2 Septiembre 2022

El silencio de Mancuso por el asesinato de Paternina, la descubridora de la parapolítica

Salvatore Mancuso aún no habría revelado lo que sabe sobre la muerte de la fiscal Paternina.

Crédito: Yamith Mariño

Ketty Martínez, hija de Yolanda Paternina, fiscal que fue asesinada cuando investigaba las masacres de Macayepo y Chengue y estaba desenredando los hilos que unían a paramilitares con miembros de la clase política de Sucre, conminó a Salvatore Mancuso para que ahora en la JEP diga lo que sabe sobre el crimen de su mamá y de los políticos y funcionarios que están implicados.

Por: Iván Serrano

Esa mañana, los escoltas de la fiscal especializada de Sincelejo, Yolanda Paternina, desaparecieron de su lugar de trabajo. Era el miércoles, 29 de agosto del 2001 y para ese entonces ella ya sabía que su vida corría peligro.

Esperó lo más que pudo pero quería ir a su casa para verse con sus hijos. “Lo ideal es que no hubiera salido de su despacho y se hubiera quedado a dormir ahí”, dice su hija Ketty, 21 años después, pero su mamá era “arrebatada” y decidió salir a la calle a buscar un taxi.

Curiosamente, había uno a las afueras de su despacho, la fiscal que solía llevar trabajo a su casa salió con un expediente debajo del brazo, se subió al taxi y minutos más tarde fue asesinada por sicarios en moto en el barrio Ford, en Sincelejo.

El expediente que la fiscal llevaba consigo era el de un hombre llamado Arturo López Bermúdez, familiar de Enilce del Rosario López, alias La Gata. López estaba a punto de ser llevado a juicio por concierto para delinquir y por sus vínculos con grupos paramilitares.

El día del crimen el expediente desapareció.

La fiscal Yolanda era conocida como la Dama de Hierro de la Costa y sobre sus hombros estaban las investigaciones de algunas de las masacres más atroces en la historia del país. Para ese entonces, ya había entrevistado y brindado protección a Jairo Castillo, alias Pitirri, el testigo estrella que reveló el nexo de los paramilitares con políticos de Sucre e incluso con el propio exsenador, Mario Uribe, primo del expresidente Álvaro Uribe.

Yolanda Paternina era oriunda de Montería y se graduó como abogada en la Universidad de Cartagena. Trabajó en la Seccional de la Procuraduría en Montería, fue juez en Cartagena y su último nombramiento fue como fiscal especializada en Sincelejo.

Era madre cabeza de familia y siempre tuvo una relación franca y abierta con sus hijos, a quienes les contaba sobre los poderosos enemigos, clandestinos y en despachos públicos, que fue adquiriendo a medida que sus investigaciones avanzaban.

Dos investigaciones sobre dos masacres, Chengue y Macayepo, la pusieron tras la pista del despiadado Rodrigo Mercado, alias Cadena. Bajo su órdenes, decenas de campesinos fueron masacrados en Macayepo, El Salado, Ovejas y Mampuján.

Jaime Vides Feria, un curtido reportero de Sincelejo, tuvo que cubrir 32 masacres en la zona durante esa época. El relato que él le hizo a CAMBIO de la masacre de El Chengue explica el grado de crueldad de los criminales: “Allí fueron asesinadas 27 personas y quemadas 28 viviendas, los victimarios entraron en la madrugada apoyados por un helicóptero de la Armada. Los campesinos murieron no por disparos, sino por golpes contundentes en la cabeza propinados con un mazo. Fue horrible ver a 27 personas tendidas en la pequeña plaza del pueblo”.

Días antes de su muerte, la fiscal Paternina les hizo una sorprendente revelación a sus hijos, sabía que sobre ella pendía una orden para matarla, pero quien la había dado no era el peligroso alias Cadena, así se lo contó a CAMBIO su hija Ketty Martínez: “Ella nos decía: hijos nunca olviden este nombre: Salvador Arana”. “Pero mami, ¿el problema no es con Rodrigo Mercado, alias Cadena?”, preguntaba Ketty. “No, son los políticos, ellos me quieren matar porque yo me di cuenta que estaban siendo corruptos”.

“Cogían los pobres como gallinas y los mataban por matarlos”

Jairo Antonio Castillo, alias Pitirri, es el principal testigo en contra de los excongresistas Mario Uribe, Jairo Merlano y Álvaro García. Su testimonio entregado a la fiscal Paternina abrió las puertas de la Parapolítica y aún tiene grabaciones y documentos que no han sido tenidos en cuenta en procesos judiciales.

