Santiago Trujillo
28 Mayo 2024

Santiago Trujillo

Una reflexión para una Bogotá cultural

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El secretario de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá, en texto exclusivo para CAMBIO, explica la política cultural de la ciudad y afirma que su gestión hará que Bogotá sea cada vez con más fuerza la capital de la diversidad cultural de Colombia. “Bogotá es la diversidad que nos une”, dice.

El oficio del gestor cultural suele ser silencioso; si bien muchas veces vive sus logros en la oscuridad de la tras escena, debe soportar sus desaciertos en el bullicioso escenario de las galerías. 

Más allá de esa dura condición, siempre es importante no olvidar la tarea que nos encomienda la cultura: preservar el sector al que nos debemos. 

Esto no quiere decir, de ninguna manera, que los cambios no sean posibles, pues siempre son necesarios y son parte esencial de la dinámica establecida por las prácticas artísticas y culturales que están en continuo movimiento; siempre intentando traspasar los límites de lo posible y haciendo las preguntas que otros sectores prefieren guardar, o incluso ni siquiera se han hecho. 

Aun así, la fragilidad de nuestros procesos requiere de miradas extensas, de un largo aliento, y de visiones de futuro que, de manera mancomunada, vayan edificando paso a paso las apuestas que nos hemos trazado y que, por fortuna de nuestra Bogotá, han sido en su gran mayoría producto del sabio ejercicio de la escucha. Por eso construir sobre lo construido se vuelve imperativo. 

Cabe resaltar que así lo hicimos nosotros al recibir un legado multicolor gestado en gobiernos de distintas miradas políticas, por eso podemos decir tranquilamente que ningún programa fundamental que llegó a nuestras manos verá en ellas su fin; al contrario, vemos en esas obras y programas el trabajo colectivo de artistas, gestores, tanto públicos como privados, que durante años esculpieron con esfuerzo unos procesos que quedarán bajo nuestra custodia para revitalizarlos, fortalecerlos y, seguramente, como corresponde en este ejercicio pendular de la democracia, afirmarlos en los énfasis de un Plan Distrital de Desarrollo.

Dicho Plan prioriza, en materia cultural, al ser humano y su universo sensible, al territorio barrial, a la sostenibilidad creativa y económica del sector, al bienestar ciudadano y a la recuperación de la confianza entre quienes somos y pensamos distinto, en una mirada donde la diversidad nos una y potencie, y no nos divida y fracture.

El papel del gestor cultural es tener lista la cocina donde se preparan las mejores obras para después servirlas en una gran mesa para que todas y todos podamos compartirlas. Esta labor trata no solo de abrir las puertas para que los invitados, o comensales, entren, se deleiten, y se sientan cómodos, es también de tejer los afectos, es limpiar las ventanas por las que podemos ver el futuro en una casa en donde todos y todas podemos ser.  Porque eso es Bogotá, es nuestra ciudad, es nuestra casa, es ese lugar que no solo debemos amar y proteger, sino vivir con la felicidad que debemos sentir, de que es el producto del esfuerzo de millones de personas que hacen aquí su proyecto vital.

El papel del gestor es proponer espacios de solución, abrir los debates y permitir el disenso como un derecho legítimo que aporta a la construcción de una democracia cultural, no perseguir a los que piensan distinto, o temer sus argumentos.

Ser gestor cultural es también afrontar duras batallas en las instancias que sean para que los tomadores de decisiones entiendan la importancia del arte y la cultura, es seducir con buenas ideas, es hacer posible lo que muchos consideran imposible, es vender sueños para hacerlos realidad, es ante todo recoger para volver a sembrar.

Próximamente, tendremos un Plan de Desarrollo que marcará un camino cierto y sensato para la cultura. Un Plan que en materia cultural se presentará en tres niveles: el primero, una Bogotá que viaja al interior de sí misma, llegando a los barrios y a las comunidades de afectos que se tejen en las cuadras y parques, al territorio emocional de las memorias y luchas comunes donde las solidaridades vecinales deben volver a emerger. Tejer confianza, futuro y esperanza desde el barrio. La segunda, una Bogotá en la que habita toda Colombia, aquella que se expresa en medio de la diversidad étnica, regional, artística y creativa más prolífica. Una ciudad metropolitana, que es el reflejo de un país entero, y que dialoga culturalmente con las regiones. 

El tercer nivel es una ciudad que es ventana al mundo, que se proyecta orgullosa de su talento y de las oportunidades que ofrece. Una Bogotá con festivales, congresos y encuentros donde nos reconozcan como un centro de libertad creativa en todas sus formas. En este sentido, proyectamos hacer grandes eventos de talla mundial, como una bienal de arte urbano y un festival de teatro y artes vivas, y daremos las condiciones para que grandes eventos sucedan en la ciudad, así mismo, apostamos porque esta sea una capital para pensar la cultura en Iberoamérica. 

Por último, tendremos una apuesta cultural en diálogo permanente con la ciudadanía y los creadores de Bogotá. Procuraremos hacer anuncios sobre hechos y acciones concretas que ya sean una realidad y no sobre promesas o acciones que sucederán en el futuro. Construiremos juntos, día a día, una narrativa de lo posible, de lo común, de lo acordado. Evitaremos al máximo los errores y cuando ellos lleguen, los aceptaremos con ponderación y juicio crítico, celebraremos los aciertos en plural, sin sectarismos, ni individualismos. Haremos de esta gestión un ejercicio efectivo y afectivo para que Bogotá sea cada vez con más fuerza la capital de la diversidad cultural de Colombia.

Bogotá es la diversidad que nos une.

*Secretario de Cultura, Recreación y Deporte. 

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