
Hacerse preguntas. Una conversación pendiente con Margarita Rosa de Francisco
Margarita Rosa de Francisco.
Hastiada de los insultos y la violencia verbal de sus contradictores, Margarita Rosa de Francisco decidió retirarse de las redes sociales. En esta conversación con Sandro Romero Rey habla de sus proyectos actuales y de 'Margarita va sola', libro que lanzará en abril.
Por Sandro Romero Rey
Yo no sé si Margarita es una provocadora. A veces lo parece, a veces se fatiga de los malentendidos. Lo que sí se evidencia es que sus espectadores han confundido a la actriz con sus personajes. Con el paso del tiempo la castigan por haber dejado que la vida se le note en su rostro y ya no se parezca al papel que necesitan que cumpla. Si ha sido una niña bien, necesitan que siga siéndolo. Si ha sido una bella recolectora de café que se vuelve exitosa ejecutiva enamorada, le exigen que siga así por siempre. Si juguetea con el rol de una vieja alcohólica deciden que ella es el personaje que representa. Esa suerte de identificación con sus invenciones, al principio debió parecerle divertida, pero supongo que ya no lo es. Ella ha decidido mantenerse alejada de las redes, concentrarse en los libros, en sus estudios de filosofía, en la escritura, en su impecable soledad. A veces conversamos desde la distancia. Digamos, los domingos, cuando la vida es más aguda. Hace 13 años montamos un espectáculo que tuvo su vida propia y Margarita supo ponerse a prueba. Desde esa época no nos vemos y el mundo ha dado vueltacanelas temibles. Pero creo que nunca hemos dejado de ser buenos amigos, a pesar de las distancias y de los latigazos del tiempo. Esta conversación es un pretexto para hablar de muchos temas y una carta de presentación de Margarita va sola, su nuevo libro que asaltará a los lectores en el próximo mes de abril.

CAMBIO: ¿No te parece que hoy, con todas las discusiones de género, hay una suerte de hipersexualización en la que se está priorizando el mundo alrededor de este tipo de pulsiones, en detrimento de otros temas (como el de la desigualdad entre las clases sociales) que, hasta hace muy poco tiempo, era el epicentro de las reflexiones en las ciencias humanas?
Margarita Rosa de Francisco. Yo estoy empezando a admitir que el problema básico no es ni lo uno ni lo otro individualmente sino mucho más de fondo. Las clases sociales son una consecuencia del fundamento ético que supone que hay personas humanamente superiores o mejores que otras y que hay cuerpos que valen más. Esa lógica excluyente y totalitaria es la que rige el funcionamiento de este mundo. Tiene sentido que esa matriz, desde la cual hemos accedido al conocimiento de todo lo que nos rodea desde hace milenios se haya reventado por el lado más existencial de todos: el sexo y su imposición performática, que es el género. De ahí que el tema de la identidad sexual sea hoy tan relevante. Está relacionado directamente con el origen de la vida. No creo que el debate se haya hipersexualizado, sino que ya son insuficientes las categorías que dicha matriz ha provisto para clasificar las subjetividades que se están expresando. Ya ni el lenguaje alcanza. Las ciencias naturales, que determinan que es lo real, no son naturales. Estudian “la naturaleza” que un sistema político determina como tal. Yo estoy dispuesta a abrirme a la posibilidad de ver el sexo biológico también como una interpretación más. No en el sentido de decir que es imaginario, sino que no tiene por qué corresponder a un referente fijo del ser.
CAMBIO: En una entrevista reciente con Mar Candela te parecía estupendo que no te identifiquen con tus personajes de telenovelas porque representan lo que rechazas ahora: el clasismo, el racismo, el machismo y demás conductas inaceptables. Sin embargo, ¿quién ha dicho que un actor es su personaje? Si representas a Lady Macbeth no necesariamente vas a ser una asesina. El melodrama es un juego, que tiene sus reglas desde hace tres siglos. ¿Por qué rechazarlo en vez de enseñar a aprender a mantener la diferencia entre la ficción y la realidad?
