
“Soñamos con un Norte de Santander en paz, productivo y competitivo”: William Villamizar
En entrevista con CAMBIO, el gobernador de Norte de Santander abordó los principales retos de seguridad en el Catatumbo, así como los avances en materia económica, proyectos de conectividad digital, educación e infraestructura, además de la lucha contra la corrupción. También habló sobre su relación con el Gobierno de Petro, su visión de futuro para la región y la expectativa de poder, esta vez, culminar su periodo completo al frente de la Gobernación.
CAMBIO: ¿En términos generales cómo le ha ido en estos casi dos años al frente del departamento?
William Villamizar: Hemos trabajado en lo que son las bases para que el departamento pueda avanzar en un desarrollo económico sostenible. Podemos decir que los pilares de nuestro plan de desarrollo son: frontera, paz, el Catatumbo y, obviamente, desarrollo económico. El año anterior se estandarizó el plan por aprobación de la Asamblea. Para poder ejecutarlo se necesitan los recursos de regalías, los recursos de un crédito que aprobó la Asamblea —de 300.000 millones de pesos— y los recursos propios, que también son fundamentales. En lo que llevamos, se ha logrado concretar propuestas importantes.
En términos generales, sentimos que el trabajo está avanzando a pasos agigantados. Se está contribuyendo al mejoramiento de la calidad de vida y el desarrollo de la región, porque faltaba la parte social, y hemos logrado sacar adelante lo que corresponde en vida, salud, educación, escenarios deportivos y demás.
CAMBIO: Hablemos de seguridad. ¿Cómo está hoy la situación en el Catatumbo y qué avances se han logrado en el retorno de las familias desplazadas por el conflicto?
W.V.: En medio de esta situación más de 60.000 personas se desplazaron en enero. Unas se ubicaron en Cúcuta, otras en Ocaña y otras en el Área Metropolitana de Cúcuta. Después de un trabajo de presencia institucional, de presencia de las Fuerzas Militares en el territorio y también de la necesidad de la gente de volver a sus propiedades y trabajar, se logra un retorno de más del 97 por ciento.
CAMBIO: ¿Qué pasa con quienes no han podido retornar?
W.V.: Lo que queda en estos sectores son personas que, por algunas circunstancias, ya no van a volver: ya sea por temor o porque buscaron nuevos horizontes. Esas personas se han instalado en diversas regiones del Catatumbo, incluso en otros departamentos.
CAMBIO: ¿Qué condiciones han permitido que ese retorno sea posible?
W.V.: En lo que tiene que ver con el Catatumbo se avanzó con presencia militar y, a pesar de que es una tarea del Gobierno nacional lograr escenarios de paz que no se han alcanzado, lo importante es que tenemos algunos mínimos. Mínimos que permiten que las obras se hagan, que haya presencia de la misión médica, que el conflicto no esté tan polarizado y agudizado, y que de alguna manera ayude a la comunidad.
CAMBIO: ¿Se puede afirmar que hoy el Catatumbo es una zona segura?
W.V.: No es fácil. La zona del Catatumbo sigue en confrontación, pero después del desplazamiento de más de 60.000 personas en enero, de las muertes, del confinamiento y demás, se ha logrado un plan retorno y la gente está en el territorio tratando de salir adelante.
Claro, no podemos decir que las condiciones de seguridad estén listas, porque las disidencias de las Farc y el ELN siguen enfrentadas. El Frente 33 está en una mesa de negociación y hay un acuerdo de cese al fuego entre ellos y el Ejército, pero el ELN no está en mesa y sí se enfrenta con el Ejército. Además, las disidencias de las Farc y el ELN también tienen confrontaciones. Eso indudablemente genera combates, muertes, desplazamientos y demás, pero en el contexto general se puede mencionar que, aunque persisten las condiciones de inseguridad, la gente está en el territorio.
CAMBIO: ¿Y qué está pasando en Cúcuta y el Área Metropolitana?
W.V.: Aquí hay otros factores: bandas del microtráfico, narcotráfico y estructuras como el Tren de Aragua o el AK-47, que se dedican a la extorsión. Todo ello es tarea de la Policía, la Fiscalía y el Ejército, que han dado buenos resultados con capturas e investigaciones, aunque no es fácil controlar porque, al ser zona de frontera, algunos de estos bandidos se esconden al otro lado.
