"Yo voy y lo saco": crónica de una mujer desesperada porque Jorge 40 le diga dónde enterró el cadáver de su hermano, al que mandó a asesinar
28 Enero 2024 03:01 am

"Yo voy y lo saco": crónica de una mujer desesperada porque Jorge 40 le diga dónde enterró el cadáver de su hermano, al que mandó a asesinar

Crédito: Cortesía

La lideresa Rossi Pérez lleva 19 años buscando a su hermano, asesinado por los hombres de Jorge 40 por haber desertado de las autodefensas. Esta es el relato de su persistencia y de sus propias calamidades para superar todas las formas de violencia.

Por: Redacción Cambio

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A los pocos días de iniciado 2005, John Jairo Pérez Belalcázar recibió una invitación para asistir, el 20 de enero, a una pelea de gallos que se celebraría en una finca de Guacoche, un pueblo cesarense a pocos metros de la frontera con La Guajira. Cuando llegó, se encontró con varios hombres que, al igual que él, se habían fugado de las filas de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, comandante del bloque norte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los desertores no tuvieron tiempo de pensar. Fueron amarrados y torturados. Era evidente que los iban a asesinar. John Jairo, que llevaba una granada, alcanzó a lanzarles el proyectil a sus atacantes. Dijo que no lo iban a matar sin defenderse. Al final, terminó enterrado, junto con los otros seis, en una fosa común de la que nadie da razón.

Rossi Albani Pérez, de unos 24 años, vivía entonces en Cali, en una casa de paredes madera y de cartón que no ayudaban a dormir cómodamente. Sin embargo, la noche del 19 de enero de 2005 concilió un sueño profundo, y en él vio a su hermano John Jairo. Sintió que lo tenía enfrente, aunque llevaba tiempo sin verlo. Al día siguiente, lo mataron. La noticia le llegó por Valledupar: un soldado retirado, entonces paramilitar, bajó a la capital del Cesar y le avisó a otro de los hermanos Pérez lo que había sucedido.

Han pasado 19 años desde el asesinato de John Jairo, una tragedia más en el torbellino que Rossi vivió durante más de diez años. No quiere perdón, no busca reconciliación, lo que quiere es que Jorge 40 le confirme las coordenadas de la fosa común en la que está su hermano para desenterrarlo y llevarlo a un cementerio.

Está dispuesta a cavar la tierra con sus propias manos:  “Yo voy y lo saco”. John Jairo tenía una característica particular que lo diferenciaba de los hombres con los que fue enterrado: una prótesis en vez de una de sus piernas. Años antes de su asesinato, la había perdido, por el disparo accidental de un compañero, mientras oficiaba como soldado regular del Ejército. Su hermana dice que lo que en realidad pasó fue que intentaron, sin éxito, hacerlo pasar por guerrillero muerto en combate.

Por la prótesis, Rossi cree que podría identificarlo, aún escarbando entre los restos de los demás. Sin embargo, identificar a un muerto de tanto tiempo no es tan fácil. Se requieren estudios genéticos, comparación de cartas dentales y otros tantos cotejos que pueden demorar los procesos por años.

Rossi ha hablado con la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por desaparecidas, dedicada a rastrear a más de 104.000 reportados –entre civiles, excombatientes de todos los bandos y otros ciudadanos que se fueron y nunca volvieron– en el conflicto armado, de la mano con Medicina Legal.

Sin embargo, no se ha limitado a esperar a que la entidad le ayude. Le ha escrito a Jorge Tovar, hijo de Jorge 40, representante de víctimas en la Cámara de Representantes, para que interceda por ella ante su papá. Según Rossi, él nunca le ha respondido, pero no piensa dejar de insistirle, hasta tener de frente o al teléfono a quien, asegura, ordenó la muerte de su hermano.

"¿A quién más que usted, su papá, el señor Jorge 40, debería darle información, para que las fosas comunes se abrieran y las familias dieran cristiana sepultura a sus familiares?", dice en un video que grabó para Tovar.

Aparte de que le confirme la ubicación precisa de la fosa, quiere que el excomandante paramilitar dé la orden de que la dejen pasar por ahí. “Él sigue mandando allá. Yo no quiero reconciliación, sino que Jorge 40 de permiso para sacar a mi hermano de la fosa común”, explica, y agrega: "Si él habla lo que tiene que hablar y me hace entregar los restos de mi hermano y de los otros muchachos que están allá, hasta voy, le doy la mano, lo perdono, lo abrazo, pero mientras él no tenga ese gesto de buena voluntad, no, yo no".

Guacoche, Jorge 40 y las penalidades de Rossi

Guacoche está sitiado por el ELN y el Clan del Golfo. Este último grupo criminal es descendiente de los hombres de alias Jorge 40, que llegaron a ese pueblo a mediados de la década del 90. El portal Verdad Abierta relata que el ingreso de los paramilitares al corregimiento de Guacoche sucedió en abril de 1996, y que permanecieron allí por mucho tiempo más. Tovar Pupo, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso se encargaron de reunir a grupos de menor escala que estaban en la zona para crear un poder unitario paramilitar en la región. 

Durante esos años, Rossi y John afrontaban todo tipo de violencias en sus vidas. Habían crecido en un pueblo de La Guajira, cerca de la mina de carbón de El Cerrejón. Su padrastro intentaba abusar de ella una y otra vez y los expulsaba de su propia casa con frecuencia. También maltrataba a su mamá y no les dejaba comer lo que había en la cocina. Mientras la niña fue víctima de ataques sexuales de paramilitares en ese departamento, su hermano John estaba desesperado por el maltrato incesante. Estaba harto de la humillación de su padrastro, quería independencia. En algún punto se mudaron a la ciudad de Cali, desplazados por un grupo de extorsionistas que querían matarlos porque el padrastro no había pagado una deuda.

John Jairo no tardó mucho tiempo en enlistarse en el Ejército, pues creyó que allí, por lo menos, tendría un ingreso seguro y se podría alejar de la violencia de su padrastro. Sin embargo, el 7 de diciembre de 1997 recibió aquel disparo en su pierna que le dio una incapacidad laboral absoluta. Apenas en 2016, los hermanos le ganaron la demanda al Estado por esos hechos.

Como John Jairo mantenía conexiones con soldados profesionales retirados, entre esos, uno de sus hermanos, en 2001 se acercó a los grupos paramilitares en el Cesar. Le dijeron que pagaban bien, que “no hacían gran cosa”, y lo convencieron, pese a la crueldad y toda la sangre que se derramó por cuenta de esos grupos en el departamento. Pronto se dio cuenta de que no quería estar ahí. Un día, le dijo a Rossi: “Yo no quiero quitarle la vida a nadie, manita, a mí esto no me gusta, me quieren hacer matar a la gente”.

Rossi no tiene muy claro cuánto tiempo pasó entre una cosa y la otra. Mientras pasaba todo esto con John Jairo, a ella la atacaron sexualmente varios guerrilleros en el departamento del Cauca y, más adelante, la esclavizaron en un municipio del departamento de Nariño. Logró escapar de todo esto y 20 años después es lideresa de la mesa departamental de víctimas de violencia sexual en ese departamento. Ella fue una de las que impulsó la apertura del caso de violencia de género en la Jurisdicción Especial para la Paz por todo lo que le pasó.

No obstante, el caso de su hermano sigue estando ahí, sin resolver y sin mayores respuestas. Sin eso no se sentirá restaurada. Parte de lo que considera “justicia” incluye enterrar dignamente a su hermano John Jairo.

 

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