Petro 2.0: radical en el balcón pero demócrata en el Congreso
7 Mayo 2023

Petro 2.0: radical en el balcón pero demócrata en el Congreso

Crédito: Fotoilustración de Yamith Mariño

La coalición del Gobierno le alcanzó al presidente Petro para aprobar el Plan Nacional de Desarrollo, aunque con sensibles modificaciones. De ahora en adelante, comienza una nueva etapa en su relación con el Congreso, en la que primará la negociación uno a uno con los parlamentarios y no con los dirigentes de los partidos.

Por: Redacción Cambio

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En la primera entrevista como presidente electo, en julio de 2022, Gustavo Petro le dijo a CAMBIO:  “Si nos aislamos nos tumban”. Su intención al llegar a la Casa de Nariño parecía ser la de construir un gobierno de unidad con representación de los distintos sectores que lo ayudaron a ganar las elecciones y que eran necesarios para su gobernabilidad en el Congreso.

El discurso de posesión hizo emocionar a fanáticos y detractores por su ánimo conciliador alrededor de una verdadera democracia construida entre todos. Once meses después, se ha dado cuenta de que concertar no es fácil. Si bien logró hacerse aprobar la reforma tributaria y el Plan Nacional de Desarrollo, y la reforma a la salud avanza a trancas y mochas, el saldo de víctimas es grande: siete ministros y un alto funcionario caídos en combate; una coalición agonizante y su hombre en el Senado, Roy Barreras, tumbado por doble militancia.

El pasado primero de mayo, Petro se subió al balcón de la Casa de Nariño, como en sus tiempos de alcalde, y dijo: “El intento de coartar las reformas puede llevar a una revolución”. Evocó al expresidente López Pumarejo, a José María Melo y a Jorge Eliécer Gaitán, lo que le produjo un ataque de rabia a la hija del prócer, Gloria Gaitán, su aliada en el Centro Nacional de Memoria: “Cómo se atreve a insultar a mi padre”, dijo.

“Creían que Petro acorralado bajaría la idea de la gran transformación, bajaría la idea del cambio social que simplemente se acomodaría para vivir tranquilo”, dijo el presidente, hablando de sí mismo en tercera persona. El viernes pasado, el fiscal general de la nación, Francisco Barbosa, dijo en entrevista con W Radio: “El presidente está asumiendo una posición de dictadura”, en respuesta a que Petro, un día antes, afirmó que él era el jefe de Estado y, por consiguiente, jefe del fiscal, algo que no es cierto. “Dejen de tuitear”, fue la reacción de la periodista María Jimena Duzán. 

Quizá esta es la imagen más autoritaria que Petro ha dejado ver hasta ahora en su joven gobierno. Sin embargo, hay señales que demuestran que su estilo ahora será el de alternar un discurso radical en la tribuna con un espíritu negociador en el Congreso, respetando las instituciones, como la única manera de sacar adelante su agenda reformista.

La ‘aplanadora’ se quedó sin fuerza

A Petro le llegó el baño de humildad que tienen todos los presidentes. Le pasó a Iván Duque con sus fallidas objeciones a la ley estatutaria de la JEP y a Santos con el plebiscito por la paz. Ambos casos representaron para los gobiernos anteriores un choque con la realidad. La crisis actual hace lo mismo para Gustavo Petro y para su proyecto.

El cambio es más difícil de lo que pensábamos”, le dijo el presidente a El País, de España.

Sin embargo, contrario a la reacción de Santos y Duque frente a sus crisis, la de Petro ha sido la de enviar mensajes de endurecimiento y no de flexibilidad. El discurso del balcón y sus decisiones respecto a su equipo ministerial generan nerviosismo en varias fuerzas políticas y han revivido el temor de algunos sectores hacia su figura. La “radicalización” ha sido la palabra más repetida por partidos como los de la oposición:

“El presidente sí se radicalizó, aunque siempre lo ha estado. Lo que pasa es que se dio cuenta de que una coalición que gire solo alrededor de acuerdos burocráticos no le alcanza para aprobar sus reformas”, dijo el representante Andrés Forero.