CAMBIO: Con todo este panorama, ¿los indicadores de seguridad han mejorado o empeorado?
W.V.: En términos generales, los indicadores muestran mejoría: ha disminuido el homicidio y la extorsión, aunque tal vez perdemos en los robos callejeros, especialmente de motos, lo que alimenta la percepción de inseguridad. El balance de las autoridades ha mejorado en los últimos meses. No es una tarea fácil, pero en materia de seguridad estamos tratando de controlarla. Desde la Gobernación generamos consejos de seguridad, recompensas, trabajamos en cámaras y en toda una serie de aspectos que ayudan a la convivencia y fortalecen a los organismos de seguridad.
CAMBIO: Gobernador, entrando en materia económica: ¿cuáles son hoy los sectores más dinámicos de Norte de Santander y cómo se está moviendo la economía?
W.V.: La economía del departamento tiene varios soportes. Uno de los más importantes es el de los palmicultores: contamos con cerca de 43.000 hectáreas sembradas de palma, y el buen precio de este producto ha dado estabilidad a una parte del Catatumbo. Otro renglón fundamental es el carbón. Aunque hoy los precios están bajos, más de 40.000 personas viven de esta actividad, lo que hace que siga siendo un motor de empleo y sustento para muchas familias. También tenemos la industria de la arcilla, que produce materiales muy reconocidos en Colombia y que incluso llegan a exportarse.
CAMBIO: Además de estos sectores, ¿qué otras actividades están impulsando el desarrollo?
W.V.: La ganadería es un sector que está tomando fuerza. Haber logrado la certificación como zona libre de aftosa fue clave, porque ahora podemos pensar en crecer en exportaciones y en abastecer otros mercados del país. También tenemos cultivos como el arroz y la cebolla, que mejoran cuando logramos controlar el contrabando que viene de Perú y de otros países. Y algo muy importante: la mano de obra de nuestra gente en calzado y confecciones. Aquí se maquila para grandes empresas nacionales y eso permite que existan talleres satélites, que muchas familias tengan ingresos y que podamos mostrarnos en ferias tanto en Colombia como en el exterior.
CAMBIO: Precisamente, el departamento busca consolidarse como epicentro de integración económica con la construcción del Centro de Convenciones Virgilio Barco Vargas, el Centro de Eventos, Exposiciones e Innovación y la intervención de la Zona Franca de Cúcuta. ¿Cómo avanzan estos proyectos?
W.V.: Estamos construyendo un centro de eventos, que anteriormente era la Plaza de Toros, que tendrá un costo cercano a los 120.000 millones de pesos. Ya va en un 40 por ciento y estará terminado el próximo año. Será la gran vitrina para mostrar productos de la región: la feria del calzado, de la arcilla, de la palma, entre otras. A esto se suma un centro de convenciones en Villa del Rosario, con una inversión de 110.000 millones de pesos, que ya fue contratado y tiene asegurados los recursos. También estará listo en diciembre del próximo año. La idea es que pueda competir con los grandes centros de convenciones del país: Cartagena, Cali, Bogotá o el Eje Cafetero.
CAMBIO: ¿Qué características tendrá este centro de convenciones y qué impacto esperan que genere?
W.V.: Será un espacio moderno y competitivo: auditorios con aire acondicionado para 1.500 personas, más de 500 parqueaderos, pabellones, stands, museos, un centro de innovación y hasta la sede del canal TRO. Queremos que cualquier evento internacional, como un Congreso Mundial de Cirujanos, pueda pensarse en Villa del Rosario. Su ubicación es estratégica: a solo cinco minutos de la frontera, con un mercado colombiano y venezolano que lo convierte en una oportunidad única.
CAMBIO: Finalmente, ¿qué oportunidades se abren para los inversionistas con la zona franca?
W.V.: La zona franca fue renovada por 30 años y tenemos 12 hectáreas disponibles para que empresarios extranjeros, nacionales y locales se instalen con beneficios arancelarios. Esto nos da la posibilidad de atraer nuevas industrias que generen empleo, aprovechen la cercanía con Venezuela y fortalezcan nuestra economía regional. Es parte del legado que queremos dejar: un Norte de Santander con herramientas concretas para salir adelante.
