Martín Rivera Alzate
13 Enero 2024

Martín Rivera Alzate

Cambiar, para que todo siga igual

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El monto es lo de menos. Mil millones más, mil millones menos, en un presupuesto de cientos de billones, sin duda es insignificante. Lo que es verdaderamente molesto es que el Gobierno del Cambio no corrija las malas prácticas tradicionales y el abuso del poder.

Los viajes a Panaca en el avión presidencial de Duque fueron tan graves como es el séquito de aduladores de la Primera Dama Verónica Alcocer. Así de inapropiados han sido también algunos usos de helicópteros en varios de nuestros gobiernos. La orilla política es lo menos importante, lo verdaderamente frustrante es que los políticos y sus familias sigan utilizando el poder para sentirse superiores al resto, para abusar de él.

Una de las mayores esperanzas con la llegada del "Cambio" era que por lo menos se cambiará la forma en la que se ha gobernado el país; que los cambios de fondo se evidenciaran también en las formas. Pero eso, al igual que muchas otras cosas, sigue igual: la impuntualidad, el “usted no sabe quién soy yo” y el abuso de los esquemas de seguridad del presupuesto público para tareas personales son un quiste de la clase política de Colombia.

Lo ví durante mi periodo en el Concejo de Bogotá: concejales que son desconocidos para la gran mayoría de la ciudadanía que, solo por ser cercanos a altos funcionarios del Gobierno Nacional, tuvieron escoltas o un esquema de seguridad más robusto al del resto. Concejales que casi nunca asistían a las sesiones, y que cuando estaban casi no hablaban, pero cuando les preguntaban “¿para qué el esquema?” respondían “es que en este cargo generamos muchos enemigos”.

Excusas y razones siempre se van a encontrar para justificar acceder a beneficios personales.

Hay quienes dicen que estos son asuntos menores, que hay cosas muchísimo más importantes a las que le deberíamos dedicar más energía, y sí, tienen razón. Pero mientras quienes acceden al poder sigan usándolo para beneficio propio, si continúan con el despilfarro y los despropósitos clásicos de la política de siempre, los asuntos prioritarios no llegarán a primera plana. Ya se volvió lugar común decir que este Gobierno de Cambio no tuvo mucho, que todo sigue muy igual, y es que así ha sido.

Ni eso ha logrado el Cambio, cambiar.

Tendrán entonces los nuevos gobiernos locales la oportunidad de liderar con el ejemplo. Cruzo los dedos para que aparezcan alcaldes, alcaldesas, gobernadores y gobernadoras que estén dispuestos a experimentar sus ciudades no desde su privilegio sino como lo hacen la mayoría de las personas. Funcionarios que entiendan que la única manera de entender los problemas de las comunidades es conviviendo con ellas y no mirándolas desde sus carros blindados o desde helicópteros. Gobiernos que le den la instrucción a sus gabinetes de que vivan sus ciudades para que vean de primera mano que las frecuencias de las rutas de los buses son demoradas y que caminar en las calles asusta entre muchas otras realidades que sufren los colombianos en su día a día. 

Debemos exigir a nuestra clase política que renuncie a los privilegios injustificados del poder. Necesitamos normalizar que que los esquemas de seguridad, por ejemplo, se utilicen solo cuando sean absolutamente necesarios y que quienes tengan cargos de poder en lugares seguros puedan dejar sus camionetas y escoletas a disposición de líderes sociales, periodistas y activistas que en Colombia todos los días siguen siendo asesinados.

Y por el momento pongámonos de acuerdo en algo básico: lo público es para servir a los demás y no para servir a los políticos. Mientras estos sigan usando lo de todos para sus lujos serán culpables no solo de que lo verdaderamente importante no tenga protagonismo sino de que la gente siga pensando que maquilladores, fotógrafos y helicópteros es a lo que se refería este Gobierno con eso de vivir sabroso.

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