Luis Alberto Arango
3 Febrero 2023

Luis Alberto Arango

El valor de equivocarse

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El temor a reconocer una equivocación no nos hace menos profesionales o inferiores a los demás. Aceptar el error y aprender de él, madura la experiencia y ofrece mejores herramientas para enfrentar el siguiente proyecto que nos depare la vida.


El país es testigo de cómo la ministra de Minas y Energía colombiana, Irene Vélez Torres, insiste en sostener que unas declaraciones que dio recientemente en Davos, sobre no firmar nuevos contratos de exploración de petróleo y gas en el país, están sustentadas en un informe que no tiene errores, sino que ha sido mal entendido. En su momento, el presidente Petro declaró que la ciencia indicaba -refiriéndose a lo dicho por la ministra- que había tiempo suficiente para hacer una transición energética ordenada y planificada. (1)

Expertos han demostrado que la justificación científica a la que se refería Petro no tiene sustento técnico y que, por lo tanto, las declaraciones de la ministra fueron ligeras y basadas en una interpretación discutible de un informe de su ministerio. El único que ha sido capaz de reconocer posteriormente -aunque de manera parcial- el error, y eso hay que destacarlo, es el propio presidente quien dijo que su ministra había cometido un error matemático, en el que él mismo también incurrió, y minimizó el hecho haciendo una comparación de corte político que nada tiene que ver con el caso, para seguir defendiendo su plan de transición energética y a su ministra.

Por lo visto, el Gobierno no aprendió del error y va a insistir en mantener la transición energética a la velocidad que ellos quieren sin importar si están o no respaldados por la ciencia. La ciencia es lo de menos, aquí parece primar el fundamentalismo ideológico. Menuda irresponsabilidad. 

En la vida, todos nos equivocamos en algún momento. Es una parte natural de la esencia humana, del proceso de aprendizaje y del crecimiento personal. Sin embargo, muchas veces nos aferramos tanto a evitar equivocarnos que perdemos la oportunidad de aprender de las valiosas lecciones que traen las equivocaciones.

“Por lo visto, el Gobierno no aprendió del error y va a insistir en mantener la transición energética a la velocidad que ellos quieren sin importar si están o no respaldados por la ciencia”.

Conan O'Brien (2), comediante norteamericano, en un discurso brillante, profundo y sentido que dio a los graduandos de Dartmouth College en 2011, hizo una invitación a no tenerle miedo a fracasar. En sus palabras explicó que la brecha entre quienes buscamos ser y quienes realmente somos, es lo que nos hace únicos y nos define como individuos. Agregó que nuestro ideal percibido es la imagen que tenemos de nosotros mismos y cómo queremos ser vistos por los demás, pero a menudo no logramos vivir hasta ese ideal. 

Sin embargo, mencionó que, si podemos aceptar nuestros fracasos y aprender de ellos, estos pueden convertirse en un catalizador para el crecimiento personal y la reinvención. En lugar de ver los fracasos como algo negativo, estos deben ser vistos como oportunidades para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.

No hay nada más honesto, profundo y valioso en un ser humano que aceptar una equivocación. Ella es fuente de crecimiento y de reinvención. En lugar de temer la equivocación, debemos abrazarla y verla como una oportunidad para reinventarnos y mejorar.

Cada error es una oportunidad para evaluar nuestras acciones y tomar decisiones más informadas en el futuro. Al aprender de nuestros errores, podemos mejorar y crecer como personas, y a menudo descubrimos nuevas soluciones y oportunidades que nunca habíamos considerado.

En las escuelas de negocios de alta gerencia se enseña que cometer errores es parte del proceso normal de desarrollo de un negocio. Si algo sale mal después de haber realizado un esfuerzo juicioso y disciplinado de análisis y ejecución, no hay razón para lamentarse, ya que probablemente el fracaso fue causado por una variable fuera de nuestro control o difícil de predecir. Sin embargo, esto no exime a los ejecutivos de reflexionar sobre lo sucedido y evitar cometer los mismos errores en el futuro.

Todas las empresas exitosas en el mundo han tenido muchos fracasos en su historia. Proyectos en los que perdieron miles de millones, adquisiciones de empresas que no resultaron ser lo que prometían, errores en apuestas de nuevas tecnologías, cambios de gerentes generales que tuvieron que reversar antes de que quebraran la empresa, etcétera. 

“En las escuelas de negocios de alta gerencia se enseña que cometer errores es parte del proceso normal de desarrollo de un negocio”.

El éxito en una empresa o en el Estado consiste en lograr que la suma neta de los proyectos exitosos y de los fracasos sea positiva. Parece algo sencillo de lograr, pero no es tan fácil. Hay gerencias de empresas que lo hacen ver fácil, pues maquillan malos resultados para hacerlos lucir bien y esconden la cruda realidad de un fracaso. Esas son las peores gerencias, son desleales y poco profesionales. Por el lado del Estado, los malos gobiernos optan por decir mentiras, utilizan argumentos políticos sin sustento y hacen acusaciones falsas para excusar sus propios errores y equivocaciones.

