del cuerpo-cuerpo, si ustedes, como dirigentes, no hubieran tenido la grandeza pedagógica de permitir los casos de acoso a las que las sometían algunos entrenadores? ¿De qué otro modo habrían aprendido que “lo que sucede en el camerino, se queda en el camerino”?

Mírelas, pues, ahora, convertidas en unas amateurs que han llegado a la final de un mundial gracias a su sabia mano, mi doctor: a ese sano equilibrio de saber permitir y saber castigar, todo en su medida, como tuvo a bien hacerlo con las indisciplinadas Vanessa Córdoba y Yorelis Rincón, a las que se les solía ir la mano en las críticas a la cúpula. Como si en el fútbol no se castigara la mano.

Ramón: acaso no lo sepas, porque por tu trabajo debes acumular millas y pernoctar en hoteles prácticamente todos los meses, pero acá, en Circombia, las noticias suelen ser llamativas. El presidente Petro quiere pintar del color de las guacamayas los helicópteros militares que le regalan los gringos; el hermano de Ñoño Elías toma posesión de una curul en el Congreso y ahora hace parte de la coalición del cambio; el presidente de la junta de Ecopetrol duró en el cargo 24 horas; Iván Duque reapareció convertido en profesor universitario en la Florida: acaso enseñe a los estudiantes a preparar Frutiño con sabor a naranja (o a conjugar el verbo querer). Y por si faltaran titulares asombrosos, Pasaporte, el caballo al lomo del cual hizo ingreso triunfal al Capitolio el senador Alirio Barrera, amaneció muerto el viernes. Seguramente adquirió alguna infección cuando visitó el recinto máximo de nuestra democracia. Ha sido la única bestia que ha pasado por el Congreso sin ensuciarse. Paz en su tumba. 

En medio de semejantes noticias, el paso a la final mundialista de nuestras jóvenes heroínas tranquiliza la psique nacional, doctor. Y al ser aquel un triunfo enteramente suyo, hablo por muchos compatriotas si pido a usted que considere entornar sus alas hacia vuelos más altos que puedan determinar, con más holgura, el futuro de nuestra nación. Sí, Ramón. A lo que me refiero es que es un verdadero desperdicio que una personalidad como la tuya no se dedique por entero a la política. Y para desperdicios ya tenemos a los delanteros de Millonarios. 

Y ese es el sentido de esta misiva: pedir a usted que su acertadísima labor en el ámbito del deporte sea transferible a la esfera de lo público, donde acaso su sonrisa ilumine mejor el camino de la patria. Contra el dolor que nos pueda causar a quienes amamos el fútbol, invítolo a que considere dar un paso al costado en la Federación de Fútbol e inicie una carrera que lo conduzca al Congreso, por ejemplo, para reemplazar, si no al Ingeniero Hernández, al menos al caballo Pasaporte para ingresar a tuta al senador Alirio Barrera; o para militar —si se me autoriza el término— al lado del hermano del Ñoño Elías. Al menos para pedir pista en el Partido Liberal: allá, de la mano de César Gaviria, podrá perfeccionar la técnica de pedir (y ofrecer) premios a cambio de modificar la reforma tributaria, por ejemplo, y, por esa vía, adquirir cargo de buen salario en el gobierno humano. Al final, sus conocimientos futbolísticos podrían favorecer las gestiones del Pacto Histórico. Mal que bien, el pobre ministro Ocampo juega de volante de contención, y sabrá agradecer cualquier consejo; la paz total requiere avanzar por las bandas, como en cualquier partido; si el dólar sigue subiendo usted podría dar la orden a la Junta de Ecopetrol de que baje a defender; su presencia puede contar con la ayuda de Alex Flórez para consultar el BAR. Y sabrá quitarle premios a Irene Vélez, la ministra amateur, cuando le pida un estímulo de diez mil billones por cada gol que ella misma nos meta.

Doctor Jesurún: piénselo. Querido Ramón: gracias. Apreciado Ramón Jesurún: láncese. Circombia requiere de gente tan reputada como usted. En todos los sentidos.


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