La lenta agonía del billete, una realidad contante y sonante

Crédito: Freepik

La lenta agonía del billete, una realidad contante y sonante

Aunque es todavía el sistema de pago preferido por los colombianos, el uso de medios digitales y electrónicos se impone cada día más. Proyectos como el del Banco de la República, que busca que los usuarios hagan transferencias entre sí, de forma instantánea y sin importar la entidad en la que tengan sus recursos depositados, tiene el objetivo de desincentivar el uso del papel moneda.

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Desde hace unas semanas, en Neira, Caldas, un pendón rojo domina la entrada de la plaza de mercado y llama la atención de los compradores cotidianos. “Las plazas de mercado usan dinero 100% digital”, reza el novedoso aviso situado en el corazón alimentario de este municipio del norte del departamento, que anuncia, a su manera, la silenciosa revolución cambiaria que se gesta en Colombia: el fin de la era del billete… y acaso de las monedas.

“A mí me daba mucha desconfianza que me pagaran por el celular, pero por fin vi que la cosa funciona”, dice Héctor Vargas, que tiene una carnicería en un  sitio famoso en el pueblo por ofrecer los mejores y más frescos chorizos de la región. “Ya hasta me los cancelan con un clic desde el celular”, dice.

Héctor Vargas
Héctor Vargas, un 'carnicero digital' de Neira, Caldas.

Sus palabras podrían indicar, además de un cambio de costumbre, el inicio del final de un ciclo que comenzó en 1813, cuando la corona española ordenó fabricar el primer billete que se hizo en el territorio: un pedazo de papel en el que decía ‘Un real’, la moneda del Virreinato de la Nueva Granada. Y que siguió 146 años después, cuando el Banco de la República imprimió, también por primera vez, el 12 de octubre de 1959, otro billete de 1 peso, diseñado por el italiano Mario Baiardi. En su anverso aparecían Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, los dos primeros presidentes del país, mientras que en el reverso figuraba la imagen del cóndor de los Andes y algunos paisajes como el salto del Tequendama. 

Hoy, todavía la mayoría de personas prefieren utilizar los herederos de aquellos colonos bancarios, pero otra gran cantidad ya usa las monedas virtuales. Según la última encuesta realizada por el Banco de la República sobre la percepción sobre el uso de instrumentos para pagos habituales en Colombia, el efectivo es el más utilizado (78,4%), seguido por las transferencias electrónicas (12,6 %), tarjeta débito (7,9 %) y tarjeta de crédito (1,2%). 

El sondeo también revela que más del 95 por ciento de las tiendas de barrio, panaderías, cafeterías, papelerías, buses y taxis reciben la mayor parte de los pagos de sus ventas en efectivo, y que más de la mitad de los buses, peajes y taxis sólo reciben pagos en metálico. 

De acuerdo con la encuesta, entre las principales razones que justifican la mayor preferencia por efectivo se mencionan la facilidad y rapidez para pagar, la posibilidad de reutilizarlo de manera inmediata y la costumbre de usarlo para realizar compras de bajo monto o en la calle.

En las conclusiones del informe, el Emisor advierte sin embargo que se registra un “avance importante del país en la adopción de instrumentos de pago electrónicos que sustituyen al efectivo y estimulan la tenencia de medios de pago (por ejemplo, el depósito electrónico y las cuentas de ahorro). Este proceso, que paradójicamente estimuló la pandemia, mejora la trazabilidad de las transacciones económicas y favorece la intermediación financiera. No obstante, aún existe un amplio margen de desarrollo en la medida en que el uso del efectivo sigue siendo predominante, y en que, entre los estratos bajos de ingreso, la utilización de medios de pago electrónicos y la tenencia de cuentas bancarias y demás activos financieros sigue siendo precaria”.

Es una tendencia continental. Según el más reciente informe realizado por Bain & Company, el volumen de pagos digitales continúa creciendo a nivel global, sustituyendo progresivamente al efectivo. Pero en Latinoamérica, la consultora proyecta, a mediano plazo, un aumento de 9% de los pagos en esta modalidad. En Colombia, los pagos electrónicos aún son relativamente bajos, con transferencias y billeteras digitales representando el 18% del mercado, seguido por las transacciones con tarjetas bancarias, que son el 21%. Es el tercer país del continente con más uso de esa modalidad, por detrás de México (68%) y Perú (66%).

