Soñar no cuesta nada
1 Diciembre 2022

Johana Fuentes

Soñar no cuesta nada

La terquedad de mantener a toda costa la discusión del Código Electoral en la Comisión Primera del Senado, podría tener como consecuencia que se hundan otras iniciativas que cursan allí.

No es extraño que esto poco o nada le importe a la mayoría de los integrantes de dicha comisión que, como se ha denunciado, serían padrinos políticos de varios registradores regionales.

Este proyecto no solo ha sido cuestionado por los más de 1.000 cargos a dedo que se otorgarían o por la premura con la que se pretende dar el debate –recordemos que tenía mensaje de urgencia y quedan cuatro sesiones en el Congreso en esta legislatura–, sino también por los cuestionamientos que pesan sobre el registrador Alexander Vega, que ha estado muy activo haciendo el respectivo lobby y muy callado a la hora de responder por las denuncias que lo involucran.

En la última semana, congresistas como Humberto de la Calle, Ariel Ávila, Jota Pe Hernández y Paloma Valencia, han tomado la decisión política de impulsar que no se consolide el quórum necesario para discutir y votar este proyecto, así se lo hicieron saber al presidente de la Comisión mediante una carta. De los 21 integrantes asistieron nueve. De esos nueve, cinco están señalados de tener cuotas en registradurías municipales, tal y como lo contamos en La W Radio: Carlos Fernando Motoa, David Luna, Alfredo Deluque, Óscar Barreto y por supuesto el presidente Fabio Amín. (https://www.wradio.com.co/2022/11/22/cuotas-politicas-en-la-registraduria/)

Aunque varios miembros del Pacto Histórico le han pedido al Gobierno desistir de la discusión este semestre, el Gobierno en cabeza del ministro del Interior, Alfonso Prada, insiste en que el código no cobijaría las elecciones de 2023, pero que es necesaria una reforma de ese tipo en el país. Sin embargo, ese argumento no es del todo válido, pues desde el momento en el que la ley sea aprobada, se habilita al registrador Vega para empezar la contratación. Esa es la preocupación de los que se oponen y tal vez la motivación de los que pretenden sacar el proyecto adelante a como dé lugar.

Lo que sucederá en estas dos semanas es que los congresistas que se oponen insistirán en desbaratar el quórum. Si no lo logran tienen otro as bajo la manga: Llenar de proposiciones el debate con el fin de retrasar la discusión. Esto no beneficia a nadie y sí perjudica el trabajo legislativo que debería avanzar en la Comisión Primera del Senado.

Seguramente Fabio Amín –debido a su interés en el proyecto– no sacará del orden del día la discusión del Código. Queda entonces mirar hacia el Gobierno con la esperanza de que sea consecuente con su promesa de transparencia y cambio y envíe un mensaje contundente para que el debate sea profundo y garantice que no haya beneficios para un grupo de congresistas interesado en conservar sus fichas en la Registraduría, ad portas de una nueva jornada electoral. ¡Soñar no cuesta nada!

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