M.R.dF.: Lo que pasó fue que Natalia París puso un tuit que decía algo así como que la gente antes me quería, pues me veían como la Mencha –y ahora no– porque me volví mamerta y que qué lastima. No lo dijo exactamente así, pero ese fue, básicamente, el mensaje. Yo contesté que menos mal ya no me quieren por ser como la Mencha, pues representa a la niña hija de ese coctel de deformidades sociales como el clasismo, el racismo, el arribismo y el machismo. Sería terrible que me siguieran queriendo por eso. O sea que el público es el que cree que uno es el personaje. De todos modos, es interesante esa división entre ficción y realidad, que sigue siendo parte del tema del paradigma que define qué es la realidad. Para mí, la frontera no es tan “objetiva”. Mi realidad como Margarita Rosa (un nombre arbitrario, además) también es una ficción, pero es un personaje que interpreto bastante bien y que tampoco tiene unas características fijas (a veces me escandalizo conmigo misma). Todos mis personajes participan del ser que les da vida y ese ser se manifiesta en diferentes capas, y lo hace de modos que mi personaje social de Margarita Rosa no muestra sino cuando encuentra una intención artística para hacerlo. Allí, ella, el personaje actriz, hace su trabajo; explora y selecciona modos posibles de ser y, con esos elementos, construye sus otros personajes, que no son ese mismo que en la escena social se llama Margarita Rosa, pero beben de la misma fuente de su ser.
CAMBIO: Richie Ray me decía que él estaba, palabras más, palabras menos, condenado a cantar Sonido bestial por el resto de sus días. Sin embargo, goza con su personaje, que no es el pastor protestante en el que se convirtió hace décadas. En tu caso, da la impresión, a juzgar por lo que dicen tus detractores, de que estuvieras “arrepentida” de tu pasado…
M.R.dF. Yo me arrepiento de muchas decisiones que he tomado en mi vida personal y también de la posición que, como mujer, me obligaba a ocupar ante los hombres que quería. Me arrepentiré toda la vida de no haber sacado la cara por mí misma cuando tuve la oportunidad. En cuanto a mi pasado profesional, no me arrepiento ni de la peor telenovela que he hecho. Agradezco que me hayan invitado a todos los proyectos en los que he participado. Lo que pasa es que no vivo colgada de los éxitos ni de los fracasos que he tenido. Me divierto más con lo que hago ahora: estudiar filosofía en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD (voy en octavo semestre) y, eventualmente, hacer algún personaje que me llame la atención.
CAMBIO: En la conversación con Mar Candela, dices que te parece absurdo y hasta peligroso que la gente “te siga” en las redes. Pero la dinámica de Twitter es esa. Entiendo que no es un dispositivo para monologar. ¿Por qué le dedicaste tanto tiempo a ese ejercicio salvaje de la polémica virtual?
M.R.dF. Abrí mi cuenta de Twitter en 2009. Me parecía muy entretenido aquello de tratar de decir lo más posible con una cantidad limitada de caracteres. Como ejercicio de raciocinio, ingenio y escritura era una diversión y, por supuesto, también la interacción directa con gente de todo el mundo. Por medio de esa red, en particular, conseguí nuevos amigos y tuve acceso a personas admirables. Lo que pasó es que me empecé a cansar del ruido que yo misma estaba produciendo ahí. Una voz menos en el barullo no puede sino ser saludable. Para mí, lo divertido de Twitter no era tener “seguidores” (palabra horrible), sino la discusión pública en sí y también las lecturas colectivas. Podría haber seguido manteniendo solo eso, pero no es fácil estar en esa red y no meter la pata como lo hice tantas veces. Por eso me parece peligroso. Si es cierto que hay gente que se influencia por las cosas que uno dice ahí, es mejor retirarse de la escena. También es una práctica de emancipación, pues me salí de todas y me siento vivir la vida pequeña –que es la única que tengo– fuera del radar. Ahora viene el “sin embargo”: sin embargo, conservo mi página margaritavasola.com como un medio para seguir publicando lo que escribo en un lugar donde se practique “el arte de la demora”, ya sea sobre mis textos o videos, o los de quienes me interpelan de manera menos reactiva y más reflexiva.
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