Por su parte, el senador de Cambio Radical Carlos Fernando Motoa aseguró: “Ya perdimos la cuenta de sus comentarios dañinos contra la Fiscalía, el Congreso, empresarios y Procuraduría”, y añadió que era grave que en su nueva salida al balcón, el presidente haya utilizado “términos propios del marxismo como: clase obrera, privilegiados, feudalismo, entre otros”.

Pero la histeria por las movidas del presidente hacia su supuesta radicalización se contrapone al reordenamiento de fuerzas que hizo el mismo Petro en su equipo de trabajo.

“La crisis de coalición de Gobierno no ha sido conjurada (...) el presidente sacrificó a la ministra de Salud y nombró un nuevo ministro con un talante más negociador y, si los partidos políticos tradicionales retroceden, la reforma a la salud va a salir bastante peluqueada, pero se garantiza que las otras 34 reformas tendrán alguna viabilidad”, fue el análisis del senador y polítólogo Ariel Ávila.

La salida de Carolina Corcho –a quien el presidente respaldó hasta el último momento– fue una sorpresa incluso para ella misma. La ministra esperaba seguir al frente del trámite de la reforma a la salud y ser la escudera de la esencia de la iniciativa. Pero justamente fue su poca disposición a ceder en la reforma lo que determinó su salida. Los partidos perdieron la confianza en la ministra y se aferraron a la flexibilidad que trató de demostrar Alfonso Prada.

En su reemplazo llegó Guillermo Alfonso Jaramillo, quien fue gobernador del Tolima, alcalde de Ibagué, congresista, secretario de salud y de gobierno de Bogotá. Jaramillo tiene más experiencia en negociación política que Corcho, quien venía del activismo, tanto así que Jaramillo era la opción más estratégica de Petro para la Alcaldía de Bogotá.

Su llegada a la cartera de Salud ha suscitado casi el mismo entusiasmo que produjo el sacrificio de Corcho. “Nosotros no hemos cerrado la puerta, esperamos que el ministro entrante, Guillermo Jaramillo, abra las puertas del Ministerio (...) No solo es la reforma a la salud, también es la de pensiones y trabajo”, dijo el representante de La U, Víctor Manuel Salcedo, quien tiene asiento en la Comisión Séptima de la Cámara, la puerta de entrada de la reforma a la salud y la reforma laboral. 

El Partido de la U, liderado por Dilian Francisca Toro, aplazó la decisión de declarase en independencia o seguir en coalición para el 10 de mayo, porque todavía no hay una postura unánime entre los congresistas. CAMBIO conoció que en el Partido de la U hay congresistas que todavía no quieren soltarle la mano al Gobierno y creen que es prudente esperar por lo menos hasta mitad de este año. 

"En realidad, el presidente dijo que no había coalición (...) la decisión gira alrededor de eso. Sí queremos ir a la independencia, pero esperaremos a ver qué pasa porque no se ha cumplido un año de estar en la coalición", dijo Dilian Francisca Toro.

El responsable de atajar –por el momento– los ánimos independentistas de La U fue el ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, otra de las ‘caras nuevas’ del equipo ministerial. El reemplazo de Alfonso Prada también es una apuesta de Petro por la cohesión ideológica de su gabinete y por una relación más eficiente con el Congreso.

Aunque la labor de Prada no fue del todo mala, el presidente hizo un cálculo de costos y beneficios sobre su salida. Con la llegada de Velasco, el Gobierno arropa a los ‘liberales progresistas’; es decir, el exsenador viene con los votos de los rebeldes a César Gaviria debajo del brazo.

Los liberales son la fuerza más numerosa después del Pacto Histórico. En total, tienen 46 congresistas, apenas dos menos que el petrismo. Eso sí, la labor de Velasco tiene que ser más eficiente y expedita que la de Prada y para ello es necesario bajar a los jefes políticos de la ‘aplanadora’. Petro se dio cuenta de que sus intentos de concertación con las cabezas partidistas resultaron en un proceso tortuoso y sin resultados y ahora le apuesta por negociar con las bancadas y no con los partidos. 

