
Las vacas se comen la Amazonía
Aunque en los últimos seis años la ganadería y la deforestación han aumentado rápidamente, este problema hunde sus raíces en los inicios de la colonización del piedemonte amazónico y en la desacertada política agraria del Estado colombiano.
No hay lugar a dudas de que la ganadería sigue tomando fuerza en el país. En los últimos años, de acuerdo con datos del Censo Pecuario Nacional del Instituto Colombiano Agropecuario, la población bovina creció un 29,14 por ciento, al pasar de cerca de 22.689.420 millones en 2016 a 29.301.392 millones en 2022.
Antioquia, Córdoba y Meta mantienen los primeros puestos en la expansión ganadera, pero los departamentos amazónicos comienzan a cobrar protagonismo. Caquetá, que en 2016 ocupaba el séptimo lugar en número de cabezas bovinas en Colombia, ahora, en 2022, es cuarto por encima de Casanare, un departamento con histórica vocación ganadera. Incluso, en 2020 fue segundo en el censo al superar a Meta y Córdoba. En este periodo de casi siete años su población bovina pasó de 1,3 millones a 2,2 millones, un incremento del 64 por ciento.
La fiebre del ganado también se ha expandido por Guaviare, que décadas atrás no tenía vocación ganadera, pero que en los últimos años está siguiendo los pasos de Caquetá. Según el mencionado censo, entre 2016 y 2022, este departamento subió del puesto 21 al 15 en población bovina en Colombia e incremento sus cabezas de ganado 281.611 a 534.531, un crecimiento del 89,8 por ciento.
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