CAMBIO: Hablemos de la “zona económica binacional”. ¿Cómo han visto esta iniciativa y qué expectativas tienen frente a ella?
W.V.: Hay incertidumbre porque ese memorando de entendimiento no fue socializado con los entes territoriales ni con la comunidad. Sin embargo, rescatamos lo positivo: en lo comercial, sin duda, hay grandes oportunidades. Los productos de Venezuela se necesitan en Colombia y los productos colombianos los necesitan allá. La frontera del Táchira y Norte de Santander es la más viva de América Latina, y las distancias permiten la competitividad.
CAMBIO: ¿Qué se necesitaría para que esta zona económica binacional funcione realmente?
W.V.: Lo fundamental es darle unas herramientas que la acompañen: un IVA diferencial, algunas exenciones de impuestos y beneficios para las empresas que se instalen en el corredor. Eso permitiría generar empleo, industria, comercio y riqueza que se redistribuye en la región. Desde el punto de vista comercial hemos trabajado: ya hicimos un encuentro binacional de empresarios y buscamos un encuentro de gobernadores de frontera para difundir este mensaje.
CAMBIO: El memorando también habla de una “zona binacional de paz”. ¿Cuál es su opinión sobre ese punto?
W.V.: No lo compartimos. La frontera debe ser un punto de unión y desarrollo, no una línea de límites. Aquí viven entre 2 y 4 millones de colombianos en Venezuela y hasta 3 millones de venezolanos en Colombia. Muchas familias tienen doble nacionalidad. Pero si se plantea una zona binacional de paz, se corre el riesgo de que los grupos armados, como las Farc o el ELN, usen ese espacio para expandirse hacia Venezuela o refugiarse allí sin que las autoridades colombianas puedan actuar. La paz debe trabajarse en el marco de negociaciones con esos grupos, no a través de una figura binacional.
CAMBIO: Entonces, ¿usted considera que la zona binacional debería enfocarse exclusivamente en lo económico?
W.V.: Exactamente. Debemos concentrarnos en el desarrollo comercial y productivo, que es lo que genera empleo y bienestar en la frontera. Ese debe ser el norte de la iniciativa.
CAMBIO: Pero hay un riesgo: ¿qué pasa si cambia el gobierno y la política hacia la frontera?
W.V.: Ese es el punto clave. Nosotros creemos que lo ideal es que la relación binacional no dependa de la ideología ni de la forma de actuar de un gobierno en particular. No importa si es de izquierda, de derecha o de oposición: lo fundamental es que siempre haya fronteras abiertas y relaciones comerciales estables. Eso es lo que esperan las comunidades, que prime la necesidad de apoyo mutuo sobre cualquier coyuntura política.
Además, no solo debería aplicarse con Venezuela, sino con todos los países fronterizos. Ahora bien, es un hecho que la relación está avanzando, pero ya hemos visto cómo en varias ocasiones se ha cerrado la frontera y luego toca volver a empezar. Lo que buscamos es que llegue un punto en que se estabilice de manera definitiva y no volvamos a esas dificultades.
CAMBIO: ¿A nivel económico cómo ven a Venezuela como mercado? ¿Hay oportunidades reales?
W.V.: Claro que sí. Venezuela tiene más de 30 millones de habitantes. Aunque muchos enfrentan dificultades, hay cerca de 3 millones de personas con ingresos altos, entre cinco y diez veces mayores que los de estratos altos en otros países de Latinoamérica. Es un mercado con poder adquisitivo al que podemos llegar con productos y empresarios de Norte de Santander y de Colombia. No podemos desaprovecharlo: en lugar de pensar en exportar solo a países lejanos con altos costos de transporte, tenemos aquí un vecino con gran capacidad de compra.
CAMBIO: ¿Qué condiciones se requieren para aprovechar ese mercado?
W.V.: Lo primero es la garantía de pago: hoy Venezuela paga por adelantado, lo cual da confianza. Luego, necesitamos agilidad en aduanas, menos requisitos, seguridad en la carga y mejores condiciones en los puentes internacionales. Esas son las arandelas que deben resolverse para que el comercio fluya. Cada encuentro binacional de empresarios sirve para revisar avances y hacer llamados a los gobiernos para estabilizar poco a poco esta situación.