Castillo nació en un hogar humilde en Pisa, Sucre. Su nacimiento ocurrió antes de lo previsto, su bajo peso y estatura le hizo merecedor del remoquete de Pitirri, puesto por un tío a quien su sobrino le recordó a los menudos pajaritos que llevan este nombre y sobrevuelan la Mojana Sucreña.

“Me matricularon como a los 12 años, iba una semana al colegio y dos semanas no iba, veía estudiar como un tiempo perdido”. Castillo vive hace 21 años en Canadá, sigue utilizando un sombrero de ala corta que no se quita nunca, no ha perdido su acento de la Mojana, sigue sin saber leer y escribir pero tiene una memoria prodigiosa, así como grabaciones y una agenda que asegura que pueden poner a temblar a importantes personajes del estamento político nacional.

Pitirri comenzó vendiendo pan fiado en los pueblos. Con las ganancias compraba panela, que partía en pedazos y a su vez la vendía de casa en casa. Sus humildes y agradecidos clientes le pagaban cuando podían, pero siempre lo hacían.

En ese camino de comprar y vender lo que fuera desde niño, fue haciendo capital y muchos amigos. Pero las circunstancias cambiaron. Pitirri cuenta que la guerrilla llegó hasta uno de sus negocios y empezaron a pedirle sumas de dinero.

A mediados de los 90 llegaron otros foráneos armados y peligrosos. Pitirri cuenta que eran de Medellín, sicarios contratados por ganaderos que se hacían su sueldo cobrando cien mil pesos por cada muerto.

El primer asesinato de esa avalancha de violencia que apenas comenzaba ocurrió en un estadero propiedad de Pitirri. Era un campesino que fue ultimado a quemarropa por los recién llegados.

Días después, el jefe de la banda criminal llamó a Pitirri al orden, le dijo que iban por él y su familia, porque eran auxiliadores de la guerrilla.

Pitirri explicó que sus papás no tenían opción diferente a la de dejar que los guerrilleros acamparan en su finca y que tomaran los alimentos que quisieran, tal y como les tocaba a otros campesinos. “Eso no nos hace guerrilleros”, les dijo y se ofreció a trabajar con este grupo de asesinos, sirviéndoles de puente con alcaldes de la zona y con la Policía.

Pitirri hizo bien su trabajo. La Policía y la Infantería de Marina llegaban tarde o se ausentaban mientras estos grupos paramilitares cometían sus crímenes. Castillo no fue el único en la región que colaboró con estos grupos, porque detrás de la sangre y el destierro, había según sus palabras “un muy buen negocio”. “Apoyar a estos grupos era como apoyar a una ONG, los militares se salían, se salían de ser teniente de la Policía o cabo del Ejército o capitán para trabajar con los paramilitares y, ¿por qué? Porque esto se convirtió en un negocio donde empezamos a cobrar $10.000 por cada hectárea de terreno, empezamos a quitarle al comercio lo que llamábamos vacuna. En los municipios, de los contratos de $100.000.000 nos quedábamos con $20.000.000 o $30.000.000”.

Pitirri cuenta que incluso tuvo un carné que le permitía entrar y salir del Batallón de Infantería de Marina en Corozal a cualquier hora del día o de la noche.

En esas reuniones entre grupos paramilitares y políticos, Pitirri fue testigo privilegiado. En tres de las que estuvo coincidió con el exsenador Mario Uribe y asistió a muchas otras en las que estuvo el exsenador Álvaro García. 

Exsenador Mario Uribe, condenado por nexos con grupos paramilitares
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Pero la suerte de Pitirri empezó a cambiar cuando en una de esas reuniones, en la que además asistió Mario Uribe, se pidió la cabeza de Rafael Zuleta, un rico ganadero que le había prestado $1000.000.000 al exsenador Álvaro García para una de sus campañas.

Pitirri tenía agradecimiento y afecto por Zuleta y le contó del plan en su contra. Zuleta a su vez acudió al senador García para pedirle ayuda y contó que Pitirri era el que le había llevado la información.

Esto marcó el principio del fin de Pitirri en las autodefensas. Semanas más tarde, se enteró de una masacre que se estaba preparando para ser perpetrada en el sector de Las Ventas, al lado de la finca de sus padres.

