Sebastián Nohra
16 Octubre 2022

Sebastián Nohra

Nos vamos a volver como Argentina

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El fantasma de Chávez y el socialismo del siglo XXI fueron muy útiles para el uribismo. Supieron rentabilizar con mucho éxito esa herramienta electoral hasta que se agotó porque la convirtieron en caricatura y pues todo tiene una vida útil. Pero, siempre me ha parecido, más bien, que las ideas y el ropaje ideológico de este gobierno están mucho más hermanados con el kirchnerismo. Han creado enemigos parecidos, azuzan el conflicto entre clases y niveles de ingresos, tienen la misma visión de la economía y armaron una estructura política caudillista que se alimenta de un relato “histórico” y refundador. 

A Cristina y Petro, declarados intérpretes del pueblo y enemigos del “neoliberalismo”, sus propuestas las moviliza una aproximación estrecha del desarrollo. Sus proyectos implican un permanente sacrificio del largo plazo por un presente efímero. Por eso Cristina Kirchner dilapidó el superávit energético que recibió al congelar durante nueve años las tarifas de energía para terminar importándola. Castigaron muy duro al sector de energético. ¿Les suena familiar?

Al igual que destruyó las pensiones al nacionalizar en 2008 todo el ahorro privado que estaba en los fondos privados, para obtener más flujo para gasto corriente. Así terminó igualando las pensiones para abajo y creando un pasivo pensional inasumible.

Es parecido a lo que Petro nos propone. Si bien no quiere eliminar de cuajo la operación de los fondos, sí propone unas extraordinarias transferencias de recursos del sector privado al Estado, quitándoles la opción de cotizar en fondos a millones de colombianos. En ambos casos el relato de la solidaridad y los banqueros malos se usó para aprobar la iniciativa. 

Ambos proyectos niegan la naturaleza monetaria de la inflación. Creen que es un fenómeno multicausal y por eso la cantidad de dinero y las tasas de interés no son lo más importante para preservar el valor de la moneda. En Argentina, Cristina y Néstor, usaron por años al banco central para financiar sus gobiernos. Por eso nadan hace décadas en inflación. Acá Petro anhela una junta del banco heterogénea y del “pueblo”, propuso financiar la pandemia con emisión y hoy no quiere tasas altas para contener la inflación. En ambos casos, hay todo un planteamiento de cómo se forman los precios y la influencia de los sectores poderosos. 

La otra idea que se le ocurrió a nuestro presidente y Ocampo lo detuvo, fue crear un control de capitales para limitar la devaluación y la fuga de inversión. Allá, el kirchnerismo montó una estructura asfixiante de controles y cepo al mercado de cambio que provocó que hoy haya más de doce tipos de dólar. Petro propuso en campaña gravar la exportación de carne para bajar su precio, algo que Cristina y ahora Alberto Fernández intentaron varias veces en ese sector sin éxito alguno.
La propuesta de la ministra de Trabajo de congelar la canasta básica ha tenido varias versiones en Argentina. La última se llama “precios cuidados”. Jamás funcionó. Trajo más inflación. 

La lista de similitudes es muy amplia. Son proyectos muy intervensionistas que castigando las importaciones buscan la tan anhelada industrialización local. Comparten el relato de “vivir con lo propio”, descreen de los TLC como herramienta para crear riqueza, se disfrazan de justicieros sociales para perseguir el gran capital y los ricos para que “paguen lo que corresponde”, etc. 

No encuentro en América Latina un proyecto más parecido al Pacto Histórico que el kirchnerismo. Si aprueban todas sus reformas, no creo que nos convirtamos en Venezuela sino en Argentina. 

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