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Pocas veces la poesía, la verdadera poesía que siempre ha acompañado al ser humano en su periplo vital sobre la Tierra, tiene razones para celebrar con bombos y platillos. La razón es que la poeta rumana Ana Blandiana fue anunciada esta semana como la ganadora del Premio Princesa de Asturias en Letras, un premio que no solo hace justicia con una de las obras más emblemáticas de nuestro tiempo sino porque se trata de un reconocimiento a una intelectual consagrada a la recuperación de la memoria histórica en su país luego del régimen de Nicolae Ceaușescu. 

Hace pocos años tuve la oportunidad de organizar un homenaje a su trayectoria en el marco del Festival Internacional de Literatura Las Líneas de su mano en la Biblioteca del Gimnasio Moderno. En aquel septiembre de 2019, antes de la pandemia y de que nos tocara vernos a través de las pantallas, Ana Blandiana vino a Bogotá en compañía de su traductora, amiga y entusiasta promotora de su obra Viorica Patea, una experta además en poesía inglesa y norteamericana y profesora de la Universidad de Salamanca. Ellas regresaban a Bogotá dos años después de haber participado en la Feria Internacional del Libro y Blandiana aceptaba con generosidad un homenaje que se le rendía desde un colegio. La oferente central del homenaje era la poeta española Raquel Lanseros quien escribió, a manera de “Poética” una aproximación a los temas y asuntos centrales de su obra en verso y en prosa.  Fue no solo un acto lleno de emociones sino una semana en la que los lectores pudimos disfrutar de la lucidez de cada intervención de la poeta rumana en sus diferentes conversatorios, entre ellos con el escritor Juan Cárdenas, y otros encuentros con el público bogotano en el Centro de Memoria Paz y Reconciliación y algunas librerías. La lectura de cierre del festival fue memorable: un cerrado aplauso de pie durante varios minutos luego de su lectura final no podía ser la mejor clausura de un evento que desde el primer momento tuvo el carácter, la alegría, el tono y la reflexión de Ana Blandiana. Antes de esa lectura el poeta español Benjamín Prado compartió en sus redes sociales una frase emocionada que decía: “Hoy leeré con mi poeta favorita. Será muy emocionante”.  Después divulgaría una foto con ella con la siguiente frase: “Con Ana Blandiana, la novia de mis poemas. No se puede ser más maravillosa. Me ha matado. Leer con ella en Bogotá me lo llevo a la tumba”. Y fue no solo un sueño cumplido para Benjamín sino para muchos asistentes que le escucharían en vivo por primera vez leyendo en su lengua natal con un acento que trae todo lo inmenso y poderoso de una tradición poética y literaria arraigada en su propia leyenda e historia. 

El jurado del premio destacó que Blandiana es una “autora de culto en toda Europa, cuya obra destaca un profundo conocimiento del espíritu rumano durante un histórico período de opresión y establece como directrices de su proyecto literario la derrota y la esperanza”. De igual forma resalta que se trata de “una creadora radicalmente singular con una poesía indómita que refleja una capacidad extraordinaria de resistencia frente a la censura”.  Nos recuerda, a la vez, su traductora Viorica Patea que Blandiana “está envuelta en un aura de heroísmo, tanto por su valiente resistencia a la dictadura como por su abnegación a la hora de reconstruir la sociedad civil, después de la caída del comunismo. Ha vivido poéticamente su propia época y ejerce la libertad de decir la verdad con la confianza de que el deber del escritor es escribir siempre lo que cree sobre el mundo”.

Y es que la poesía de Ana Blandiana está cargada de una honestidad total llena de simbolismo y lírica donde la naturaleza, el tiempo, las palabras, la existencia y la libertad son ejes fundamentales para comprender una mirada original y única sobre la condición humana. Luego de ser sometida a la censura y la persecución su poesía se convirtió en una trinchera de resistencia en medio de la prohibición y el control. Así su poesía no solo fue un cohesionador de una identidad cultural sino de una memoria colectiva y necesaria. En aquel encuentro de 2019 le pregunté sobre el papel de la metáfora, la alegoría y otras figuras literarias en la censura para blindar el significado de lo que quería decir en cada poema. Respondió con total convicción y sencillez: “La metáfora y la alegoría llevaron a ser almas. La metáfora en la poesía podía expresar muchas zonas que habían quedado prohibidas por ejemplo la religión y la filosofía y con delitos que no se podía hablar se refugiaban en la poesía. Lo que es extraño para decir así, es que la censura de alguna forma no se oponía a la estética porque el mecanismo de la poesía moderna consiste no en expresar directamente las cosas sino en sugerirlas y de manera paradójica la censura de alguna forma pensaba sin cerebro en consonancia con la estética”.

Muchas de sus obras, que han sido traducidas al español y que se han editado impecablemente por algunas de las más importantes editoriales del ámbito hispano como Visor, Pre Textos, Galaxia Gutemberg y Periférica, tales como Mi patria A4; El sol del más allá & El reflujo de los sentidos;  Octubre, noviembre, diciembre; Variaciones sobre un tema dado y Primera Persona Plural & El talón vulnerable, Un ángel manchado de hollín (que contiene los poemas de la revista Amfiteatru (1984), Estrella predadora (1985), La arquitectura de las olas (1990), El reloj sin horas (2016) y una selección de aforismos de la poética de Ana Blandiana) y los libros de prosa Proyectos de Pasado y Las cuatro estaciones, confirman no solo su impacto e importancia en el mundo actual sino la pertinencia de su voz en la ancha patria del español y en todas las lenguas. Además, su papel como defensora de los derechos humanos, como activista en favor de la recuperación de la memoria histórica en su país, y como figura cardinal para entender el papel de la cultura y las humanidades en la sociedad de hoy, hacen de Ana Blandiana una de las intelectuales más destacadas de la actualidad. 

Nos recuerda la poeta que “en un mundo donde se habla y se escribe tanto, el significado del poema consiste en restablecer el silencio”. Precisamente en un mundo lleno de ruido, en el que muchos no escuchan la opinión del otro, donde el individualismo se impone en el reino de las selfis, la poesía de Blandiana es un refugio y una sólida tabla en medio del naufragio. Entre más ruido, más poemas de Ana Blandiana que nos permiten que hoy la poesía esté de fiesta, así sea por un instante en el que todo se detiene para aplaudir de pie a una de las autoras que ha sabido darnos una voz que perdurará en el tiempo. 

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