Pitirri tenía certeza de que sus vecinos no eran guerrilleros y asegura que él mismo llamó a Mancuso para disuadirlo de la matanza: “Yo le dije ‘si matan a toda esa gente, yo mismo hago eso público, cuento quién lo mandó a hacer y quién lo hizo, yo lo sacó por la televisión, no sé cómo pero lo saco’”. Pitirri dice que los paramilitares le tenían reservas a los informes emitidos en noticieros, porque les obligaba a replegarse y a quedarse quietos por un tiempo.

“Ese cuento del mono Mancuso, de que ahí se estaba disputando un corredor o un territorio, no, no, papá, eso es mentira, (Mancuso) dígale la verdad al país, ahí usted lo que hacía era hacerse sentir para tener a los departamentos de Bolívar y Sucre bajo el dominio de los paramilitares, cogían a los pobres como gallinas y los mataban por matarlos”.

Según cuenta Pitirri, Mancuso le dijo que ya había pagado una plata a los militares y policías de la zona para que dejaran pasar a los comandos de exterminio y que habían sido $6.000.000. Pitirri le contestó: “No hay problema, yo esa plata la recojo, si es por eso no hay problema”. Pitirri asegura que él puso tres millones de pesos, los otros tres los reunieron los aterrorizados campesinos que terminaron haciendo una colecta y vendiendo lo que pudieron para así salvar sus vidas.

A esas alturas el desenlace no podía ser otro, Pitirri fue víctima de un atentado en el que quedó gravemente herido y fue recluido en un centro asistencial en Sincelejo.

Hasta ese lugar llegó la fiscal Yolanda Paternina a ofrecerle protección a cambio de su colaboración y valiosa información. Pitirri habló con Paternina en el año 2000, pero con la llegada de Luis Camilo Osorio a la Fiscalía su testimonio fue desechado.

Osorio engavetó el proceso en contra del exgobernador Salvador Arana, quien después fue nombrado embajador en Chile por Álvaro Uribe. 

Pero las investigaciones por paramilitarismo y parapolítica en Sucre cambiaron de rumbo cuando la Corte Suprema de Justicia inició sus investigaciones en contra de políticos de la región. Arana fue condenado a 40 años por el asesinato del alcalde de El Roble. Eudaldo Díaz y el testimonio de Pitirri han sido clave en otros procesos como los de los excongresistas Jairo Merlano, Álvaro García y Mario Uribe.

Jairo Antonio Castillo, alias Pitirri, fue el que le dijo a la fiscal Paternina quién la iba a matar y quiénes eran los que estaban orquestando su crimen.

Dos décadas buscando verdad, justicia y reparación

Ketty Martínez y su hermano perdieron casi todo con la muerte de su madre.

Ella era papá, mamá y quien les proveía del amor y todo lo necesario para crecer.

Ketty cuenta que con el dolor por la pérdida de su mamá vino también el miedo, miedo del que da testimonio cuando recuerda las diligencias judiciales en las que un abogado de apellido Ochoa, que fungía como apoderado del excongresista Álvaro García, les decía en frente de todos: “Miren pelados, retráctense de lo que acaban de decir porque sino a la salida se mueren”.

Pero fue Ochoa quien terminó muriendo de manera violenta años después. Álvaro Ochoa era un reconocido abogado de paramilitares, entre sus clientes se contaban  Edward Cobo, alias Diego Vecino; Salomon Feris, alias el Diablo; miembros del grupo de Enilse López, alias la Gata, y excongresistas como Yair Acuña. Ochoa fue baleado en noviembre del 2010 cuando se desplazaba en un taxi en la localidad de Teusaquillo en Bogotá.

Ketty afirma que un día el miedo se le fue y ahí comenzó a buscar las respuestas sobre el asesinato de su madre.

En el año 2006 logró entrevistarse con el exjefe paramilitar, Salvatore Mancuso, en su centro de reclusión, la cárcel de máxima de seguridad de Itagüí.

Ese día, según relata Ketty, Mancuso le dijo lo siguiente: “Los autores intelectuales de la muerte de su madre fueron Salvador Arana, Eric Morris y Álvaro García Romero”. También dijo: “Dejen eso así porque los pueden asesinar, los pueden matar, hay inmiscuidos tanto altos funcionarios como altos mandos”.

Lo que Mancuso le dijo a Ketty la llevó a atar cabos, como el de los escoltas que abandonaron a su mamá el día del asesinato, hecho que ocurrió, según ella, por orden del exfiscal Luis Camilo Osorio.

