Las negociaciones internacionales en salud y su posible impacto en las políticas de salud en Colombia

Crédito: Colprensa

8 Junio 2024

Las negociaciones internacionales en salud y su posible impacto en las políticas de salud en Colombia

En artículo exclusivo para CAMBIO, Germán Velásquez, doctor en Salud Pública y asesor sobre el tema en diferentes organismos internacionales, explica cómo el liderazgo en la agenda internacional de Salud del actual gobierno no consigue arrancar en asuntos fundamentales que Colombia tiene la capacidad de promover y que hubieran podido reforzar las propuestas nacionales en el tema de la salud.

Por: German Velásquez

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He participado durante varias décadas en la lucha por el acceso de todos a la salud y más concretamente a medicamentos esenciales para las personas más vulnerables, o sea, la mayoría de quienes viven en los países del Sur. Lo he hecho desde la Organización Mundial de la Salud y luego en el Centro Sur. Por otro lado, he intercambiado y contribuido a los análisis del sistema de salud colombiano con las personas a cargo del sector salud de los diferentes gobiernos anteriores, con la academia, con organizaciones no gubernamentales y con algunos responsables de salud del actual gobierno.  

Esta es una reflexión crítica y constructiva que busca aportar en el tema de las negociaciones internacionales en torno a la salud, donde considero que tendríamos como país el poder de liderar. Mi análisis crítico es consciente al mismo tiempo de la oposición al proyecto de justicia social que propone el gobierno actual por parte de aquellos que desde siempre se consideraron “dueños del país” y que además son dueños de los medios de comunicación que se oponen sistemáticamente al cambio. Apoyé y sigo apoyando la propuesta del actual gobierno de seguir trabajando por una sociedad más justa como una de las condiciones para la paz. No hago parte del actual gobierno, pero estoy muy lejos de identificarme o querer participar en la oposición.  

Quiero subrayar tres puntos fundamentales en los cuales Colombia podría, a mi juicio, ejercer un liderazgo en las negociaciones internacionales en torno a la salud:

La promoción de una agencia latinoamericana de regulación de medicamentos

A la llegada del actual gobierno en el periodo post traumático de la COVID 19, varios desafíos y oportunidades se presentaron a un gobierno que anunciaba el cambio. Se hubiera podido asumir y ejercer sin mucha dificultad un liderazgo en la OMS, en la OPS, en otros organismos internacionales y en la región de Latino América y el Caribe, en el tema del acceso a los medicamentos. Desafortunadamente, hasta ahora, no ha sido posible.  Afortunadamente quedan todavía dos años para poder hacerlo (el vaso medio lleno…).

Todo empezó bien con el lanzamiento de la idea por el presidente Petro, en Buenos Aires, en diciembre del 2022, en el marco de la CELAC,  de promover la creación de una Agencia de medicamentos para Latinoamericana y el Caribe, -AMLAC- que tendría como objetivo contribuir a la integración regional a través de la armonización y convergencia en materia de regulación sanitaria y la creación de un mercado regional de medicamentos en busca del acceso a medicamentos y dispositivos médicos seguros, eficaces y de calidad. Este proyecto del presidente, que fue recibido con entusiasmo en países como Méjico y Cuba y contó con el apoyo firme del Centro Sur, no tuvo mucho seguimiento, ni en el ministerio de salud ni en la cancillería. Al mismo tiempo, los 46 países de la región africana se habían lanzado en una empresa similar de crear una agencia africana de medicamentos, proyecto que ahora avanza con viento en popa. Esta hubiera sido, o sería, una preparación de la región a las futuras posibles pandemias, de las cuales nos viene hablando la OMS.

Revisión del Reglamento Sanitario Internacional y de un Tratado pandémico internacional vinculante

Desde hace dos años se negocian justamente en la OMS, paralelamente y con una cierta confusión, tanto la revisión del Reglamento Sanitario Internacional del 2005 (el cual, como se constató durante la pandemia, fue insuficiente para afrontar la COVID 19) como el contenido de un tratado pandémico internacional de carácter vinculante.  En la Asamblea Mundial de la Salud -AMS- que acaba de terminar, al inicio de junio del 2024, estos dos temas fueron centrales en los trabajos que llevaron a cabo las delegaciones de los 194 miembros que se reunieron en la ciudad de Ginebra. 

