Peligrosos personajes pintorescos
15 Enero 2022

Daniel Samper Pizano

Peligrosos personajes pintorescos

Son los peligrosos personajes pintorescos, que, a falta de carisma, optan por atraer incautos acudiendo a la rareza, la curiosidad o la extravagancia. Hay momentos en que la seriedad asusta o repele.

Comenta un personaje del novelista irlandés John Banville: “Una de mis debilidades consiste en ver siempre a otras personas como si fueran caricaturas”. Esta frase podría haberla escrito cualquier colombiano sobre la actual campaña política, convertida en pasarela de caricatos y de cómicos. En las listas de postulados hay gente seria, valiosa y correcta. Pero abundan los sujetos que, voluntariamente o no, pertenecen al género bufo.

¿Cómo no imaginar caricaturas cuando aparece vestido de muñeco de mago un aspirante presidencial que dizque fue el mejor ministro de Hacienda del mundo? ¿O cuando escucha las frases de una candidata doctorada en ignorancias? ¿O presencia los arrebatos de una senadora que propuso segregar geográficamente las razas en su departamento? ¿O descubre que la humilde corrosca se manipula como enseña demagógica? ¿O topa, escondido bajo una cachucha de beisbolista, al heredero de un clan regional responsable de costosas corruptelas?
 
Son los peligrosos personajes pintorescos, que, a falta de carisma, optan por atraer incautos acudiendo a la rareza, la curiosidad o la extravagancia. Hay momentos en que la seriedad asusta o repele. Entonces la receta victoriosa del mediocre o el adversario es llamar la atención con jugarretas, irreverencias, barbaridades espontáneas o desplantes dirigidos por expertos en manipular la opinión pública. El recurso sirve para despertar simpatías pero no para gobernar. Abundan los ejemplos contemporáneos. Estos PPP son en realidad estafas al pueblo, como los familiares que sustituyen en las listas a parientes presos; engaños crudos, como los dignatarios que deben sus diplomas a las fotocopiadoras; anatolios que, aparte de devengar, no saben qué diablos hacen en el Capitolio; líderes sociales que, adoctrinados por sus patrocinadores, recitan lecciones de corrección política.
 
Entre los PPP sobresale Rodolfo Hernández. Su imagen se inspira en los trucos de Donald Trump y Jair Bolsonaro: grosería, machismo, payasadas, agresividad, promesas vacuas. Asesorada por una costosa agencia de publicidad, la campaña de Hernández busca rebullir emociones y vender estereotipos: el santandereano arrecho, el enemigo de la corrupción, el profesional intachable (exige que lo llamen ingeniero, como si la palabra designara una misteriosa sabiduría y no un oficio). El mensaje cala en la indignación del ciudadano corriente. Ahora, sin embargo, La Silla Vacía y varios columnistas santandereanos, como Miguel Ángel Pedraza y Jorge Gómez Pinilla, han destapado la feria de curules que gira en torno a las listas del exalcalde de Bucaramanga y denuncian el compromiso de pagar un porcentaje del salario que adquieren sus inscritos. El atenuante de la contradictoria campaña es que enfrenta a un rival aún más deplorable, una organización familiar creada para perpetuarse en el poder y ordeñarlo indebidamente: la de los Aguilar. Padre e hijo están presos en Bogotá acusados de parapolítica y contrataciones sucias, y desde allí arman sus listas.

No necesito anticiparles el epílogo: todos estos votos, los sucios y los arrechos, son de la derecha o ayudan a la derecha. Así han llegado al Congreso colombiano manotadas de tramposos. Hay listas y nombres que merecen la confianza de los electores. Me resisto a pensar que nos toca escoger entre diversos venenos.

Farsa internacional

Hablando de caricaturas, vergonzosa la farsa que montaron Iván Duque y unos legisladores ultraderechistas ecuatorianos a fin de hacer daño a Juan Manuel Santos y Piedad Córdoba. Normalmente este tipo de “colaboración” internacional se gestiona a través de las embajadas y las entidades especializadas. Cada país valora la denuncia según sus leyes y pesquisas. La ceremonia de compinchería del presidente con sus vecinos equivale, en cambio, a una sentencia. Y más cuando el anfitrión afirma, como si él fuera juez, que se trata de “una exposición clara, detallada, certera” contra el reo internacional Álex Saab “y políticos colombianos y personas vinculadas a la contratación estatal”.
 
Caricatura de denuncia. Caricatura de investigación que el mandatario remata al informar que Piedad Córdoba viajó en un avión del gobierno venezolano que también usaba Saab. Con ello intentaba vincularla a operaciones ilegales sin que exista acusación alguna contra ella. Caricatura la pomposa rueda de prensa presidencial en que los periodistas no pueden contrapreguntar ni exigir pruebas. Es un abuso que el jefe del Estado emplee su poder para incriminar mañosamente a sus enemigos políticos. Al posesionarse el fiscal Barbosa, Duque prácticamente le dictó a la sentencia que debía emitir en el caso del asesinato de Álvaro Gómez. Cuando las Farc confesaron su autoría y se le derrumbó el armario, ni siquiera se disculpó. Igual ocurrirá con este mezquino montaje binacional.

ESQUIRLA. Para que no todo sean tristezas, déjenme recordar que, Adolfo Pacheco aparte, entre los grandes compositores colombianos vivos siguen tan campantes Rafael Campo Miranda (103 años) y Julio Erazo (93). A ellos debemos obras tropicales clásicas como Lamento náufrago, Playa, brisa y mar, Diosa de piedra, Entre palmeras y también La puya guamalera, Compae Chemo, Rosalbita y La pata pelá. Ambos sobreviven digna pero sobriamente. No tienen jet privado, ni mansiones lujosas. Pero su aporte a la cultura popular es impagable.

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