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Me irrita sobremanera el irrespeto de tantas personas a las culturas indígenas que habitan desde hace miles de años el territorio que hoy llamamos Colombia. Me decepciona el desconocimiento o infravaloración de la enorme riqueza cultural y sabiduría del más de un centenar de etnias que se encuentran en muchas áreas del país (no soy un experto, ni nada parecido, pero desde joven he leído mucho sobre ellas y he visitado docenas de sus comunidades).Y me preocupa que la mayoría de gente aún no sea consciente de la gran importancia de nuestra biodiversidad -no solo para nuestros ecosistemas sino para la salud del planeta entero. 

Por eso leí con gran interés el estupendo libro del antropólogo Martin von Hildebrand, quien ha dedicado medio siglo de su vida a la Amazonia y sus pueblos indígenas. Se titula El llamado del jaguar   (Yaifotsirimaki -en la lengua de los tanimukas, bello animal –el dueño del universo, según su mito). La vida y obra de Martin son fascinantes, ojalá muchas más personas las conozcan, para que sigamos impulsando su trascendental labor.     


En vez de tratar de interpretar ciertos mensajes claves de Von Hildebrand, les comparto literalmente algunos:

“…Vuelvo (a la selva, en 1972) no solamente con conocimientos, sino con una postura moral y política sobre el poder devastador de los comerciantes respecto a las culturas indígenas, la situación oprobiosa de quienes trabajan al servicio de los patrones del caucho y la de los niños en los internados, a merced de los misioneros capuchinos.

Admiré la amabilidad, la atención, la alegría y la generosidad de los indígenas. Siempre me sentí bien entre ellos. Agradezco el recibimiento que me dieron, a mí, un desconocido, un fuereño, llegando así, de ninguna parte. También su interés por mi mundo, mis cuentos, por mi persona.

En contraste me aterró la presencia del mundo occidental en la región. Su actitud dominante, racista, despectiva y de violencia contra los indígenas, a los que trataban como objetos, como seres inferiores, primitivos, que solo sirven para trabajar. Vi, con horror, cómo a los niños se les humilla, se les niegan su identidad, sus relaciones familiares, su comida, sus rituales, su idioma; cómo se les somete al catolicismo, al castellano, a la comida de los blancos y la idea de que son superiores. 

A pesar de tanta negación, tanta humillación, fue extraordinario verlos celebrar sus bailes rituales, cuando los dejaban. Nunca los vi amargados o resentidos, a pesar de vivir dominados y esclavizados, desde hace, por lo menos, tres generaciones. Los vi, por el contrario, buscar con dignidad estrategias para cambiar esa situación…”. 


“….¿Por qué mi compromiso con la Amazonia y sus culturas indígenas?  Porque su saber invaluable -tanto como el de la cultura occidental o de cualquier otro horizonte –hasta ahora ha sido injustamente menospreciado. Y, además de menospreciar su cultura, se ha menospreciado también el territorio mismo…”. 

“…El peor defecto (en las comunidades indígenas) es “mezquinar” : no dar, no recibir, no compartir, negar las relaciones con los demás...”.

“...La meditación del chamán Federico Tanimuka se refería a la dificultad de darle tanto poder a una sola persona, pues ese individualismo entra en conflicto con la visión comunitaria de los indígenas…”. 

“…La tradición indígena entiende la naturaleza, incluida la humanidad, como un gran sistema de vida donde todo está interconectado y es interdependiente. El bienestar de cada uno depende del bienestar de todos, formando el equilibrio dinámico del conjunto...”. 

“…Nuestras normas y políticas son antropocéntricas, mientras que las de los indígenas son ecocéntricas…”. 

“…Según estudios científicos, el punto de quiebre para el colapso irremediable de la selva es que la deforestación llegue al 25%.Ya vamos en 18% y, al ritmo actual, podemos llegar al punto de no retorno en las próximas tres décadas…”. 

En su libro, Martin cuenta sus increíbles experiencias, varios interesantes mitos indígenas y sus formas de pensar y actuar, y describe su extraordinaria labor –apoyada principalmente por los presidentes Alfonso López Michelsen, Virgilio Barco y Juan Manuel Santos, mediante la cual se han hecho grandes avances en el derecho de los indígenas a sus territorios tradicionales (26 millones de hectáreas –por ejemplo el 53% de la selva amazónica se encuentra protegida bajo la figura de resguardos, es decir, la propiedad inalienable de los pueblos indígenas), el reconocimiento de sus demás derechos y el de su gobierno propio (como afirma Martin, ellos siempre han tenido sus propias instituciones de educación, salud, economía, gobierno y relación con el medio ambiente, más integrales que las nuestras). Bastante se ha avanzado desde esa muy lamentable primera impresión del autor en 1972 (citada al comienzo de este escrito), pero aún falta mucho terreno por recorrer.

A sus 81 años, Von Hildebrand no se detiene. Ahora trabaja por convertir en realidad otro de sus valiosos sueños:  el  gran corredor ecológico y cultural Andes-Amazonas-Atlántico, el denominado Sendero de la Anaconda (el trecho de selva continua más largo del mundo).

Colombia y el mundo necesitan con urgencia muchas más personas como Martin –mil gracias por su magnífico legado y su ejemplar liderazgo.  
 

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