Desafortunadamente, los resultados de las negociaciones en esta AMS sobre esos dos temas no fueron los mejores desde la perspectiva de prepararnos a posibles futuras pandemias. El primero, la revisión del reglamento sanitario internacional del 2005, se aprobó el sábado 1 de junio cerca de la medianoche, luego de una maratón que tuvo pendiente y demoró el cierre de la AMS hasta el último momento. El compromiso del texto final, como era de esperar, le conviene más a la industria farmacéutica de los países industrializados que a la mayoría de la población mundial que vive en el Sur.

En lo que se refiere a la negociación que venía desde hace dos años para concluir un tratado internacional pandémico, la AMS fracasó en llegar a un acuerdo en el plazo que estaba previsto. Se acordó entonces extender las negociaciones por un año. 

¿Porqué fracasó la negociación sobre el tratado y como se debería “seguir negociando? 

El proyecto de texto que se discutió está muy lejos de responder a los problemas que se descubrieron durante la COVID 19. Los países en desarrollo consiguieron imponer en el texto referencias generales a la “solidaridad” y la “equidad”. La verdad es que para promover la solidaridad y la equidad con mecanismos voluntarios no se necesita un tratado. Se trata, más bien, de identificar y aprobar instrumentos y mecanismos jurídicos para defender los derechos de los ciudadanos. La solidaridad basada en una cierta ética o caridad religiosa no funcionó en la pandemia del COVID 19, en la que el mundo industrializado acaparó más del 80 por ciento de las vacunas, diagnósticos y tratamientos que se produjeron en esos tres años.

El texto de negociación al que se llegó en estos dos años propone, por ejemplo, que el 20% de los medicamentos esenciales – vacunas, medicamentos, diagnósticos y tratamientos- se destine a los países en desarrollo y el resto a los países industrializados.  Propuesta que la revista Lancet calificó como la “formalización de la injusticia”. Esto fue lo que sucedió durante la COVID 19: más del 80% de las vacunas fueron acaparadas por los países industrializados, y hasta el propio director de la OMS denunció el hecho como un apartheid sanitario. Ahora se propone que esta injusticia figure en el texto mismo del tratado.

Los países industrializados inundaron el texto de términos como “mecanismos voluntarios y mutualmente acordados”, “cuando sea conveniente”, y “sin perjuicio de…”, etc. El mecanismo voluntario del COVAX, mutualmente acordado, NO funcionó.

Colombia y muchos otros países en desarrollo no consiguieron cambiar el rumbo de la negociación que fracasó hasta ahora. Con frecuencia los países en desarrollo se contentan con participar, pero participar no es liderar. Lo que es más preocupante es que algunos países que “participan” hicieron un llamado para seguir negociando sobre las “bases de lo que se ha logrado”. Esta aproximación es peligrosa para la continuación de las negociaciones. De hecho, sería necesario agregar un texto nuevo que permita negociar sobre instrumentos vinculantes. Para negociar en un tema donde los intereses y el poder financiero de los países industrializados son desmesurados, hay que ser más ambiciosos y exigir justicia más que una equidad “voluntariamente acordada”. Las instrucciones de la cancillería y del ministerio de salud se quedaron demasiado cortas para poder contribuir y liderar la negociación del tratado internacional contra futuras pandemias.

Creo que Colombia debería ser mucho mas ambiciosa en estos tres temas mencionados: promover una Agencia latinoamericana de medicamentos; defender posiciones más fuertes y claras en relación con el reglamento sanitario internacional; e influenciar la promoción de un tratado vinculante sobre las pandemias que defienda los derechos de todas las personas y la justicia social a nivel global. 

Las negociaciones multilaterales en salud sirven para proteger y reforzar las políticas nacionales. Vivimos en un mundo interdependiente, en el que unos (los países en desarrollo) son más dependientes que otros. La unión de los países del Sur no es una posibilidad sino una necesidad. 

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