Orgullo
28 Junio 2022

Johana Fuentes

Orgullo

Por reconocerse como un hombre gay, a los 17 años Smith Rivera fue golpeado y abusado sexualmente por los paramilitares en San Juan de Urabá. Tuvo que salir desplazado de su territorio amenazado de muerte. Llegó a Guamocó, sur de Bolívar, pero allí no corrió con mejor suerte. Los guerrilleros de las Farc que dominaban la región también lo violaron. 


“No quería seguir viviendo, me encerré”. Sin embargo, dos años después tuvo la oportunidad de regresar a su municipio y acercarse a la Casa de la Cultura, allí empezó su carrera artística como coreógrafo: “Ya no era el marica, era el bailarín”. Aunque realmente su vida cambió cuando una de las cantaoras del grupo de bullerengue no pudo llegar y le pidieron reemplazarla, ese día nació La Poderosa. “El bullerengue me sanó. Es la magia, la resistencia, las letras, los tambores los que me logran liberar”.


Hoy, La Poderosa es reconocida como una de las mejores cantaoras de bullerengue –su grupo acaba de ocupar el segundo lugar en el Festival Nacional–, tiene semilleros de canto y danza con la comunidad diversa, hace pedagogía y trata de crear espacios seguros. “No es fácil, en los pueblos pequeños reina el machismo y a los niños se les enseña a discriminar y odiar, en vez de aceptar, pero con el arte espero cambiar esa realidad”. La Pode, como le dicen de cariño, resignificó el bullerengue y en sus letras cuenta las historias de las violencias que ha tenido que padecer la comunidad LGBTIQ+ durante el conflicto armado. Para ella, orgullo es servir y poder levantar la voz a través de la música: “Colombia me llora, hay gente que matan, sufriendo la madre mía llora, el pueblo me ataca”, dice en su canción más reciente.


Bicky Bohórquez es una mujer trans, afro y fundadora del Movimiento de Mujeres Unidas y empoderadas de Palmira. Hace año y medio crearon el Semillero de Música del Pacífico, una apuesta arriesgada que no solo desafía la tradición –pues eran los hombres los únicos que tocaban los instrumentos– sino que también recupera espacios que les han sido negados como mujeres transgénero: “Hago parte de las voces, siempre nos dijeron que no podíamos cantar porque se nos salía la voz masculina, así que esta es parte de la resistencia, empoderarnos de nuestra voz y no escondernos”. 


La mayoría de las mujeres con las que trabaja Bicky son trabajadoras sexuales, su propósito es cambiar la realidad de las mujeres trans de Palmira, pero en las regiones la discriminación, la desigualdad y la falta de oportunidades son más notorios. Para Bicky, orgullo sería que el Estado desarrollara acciones afirmativas que permitieran reivindicar sus derechos.


Alexis Belalcázar es líder LGBTIQ+ en El Charco, Nariño. A los 12 años fue consciente de su orientación sexual y tuvo que vivir el desplazamiento forzado por cuenta del conflicto armado en su territorio, logró regresar años después, habían cambiado los actores del conflicto, pero no la discriminación: “He sido señalado por representar mi orientación, he sido discriminado por muchas instituciones, he sido excluido de muchos espacios solo por mi condición de ser, en la parte laboral he sido rechazado, muchas veces he entregado mi hoja de vida buscando un trabajo y mi hoja de vida ha sido hasta quemada”. 


Alexis no se ha amilanado, ha sido resiliente pese al peligro que corre por el simple hecho de ser quien es. En El Charco trabaja con niños, jóvenes y sus familias, su sueño es educar en la diversidad a temprana edad, desde la escuela, un trabajo difícil en una población en donde la educación es deficiente y no existe ni siquiera una caracterización de la población LGBTIQ+. Alexis no se da por vencido, dicta charlas, conferencias, va de casa de casa, monta obras de teatro, habla con la Policía, y hasta con los miembros de la Iglesia.  La mejor celebración del Orgullo para Alexis sería tener más apoyo institucional para continuar con su lucha.


Estiben Velásquez lidera el colectivo Tenemos Voz en San Carlos, Antioquia. Desde allí desarrolla una estrategia de educación alternativa para la paz y crea narrativas de memoria y resistencia, permitiendo, desde la cultura y la puesta en escena, generar acciones de conversación: “El colectivo surge desde 2019 como la necesidad de educar a nuestras instituciones y ciudadanos, como es un tema que no se conversa, nos matan, nos discriminan y pueden más los prejuicios sobre la vida”.


Estiben también es víctima del conflicto, desplazado en dos ocasiones y discriminado por su propia familia: “Cuando salí del closet mi padre me echó de la casa, nunca ha aceptado lo que soy y ese entorno dificultó mi aceptación”. Estiben cree que el orgullo tiene que reivindicar ese miedo de habitar. 


Según Colombia Diversa, en 2021 fueron asesinadas 218 personas por su orientación sexual. Que este Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+ no se quede en izar banderas arcoíris. Bicky, Alexis, La Poderosa, Estiben y todos aquellos que lideran procesos de transformación en los territorios, merecen ser reconocidos, protegidos y, sobre todo, merecen la atención del Gobierno con la implementación de políticas públicas transversales y efectivas que permitan reivindicar esas luchas. Orgullo sería que nadie más sea discriminado, señalado, agredido o asesinado por ser.
 

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