CAMBIO: Gobernador, pasemos ahora al tema de infraestructura. ¿Cuáles son los grandes proyectos que están desarrollando en este momento y qué esperan dejar estructurados de cara al futuro?
W.V.: En materia de infraestructura hemos planteado dos grandes líneas: la que fortalece la competitividad y el desarrollo económico, y la que mejora la calidad de vida en las provincias. En el primer grupo están proyectos estratégicos como el Parque Industrial Zona Franca, el centro de promoción y el centro de eventos, que buscan atraer inversión, generar empleo y abrirles más espacio a nuestros empresarios.
La otra gran línea tiene que ver con la red vial. Allí hemos logrado avanzar con recursos de regalías, del presupuesto departamental y en articulación con el Ministerio de Transporte, empresas privadas y entidades. Un ejemplo es la Doble Calzada Cúcuta–Pamplona, ya finalizada por el Gobierno nacional, que le abre enormes posibilidades a toda la provincia de Pamplona para conectarse con el Área Metropolitana de Cúcuta y hacia la frontera. Sin embargo, seguimos insistiendo en que falta la conexión Pamplona–Bucaramanga, que hoy está en muy mal estado y con una sola calzada. Ese es un cuello de botella que limita nuestra competitividad.
CAMBIO: ¿Y cómo avanzan las inversiones en otras provincias del departamento?
W.V.: En la provincia de Ricaurte estamos ejecutando proyectos de pavimentación de vías que son claves para sacar al mercado frutas, hortalizas y alimentos. En Ocaña y la zona del Catatumbo, además de obras en curso, ya dejamos estructuradas inversiones futuras muy importantes gracias al pacto Catatumbo. Estamos hablando de recursos por cerca de 6 billones de pesos, que se van a destinar a vías, colegios, hospitales, sustitución de cultivos y proyectos de desarrollo económico y ambiental. Es decir, una inversión histórica que impactará a toda la región.
CAMBIO: Usted ha mencionado en varias ocasiones el proyecto del tren del Catatumbo. ¿En qué va esa iniciativa?
W.V.: Ya se terminó el estudio de prefactibilidad, que presentó el Gobierno nacional. Se plantearon tres alternativas y ahora se pasará al estudio de factibilidad. Lo interesante de este proyecto es que podría ejecutarse con recursos privados, porque los palmicultores, los arcilleros y los productores de carbón tienen la disposición de firmar contratos de transporte que lo harían viable. Sería una obra transformadora: reduciría costos de flete, mejoraría la salida de carga y le daría a la región un nivel de competitividad sin precedentes.
CAMBIO: Además de las obras físicas, ¿qué otros proyectos de infraestructura están impulsando?
W.V.: La infraestructura no solo es cemento y ladrillo. También trabajamos en temas que llamamos “blandos”, pero que son igual de importantes para el desarrollo. Por ejemplo, con el programa Stereo Tech estamos llevando conectividad a zonas rurales que nunca habían tenido internet, ya sea por fibra óptica o por sistemas satelitales. Esto abre oportunidades de formación para los jóvenes, especialmente en carreras tecnológicas y de programación.
También estamos estructurando una marca región y todo un ecosistema digital que muestre, municipio por municipio, los atractivos turísticos de Norte de Santander. La violencia ha limitado durante años el potencial de esta tierra, pero hoy el turismo, la gastronomía, los hoteles y la oferta cultural empiezan a crecer con fuerza. Queremos darle a la región una identidad sólida y posicionarla como un destino atractivo. Todo esto lo hacemos en equipo con los alcaldes del Área Metropolitana de Cúcuta, de Ocaña y de Pamplona, porque entendemos que el desarrollo no se logra de manera aislada, sino con visión regional.
CAMBIO: Gobernador, usted ya nos habló de conectividad, pero quisiera preguntarle por cifras concretas. ¿Cómo está hoy el departamento en materia de conexión a internet y telefonía?
W.V.: Todavía tenemos grandes retos. En el Catatumbo, por ejemplo, existen zonas que siguen incomunicadas, no solo por vía terrestre o aérea, sino también sin acceso a internet. Para atender esa realidad estamos desarrollando, junto al Gobierno nacional, un proyecto cercano a 50.000 millones de pesos que permitirá conectar con internet satelital a más de 6.000 hogares dispersos, cerca de 200 juntas de acción comunal y alrededor de 120 instituciones educativas de la región.