“Hablaremos con los líderes de cada partido cada vez que ellos lo quieran, pero no renunciaremos a nuestro derecho a hablar con cada bancada cuando no sea así”, dijo Luis Fernando Velasco.

Para el representante por el Pacto Histórico Heráclito Landínez, lo que ha habido es un "reacomodamiento del enfoque político del Gobierno en su relacionamiento con el Congreso, un nuevo estilo". Para Landínez, "la llegada de Velasco le da un nuevo aire a estas relaciones. Lo vimos en el trámite del Plan de Desarrollo que fluyó en algunos temas que veíamos difíciles".

El representante petrista reconoció que "hubo un esfuerzo importante en acercarse a los jefes de los partidos, a los directorios y no a los congresistas. Eso truncó el proceso de trámite de las reformas, como pasó con la reforma tributaria", y detalló que "el nuevo enfoque está más relacionado con los congresistas mismos. Ese enfoque se vio reflejado en la aprobación del Plan de Desarrollo".

Si bien el bautizo de fuego de Velasco en el Congreso parece exitoso para el petrismo, dejó una sensación agridulce si se analizan las propuestas importantes que se cayeron. La recomendaciones de la JEP, la creación de la agencia de seguridad digital, la negación de la integración vertical en materia energética, fueron artículos dados de baja en el debate. "Vi a Velasco un poco torpe en sus participaciones, incluso llegó a ser abucheado las veces que intervino, no le fue tan bien como el esperaba", le dijo a CAMBIO un congresista liberal que pidió no ser citado.

Pero el Gobierno se anotó varias victorias con el Plan de Desarrollo, como la aprobación misma del texto, que evitó su aprobación por decreto. Entre ellas, el artículo 55, sobre el mecanismo de adquisición de tierras para la reforma rural, que es la nueva bandera de Petro. "En la aprobación de este artículo se vio con claridad que los congresistas quieren tener voz propia, principalmente los liberales", dijo un congresista del Pacto Histórico.

La apuesta del Ejecutivo por eliminar a los intermediarios en su concertación con los legisladores prende las alarmas en la oposición por ser un obstáculo para recoger aliados de la coalición malherida pero todavía funcional. “Petro está atomizando los partidos bajo una postura de que el congresista es más importante que la institución a la que pertenece”, dijo el representante Andrés Forero.

El mismo Germán Vargas Lleras, quien hábilmente ha tratado de tomar la batuta de la oposición y sabe lo que es la disciplina de un partido, se ha tratado de acercar a Gaviria, Cepeda y Toro para tener el peso suficiente de frenar las reformas del Gobierno. “¿Qué hacemos para convencer a esa mona”, dijo Vargas Lleras hace unas semanas sobre Dilian Francisca. Además, el pasado 5 de mayo invitó a las tres colectividades a partir cobijas con Petro definitivamente por las declaraciones del presidente en las que aseguró que es “el jefe” del fiscal.

“Nuevamente les pido al Partido Liberal, Partido Conservador y Partido de La U que se separen del gobierno, que devuelvan los puestos que les han dado. Ojalá pongan por encima los intereses del país”, escribió Vargas Lleras en su cuenta de Twitter.

Lo cierto es que el presidente Petro sigue manteniéndose en los límites constitucionales a pesar de que sus discursos y declaraciones siembren dudas sobre ello. El mandatario es consciente de que la relación con sus electores no puede deteriorarse en un año de elecciones regionales. A ellos les habla y seguirá hablando en las plazas públicas y en su cuenta de Twitter, aunque se comporte mucho más blando y conciliador con el Congreso.

Hay un Petro 'Jekyll' vehemente y radical en sus palabras, que mantiene la fe de sus seguidores en que logrará sobreponerse a los sectores tradicionales y en cuatro años marcar un antes y después para Colombia. Pero hay otro Petro más 'Hyde', el estratega que reconoce la importancia del Congreso pero no de los caciques partidistas, de las transacciones políticas, y le apuesta por seguir negociando a través de un gabinete de confianza y más eficiente, para que el cambio que entusiasmó a millones no se trunque.

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