Por esa razón, varias Fintech han desarrollado estrategias para invitar a los usuarios a ingresar en el mundo de los pagos digitales. Galileo, una plataforma tecnológica que habilita los sistemas que requieren las tarjetas, creó por ejemplo la iniciativa de educación financiera ‘Más efectivo, sin efectivo’, con la cual busca que más clientes se decidan por los plásticos, tanto físicos como virtuales, para llevar el dinero en sus bolsillos.

“El mundo cashless brinda mayor seguridad, menor riesgo y transacciones ágiles. El efectivo sigue siendo el rey: es el método de pago más usado no sólo en Colombia sino en toda Latinoamérica, pero hemos ganado algunas batallas muy importantes para desplazarlo, como en Transmilenio, donde las personas ya pueden subirse al transporte usando su tarjeta contactless (sin contacto)”, explica José Luis Trigueros, líder de Desarrollo de Negocios de Galileo para Latinoamérica. 

En Colombia, hay plataformas móviles de finanzas que son ya pilares para el traspaso de este tipo de dinero: Daviplata, Nequi y Dale!. 

Todas pertenecen o lo hicieron de bancos colombianos, los cuales fundaron estos aplicativos para hacer el manejo del dinero mucho más dinámico.

Daviplata es la forma fácil, rápida y segura de pasar plata de celular a celular desde cualquier lugar en Colombia. Esta plataforma es de alta seguridad y dispone de políticas, reglamentos y procesos diseñados para preservar la confidencialidad, integridad y accesibilidad de la información. Funciona a partir de códigos QR para hacer pagos o ventas. El uso de estos códigos es seguro y se opera a partir de reglas que establecen derechos y obligaciones tanto para Daviplata como para sus usuarios.

La segunda, Nequi, ofrece una amplia oferta de servicios financieros y no financieros, que le permiten a los usuarios pagar con la Tarjeta Nequi, traer dólares a través de PayPal, pagar servicios públicos, recargar el celular, recibir plata del exterior, comprar un seguro o un tiquete de bus y mucho más. Actualmente, cuenta con más de 18 millones de usuarios, con operaciones en Colombia y Panamá.  

Dale!, por su parte, es una plataforma que sirve para pasar dinero a los amigos, recibir pagos con código QR desde cualquier banca móvil o billetera digital, girar plata a familiares y amigos que estén en cualquier ciudad de Colombia, para que la retiren en cajeros de la Red Aval.

La idea de estas compañías, así como del Banco de la República, es ganar esa batalla y extender el uso digital a todo el país, aprovechando el importante número de celulares que hoy existen. De acuerdo con el Dane, en las zonas rurales de Colombia ya hay 6,9 millones de personas - el 62,8 por ciento de la población - que tiene uno de estos teléfonos. De ellos, 5,2 millones son smartphones.

A esta iniciativa se suman voces gubernamentales como la del superintendente financiero César Ferrari, que en el pasado evento Camp –que lidera Asobancaria,  celebrado en Cartagena– insistió en que es necesario disminuir el uso del efectivo en Colombia “no sólo porque el mundo moderno ahora es más digital, sino también porque es una manera de combatir la corrupción y los dineros mal habidos”. 

El Banco de la República, por su parte, decidió hace un par de años “impulsar un nuevo Sistema de Pagos Inmediatos (SPI) que cubrirá una multiplicidad de casos de uso y garantizará amplio acceso e interoperabilidad en los pagos electrónicos”.

El proyecto avanza de acuerdo con el cronograma y en estos momentos inicia la fase tres, que dura nueve meses, y en la que las entidades participantes deberán implementar mecanismos para habilitar tecnologías de acceso requeridas para procesar las órdenes de pagos y/o las transferencias de fondos inmediatas. La fase cuatro, a comenzar en febrero de 2025, incluye la creación de un ‘directorio centralizado’ para que, en mayo de ese año, entre en operación el ‘mecanismo operativo de liquidación’. El SPI estaría listo en el tercer trimestre de 2025.

En un podcast hecho hace poco, la directora de Sistemas de Pago del Banco de la República, Ana María Prieto, explicó que el sistema tendrá tres componentes: la Cámara de Pagos Inmediatos, el Directorio Centralizado con identificadores de cédulas, números de celular o correos electrónicos de los clientes y el Liquidador Centralizado, que finaliza las operaciones y que estará operable las 24 horas, los 7 días de la semana, los 365 días del año.

El SPI debería superar los 92 millones de operaciones anuales hacia 2027, según ACI Worldwide, la plataforma tecnológica escogida para procesar todas las operaciones de ese nuevo esquema. Incluidas, desde luego, las que realizará don Héctor Vargas en su choricería de la plaza de mercado de Neira, Caldas, y que lo han convertido en uno de los primeros carniceros digitales del país.

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