Pretender que un negocio o un gobierno sea perfecto es una ilusión, exigir a un gerente general, al presidente de un país, a un ministro o a un director de un proyecto que todo plan, negocio o idea que propongan y ejecuten salga bien es ingenuo, como lo es también creer que el ser humano es infalible.

Las juntas directivas o dueños de empresas sin experiencia se detectan fácilmente cuando no aceptan que un proyecto o idea de negocio haya fracasado y juzgan con dureza a un gerente competente y profesional, así como a su equipo por no haber hecho bien su trabajo. Con el tiempo se aprende que, como dije, a pesar de haber tratado de hacer todo bien, unos proyectos fracasan y otros son exitosos. 

El fracaso de un proyecto, negocio y propuesta de gobierno puede deberse a detalles mínimos inesperados, subvalorados o a razones menos escondidas y más evidentes que a pesar de su visibilidad nadie había advertido hasta que ya fue demasiado tarde. Incluso la suerte, es un componente que puede jugar a favor o en contra de un proyecto de gobierno o empresarial. 

La madurez empresarial de un presidente de un país, de un ministro, del dueño de una empresa, de un gerente o de una junta directiva está usualmente asociada con su capacidad de tomar decisiones difíciles como lo es ponerle el freno a un proyecto o a una política que es un fracaso, dejando al lado la obstinación de insistir en tratar de convertirlo en éxito. Es decir, en ser capaces de cerrar un negocio, detener un proyecto empresarial o político, asumir las pérdidas y seguir adelante.

Equivocarse no define quiénes somos como personas. En lugar de centrarse en los errores, debemos enfocarnos en cómo podemos aprender de ellos y superarlos. Esto significa ser resilientes y no dejarse amilanar por un fracaso, aprendiendo de él. Para hacerlo, una buena práctica es dedicar tiempo a escribir sobre el fracaso, sobre lo que no salió bien, sobre el error, sobre la equivocación y hacerlo sin ninguna estructura preestablecida. 

El proceso mental de poner por escrito la experiencia de lo sucedido, contando la historia, los objetivos planteados, los errores cometidos, tratando de identificar sus causas, destacando los sentimientos que se experimentaron, señalando posibles culpables, etcétera, es una potente forma de aprender y de hacer catarsis. El acto de documentar lo ocurrido ayuda a liberar las emociones y también a cultivar un nuevo aprendizaje.

“Equivocarse no define quiénes somos como personas. En lugar de centrarnos en los errores, debemos enfocarnos en cómo podemos aprender de ellos y superarlos”.

La experiencia política, empresarial y de vida se puede definir como la suma de errores, de éxitos y de fracasos. Fondos de capital privado se inclinan más a invertir en proyectos de emprendedores que ya conozcan el sabor del fracaso que apostarle a sangre nueva que nunca ha hecho un negocio en la vida y que por lo tanto es novato en el arte de llevar a cabo un proyecto o negocio.

Hay muchos ejemplos de este y otros gobiernos y congresos en donde se evidencian personas que ante las fallas y errores prefieren maquillarlos, ocultarlos y no aceptarlos, en vez de enfrentarlos, reconocerlos y aprender de ellos. Su actitud demuestra falta de ética y de responsabilidad profesional y política.

La equivocación y los errores son inevitables de la vida. En lugar de temerlos, debemos verlos como oportunidades para aprender, crecer y reinventarnos. En vez de enfocar nuestra energía en los errores en sí mismo, lo valioso, edificante y duradero para la vida es aprender de ellos para poder enfocarse en nuevos retos, sabiendo que hay mayor experiencia para enfrentarlos y superarlos.

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(1)    En el siguiente enlace pueden ver en video un informe de Cablenoticias con las declaraciones de Petro diciendo que la ciencia indicaba que había reservas de gas hasta el 2037 e incluso hasta el 2042. Esa información está consignada en la página 18 de un informe de diciembre de 2022 del Ministerio de Minas y Energía denominado “Balance de contratos de hidrocarburos y recursos disponibles para la Transición Energética Justa”. Los expertos que saben del tema sostienen que ese cálculo de reservas está mal hecho y que es irresponsable la conclusión del presidente Petro al respecto. Por lo tanto, su plan de transición energética se está haciendo sobre premisas de reservas futuras de gas falsas o por lo menos cuestionables. https://youtu.be/UIb_XXGrz2c

(2) Discurso de Conan O'Brien. Video en inglés. Lo puede encontrar en este enlace: https://youtu.be/KmDYXaaT9sA Dura 24 minutos aproximadamente.

La transcripción del discurso, también en inglés, lo puede encontrar en este enlace: 
https://whatrocks.github.io/commencement-db/2011-conan-o%E2%80%99brien-dartmouth-college/

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