Johana Fuentes
22 Marzo 2023

Johana Fuentes

Misión imposible

Por cuenta de la reforma política, la anterior legislatura cerró dejando al descubierto las diferencias entre el gobierno y la Alianza Verde, uno de sus partidos de coalición. Aunque ese primer pulso lo ganó el gobierno, la promesa fue revisar los puntos de discordia y hacer las respectivas correcciones, pero como la mayoría de promesas que hacen los políticos, esta también quedó en el olvido.

Varios congresistas verdes se opusieron a que el proyecto buscara la obligatoriedad de las listas cerradas y, sobre todo, un parágrafo que especificaba que para la conformación de dichas listas se tendría en cuenta el orden de elección del último periodo constitucional, sin condicionamiento de género, lo que prácticamente garantizaba la reelección del actual Congreso. 

La ponencia presentada esta vez no representa grandes cambios, por el contrario, cambiaron los micos por orangutanes. La modificación más significativa se hizo con respecto a las listas cerradas, que ya no serán obligatorias, pero que tendrán beneficios como mayor financiación para las campañas y una ubicación privilegiada en el tarjetón. 

Siendo consecuentes con la costumbre de legislar en causa propia, conservaron intacto el polémico punto que mantiene el actual orden de elección para la conformación de las listas, pero no conformes con eso le agregaron otra perla: El artículo que habilita a los congresistas para ser ministros, también les permite que una vez renuncien a su cargo regresen a su curul. ¡Tremendo regalo!

Quienes firman la ponencia son los senadores Roy Barreras, Fabio Amín, Julián Gallo y Ariel Ávila, este último fue uno de los mayores críticos de la reforma al cierre de la pasada legislatura, por eso le pregunté qué había cambiado para apoyar una ponencia que en vez de mejorar parecía estar hecha a la medida de algunos legisladores. Su respuesta fue que el gobierno había cedido en varias líneas rojas del Partido Verde, como la inclusión de las listas abiertas. Sin embargo, como ya lo mencioné, esas listas estarán en desventaja con esta reforma. También justificó la puerta giratoria de los congresistas al Ejecutivo, poniendo el ejemplo de los países europeos. La cuestión es que en Colombia no tenemos un régimen parlamentario como en Europa. 

La representante a la Cámara Catherine Juvinao –también de los verdes–, considera que las propuestas del partido no se tuvieron en cuenta: “No sé en qué cedieron en esta reforma. Esta es una reforma política peor que la de 2003. Le van a cerrar la puerta a nuevos liderazgos dejando a la misma bancada que tienen hoy. Y qué tal devolverme al Congreso a votar el proyecto que presenté como ministra, eso es una cosa abosolutamente chiflada”. 

El senador Humberto de la Calle fue más allá y dijo que “se ha degradado tanto la llamada reforma política que es mejor hundirla”. Roy Barreras –el más férreo defensor de la reforma– respondió a las críticas diciendo que “lo único que importa de la reforma es la lista cerrada. Todo lo demás puede desaparecer. Se juntan clientelistas y bodegueros en contra del cambio”. Si es así, ¿por qué incluyeron esos artículos en el proyecto? En los pasillos del Congreso se dice que algunos de esos micos están hechos a la medida de Roy y aunque él mismo ha afirmado que no le interesa ser ministro, la coherencia no es su mayor virtud. Además, manda un muy mal mensaje que el presidente del Senado llame clientelistas y bodegueros a los congresistas que de forma seria y con argumentos han señalado los micos de la reforma. 

Este miércoles, cuando en la Comisión Primera se disponían a votar el archivo del proyecto, Roy –fiel a sus jugaditas– adelantó la hora de la plenaria del Senado y la votación en la comision no se pudo realizar. Mientras eso sucedía, la representante Katherine Miranda recogía firmas con la premisa de archivar la reforma si no se eliminaban los micos. Al cierre de esta columna 70 congresistas la respaldaban. 

Lo más sensato sería que el gobierno reflexionara y no insistiera más en un proyecto penoso y que le hace daño a nuestra democracia. Todo parece indicar que en Colombia es una misión imposible aprobar una reforma que logre acabar con las prácticas clientelistas que por años han prevalecido en la forma de hacer política en el país. Lo más paradójico es que algunos de los congresistas que se hicieron elegir con una promesa de cambio, sean quienes están detrás de esa nefasta propuesta.

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