Velia Vidal
10 Diciembre 2022 07:12 am

Velia Vidal

Inspirar

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Cuando era muy niña e iba con mis tíos (que en realidad eran y han sido mis hermanos mayores) a bañar a la marea en Bahía Solano, me preguntaba a dónde llegaría si siguiera caminando derecho por el mar. ¿Qué era eso que había al otro lado del mundo? Muchos años después me enteré que mi tía Ludys (que en realidad es mi tercera mamá), cuando era niña y vivía en Juradó, se preguntaba si en otros lugares sabrían que allá existía un pueblo, si se enterarían de sus muertes en caso de que llegara la ola (lo que ahora conocemos como tsunami) y se los llevara.

En Aguas de estuario, mi libro, se percibe en varias cartas esa sensación de distancia y lejanía, que también puede ser de abandono, de la que tantas veces he conversado con mi destinatario; una sensación que parece estar íntimamente ligada al Chocó y que, de alguna manera, hemos experimentado todos quienes nacimos, crecimos y vivimos allá.
Eso de ser el centro del universo no parece tener que ver mucho con nosotros.

Está muy presente esa sensación y, sin embargo, no ha tenido que ver con las motivaciones del trabajo de promoción de lectura que lidero. Tampoco nos ha movido el deseo de la visibilidad, excepto con FLECHO, nuestra Fiesta de la Lectura y la Escritura del Chocó, que ya va para su sexta versión. Con esta sí pretendíamos, desde el principio, llenar el vacío de un evento cultural de ciudad que tuviera la lectura y el libro como centro y queríamos, además, que se hablara en el país de nuestro departamento, al menos en el mes de marzo, por un suceso positivo.

Cuando nació Motete, yo ocupaba mis jueves en la tarde, con el permiso de mi jefa del que fue mi último empleo, a trabajar en promoción de lectura con maestras y maestros. Los sábados en la mañana, con el apoyo de mi compañera Diana Mosquera, hacía un club de lectura para niños y niñas en la biblioteca de la Universidad Tecnológica del Chocó que amablemente nos prestaba Alejandra, la bibliotecaria. Por la tarde del mismo sábado, me reunía en un club de lectura con las mujeres del capítulo juvenil de la Red de Mujeres Chocoanas y el domingo a las dos de la tarde, bajo el sol ardiente o las nubes grises, me iba con mi motete (canasto) lleno de mandarinas y mis libros para niños a hacer el club de lectura del barrio El Futuro II, en Quibdó.

Jamás me pregunté qué pasaría al otro lado de la selva, que es un inmenso y verde mar; si en otros barrios de Quibdó, en algún otro lugar de Colombia o el mundo se enterarían de lo que hacíamos. A mí me bastaba con ser famosa entre los niños y niñas del barrio y los que iban al club del sábado. Muy pronto me convertí en la seño Velia, la seño que lee cuentos los domingos, y eso para mí era la gloria.

Ahora puede sonar inverosímil, pero lo cierto es que mi libro Aguas de estuario, de donde ha florecido mi trabajo de escritura, se fue haciendo carta a carta, en la intimidad de una correspondencia privada, sin preguntarnos jamás por lo que pasaría después y sin la pretensión, como siempre en esos casos, de que lo leyera alguien más en la ciudad de mi destinatario, en otra parte del país o en otro lugar del mundo.

Esta semana, cuando se publicó la lista de las cien mujeres más inspiradoras e influyentes del mundo en 2022, según la BBC y en la que estoy incluida, fue tan inevitable llorar como recordar los días del principio.

No sé decir cómo fue que nuestro trabajo cruzó el océano. Aunque conozco bien las razones de fondo que cargan de sentido lo que hacemos y estoy segura de nuestros méritos para recibir el apoyo de nuestros financiadores y aliados, de quienes también es este mérito, nunca me imaginé que pudiera ser considerada por alguien más así de inspiradora e influyente. Sobre esas dos palabras he pensado bastante, sobre su significado y el efecto que representan.

David Camilo, que ahora es un universitario y estuvo en nuestros clubes de lectura por varios años, me escribió a propósito de las noticias y despejó cualquier duda que yo pudiera tener: “Muchas felicidades seño Velia por ser reconocida como parte de las 100 mujeres más influyentes de este año por la BBC, no se merece menos. Estoy muy orgulloso por este logro, por haber sido instruido por usted y haber formado parte durante varios años de Motete. Me emociona mucho ver hasta dónde ha llegado y también me emociona el hecho de que tanto trabajo le haya valido este reconocimiento más que merecido. Puso, como siempre lo ha hecho, nuestra tierra en alto. Mucho amor y bendiciones”.

Influimos en más de dos mil familias cuyos hijos entre los cuatro y los dieciocho años hacen parte de nuestros programas. Inspiramos a más de cien maestros y maestras con quienes nos hemos encontrado. Contribuimos al disfrute del derecho a la cultura de más de diez mil chocoanos y chocoanas que han estado en FLECHO, de artistas que han sido parte de nuestra agenda cultural.

Mi correspondencia ahora es un libro que está por salir en tres idiomas y unos ocho países y sé, por los mensajes de los lectores, que ha inspirado a unos cuantos a dejarlo todo y buscar lo que carga su vida de sentido.

Me han preguntado mucho por mis expectativas con todo esto y puedo decir que en realidad son mesuradas, lo hemos recibido más como un abrazo cálido que nos alienta a seguir haciendo lo que hacemos y nos da la confianza de que, cuando vengan las olas, no pasaremos inadvertidos, porque ahora el mundo sabe bien que existimos.

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