Luis Camilo Osorio, exfiscal general de la Nación

Pero la confesión privada de Mancuso de poco y nada ha servido para iniciar las investigaciones en contra de los determinadores del crimen de su madre.

Ketty cuenta que años después, en una audiencia de Justicia y Paz, logró encarar a Mancuso para que le repitiera lo que le dijo ese día en la cárcel de Itagüí, antes de su extradición. Esta vez el exparamilitar negó todo.

Ahora, con el posible ingreso de Salvatore Mancuso a la JEP, la hija de la Dama de Hierro del Caribe lo conmina a que en ese escenario diga lo que sabe sobre el crimen de su madre: “Yo le quiero decir al señor Salvatore Mancuso, ¿de qué verdad estamos hablando? Qué se amarre bien los pantalones y sostenga lo que él me dijo, porque yo lo sostengo ante cualquier institución, ante cualquiera, me pueden hacer un polígrafo sobre lo que él me dijo y se lo sostengo. Entonces, ¿de qué verdad quiere hablar, de la verdad que le conviene?¿Está tapando a los otros funcionarios?”.

Las grabaciones y la agenda de Pitirri

Hace un año, Ketty Ramírez logró contactar a Jairo Antonio Castillo, alias Pitirri, quien permanece desde hace 21 años en el exilio en Canadá.

Pitirri no solo tiene valiosa información sobre las masacres y la parapolítica en Sucre, sino que dice saber quiénes ordenaron la muerte de la fiscal Paternina y asegura tener pruebas.

Antes de su exilio, Pitirri brindó colaboración a la Fiscalía y en su casa tenía instalado un equipo de grabación de llamadas. El exparamilitar asegura que tiene copia de esas grabaciones en las que aparecen implicados políticos y funcionarios de Sucre, así como el relato de un plan de entrampamiento en contra de la desaparecida fiscal.

Además, dice que siempre ha estado dispuesto a contar lo que sabe sobre la muerte de la fiscal Paternina, pero asegura que en este caso no ha sido escuchado. Insiste en que está dispuesto a aportar a la verdad judicial que Ketty Ramírez busca y entregar las grabaciones y una agenda con valiosa información.

Luego de que se hizo pública la intención de colaboración de Pitirri con Ketty Ramírez, a los dos los han amenazado. Pitirri tiene un hijo en Colombia, al que amenazaron de muerte, y las amenazas en contra de Ketty Ramírez han arreciado; ella no cuenta con ningún esquema de seguridad.

Por su parte, Mancuso ha negado su cercanía con Pitirri, de él ha dicho que no hacía parte del Bloque Norte de las AUC. En respuesta, Pitirri exhibe su famosa agenda en la que Mancuso habría apuntado de su puño y letra nombre y teléfono. El argumento de esto es porque Pitirri no sabe escribir. Los datos en el cuadernillo fueron escritos por los directos implicados, dice Pitirri.

En abril del año pasado Mancuso denunció a Pitirri por falso testimonio. Los hechos que motivaron la denuncia fueron las declaraciones del exiliado exparamilitar en las que sindicó a alias la Gata como determinadora de la masacre de El Salado.

Pitirri le dijo a CAMBIO: “Si se ha preguntado el país, la justicia colombiana, ¿por qué Mancuso nunca ha tocado a la Gata? Se han preguntado ustedes como periodistas ¿dónde la toca, dónde la mienta? Esta era la empresaria más grande de Colombia, una de las más grandes. En donde los paramilitares arrastraban hasta a los vendedores de guarapo, la Gata le pidió a Mancuso que me hiciera un juicio de muerte en la finca de Capilla y yo no asistí. Yo era ignorante de que la tal Gata era el brazo derecho de Mancuso y que ahí las autodefensas lavaban el dinero con el chance”. 

Ketty Martínez espera que el crimen de su madre sea declarado un delito de lesa humanidad. Con Mancuso a las puertas de la JEP, espera que dé los detalles de una supuesta reunión en la casa de alias Cadena, a la que asistieron Eric Morris, Álvaro García y Salvador Arana, en la que se concertó el homicidio de la fiscal Paternina.

Eric Morris, Álvaro García Romero y Salvador Arana

Quiere saber cómo se logró dejarla sin esquema de seguridad y pide seguridad para ella y su hermano, porque quiere estar viva cuando se sepa judicialmente quiénes determinaron la muerte de su madre, la mujer que pagó con su vida iniciar las investigaciones contra paramilitares y parapolíticos.