Remiendos
7 Diciembre 2022

Juan Camilo Restrepo

Remiendos

La política fiscal, cuando se anuncia precipitadamente a pedazos, corre el riesgo de quedarse en el relumbrón, pero sin solucionar nada de fondo. Y esto es lo que está sucediendo en Colombia. Algunos ejemplos ilustran los riesgos de recurrir al remiendo como metodología de gobierno.

Se anunció con mucho despliegue que se iniciaba la corrección de los abultados subsidios a los combustibles. Buen propósito que debe abonársele al Gobierno, Pero, ¿qué ha sucedido? Se han efectuado tres ajustes de a 200 pesos cada uno al galón de gasolina (el diésel, recuérdese, se dejó por fuera). Estos tímidos ajustes han permitido reducir el déficit del fondo de estabilización de combustibles –según cálculos del experto Sergio Cabrales– en 240.000 millones de pesos, mientras el déficit del fondo de estabilización permanece en niveles superiores a los 30 billones de pesos. Dicho en otras palabras: los ajustes efectuados no le han hecho ni cosquillas al déficit del fondo de estabilización, ni le harán. Con lo cual la principal razón del desequilibrio fiscal de las cuentas públicas sigue campante.

Segundo ejemplo: los motociclistas desfilan amenazantes por Bogotá. Anuncian que paralizarán la capital si no se les arregla el problema del Soat. El Gobierno, asustado y sin estudiar bien el tema, procede a informar que asumirá el 50 por ciento del costo de las primas del seguro. Este solo anuncio cuesta 2 billones de pesos y devora el 10 por ciento de todo el producido de la nueva reforma tributaria.

Rápidamente se dan cuenta del disparate anunciado. Primero, porque era un subsidio mal diseñado: trataba por igual al motociclista con comparendos que al que no los tenía. Y segundo, porque un subsidio de esta magnitud, o de cualquier otra, no se puede otorgar si previamente no hay una ley que autorice el gasto. El principio es antiquísimo y está consagrado en la Constitución: no se puede hacer ningún gasto a través del presupuesto nacional si previamente no existe una ley que lo autorice. Y entonces –mientras desenredan el embrollo– anuncian un placebo: que los motociclistas que estén circulando sin Soat no serán sancionados. Tampoco revelaron que al subsidiar este seguro estaban recortando sensiblemente su cobertura: la cobertura médica que baja de 27 a 9 millones (66 por ciento). Un engaño, y un remiendo sobre otro remiendo.

Otro ejemplo: salen hace unas cuantas semanas las cifras sobre áreas dedicadas a cultivos ilícitos. Las más altas de la historia: 200.000 hectáreas. El Gobierno anuncia entonces que va a cambiar de metodología y que se dispone a organizar unos estímulos consistentes en que los “cocaleros le devuelvan sus tierras a la selva”, a través de un pacto en virtud del cual no sembrarían más y en contraprestación recibirían entre 2 y 3 millones de pesos por hectárea “devueltas a la selva”. La implementación de este anuncio costaría 5 billones de pesos, que no se tienen. Conclusión: el anuncio se queda en el aire como mero remiendo verbal que era.

Y el último ejemplo: se anuncia con bombos y platillos un pacto para la equidad de las tarifas en el servicio de energía. Y se promueve ese pacto. ¿Resultado? Las tarifas han subido, sobre todo en la costa Atlántica, más del 40 por ciento y el pacto sobre la equidad tarifaria las alivia entre 3 por ciento – 5 por ciento. El malestar subsiste principalmente en la costa Atlántica. Y más temprano que tarde estallará como inmensa revuelta social. El famoso pacto por la equidad tarifaria sirvió para defender a la ministra en el Congreso contra la moción de censura, pero no para solucionar el problema real.

Remiendos por todas partes.

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