CAMBIO: ¿Y qué se está haciendo en telefonía e internet de fibra óptica?
W.V.: Hay otra inversión de unos 35.000 millones de pesos destinada a telefonía móvil neutra para los hogares de estratos 0, 1 y 2. En paralelo, avanzamos en un plan de fibra óptica con la meta de conectar 20.000 hogares. Hoy ya tenemos más de 17.000 familias recibiendo internet de alta velocidad, con anchos de banda entre 75 y 100 megas, lo que no solo les da conectividad en sus casas, sino que también fortalece sus emprendimientos y su productividad.
CAMBIO: ¿Estos proyectos incluyen también la conectividad en instituciones públicas?
W.V.: Sí, y es importante aclararlo. Estos programas son independientes del internet que, desde la Secretaría de Educación, llevamos a los colegios, o del que instalamos desde la Secretaría de TIC en zonas Wi-Fi públicas como parques y bibliotecas. Todo hace parte de un trabajo integral que busca que los nortesantandereanos tengan cada vez más acceso a las tecnologías de la información.
CAMBIO: Gobernador, ya nos habló de conectividad. Pero quisiera preguntarle: ¿qué otras estrategias están impulsando para fortalecer la educación en Norte de Santander, especialmente colegios y universidades?
W.V.: La apuesta es clara: mientras nuestras universidades crezcan, se acrediten, se fortalezcan en investigación, formación y extensión, el departamento gana en competitividad. Por eso trabajamos de la mano con instituciones como la Universidad Francisco de Paula Santander, la Universidad de Pamplona, el Instituto Superior de Educación Rural (ISER) y la Escuela de Gestión Pública, que son de la gobernación. A esto se suma la oferta del Sena en educación técnica y tecnológica, más las universidades e institutos privados.
CAMBIO: ¿Y cómo se está apoyando a los jóvenes para que accedan a esa educación superior?
W.V.: Hoy contamos con recursos de matrícula cero, garantizados en la ley, y con fondos de la gobernación que nos permiten financiar estudios en educación superior, técnica y tecnológica. Esto se complementa con el aporte de las estampillas universitarias, que destinamos a laboratorios, investigación, innovación y nueva infraestructura educativa.
CAMBIO: ¿Qué resultados ha tenido este trabajo en términos de competitividad del departamento?
W.V.: Se empieza a notar. Logramos mejorar en el índice de competitividad, al pasar del puesto 19 al 15 el año pasado, y nos hemos trazado la meta de estar entre los diez departamentos más competitivos del país. Para eso no basta solo con educación, también se requieren servicios públicos de calidad y otros factores que impactan esa matriz, pero sin duda la educación superior es una palanca clave.
CAMBIO: ¿Cuáles son los principales retos para alcanzar esas metas?
W.V.: El gran reto son los recursos. Norte de Santander es un departamento con debilidad en ingresos propios: no tenemos una base industrial fuerte, la sobretasa de la gasolina no llega completa por el contrabando, la cultura tributaria no ayuda y las regalías son limitadas. Aun así, con lo que tenemos tratamos de priorizar la inversión en educación porque sabemos que de allí depende el futuro del departamento.
CAMBIO: Gobernador, usted decía que los impuestos no siempre llegan completos a las obras. ¿Cómo luchan contra la corrupción y cómo garantizar que los recursos públicos realmente beneficien a la ciudadanía?
W.V.: Nosotros no hemos utilizado fondos privados, todo se hace mediante licitación pública. Realizamos constantes rendiciones de cuentas, tanto generales como sectoriales: infancia, adolescencia, obras de infraestructura y, por supuesto, el Programa de Alimentación Escolar (PAE), que es muy sensible. En Norte de Santander el PAE ha estado siempre en semáforo verde, con calificaciones entre 90 y 100, y hemos ocupado los primeros lugares a nivel nacional. Eso demuestra transparencia en la gestión.
Además, cada que surge una queja, hacemos mesas técnicas con presencia de los órganos de control. También habilitamos canales como el Secop o el SIA Observa, para que la comunidad pueda vigilar en tiempo real los procesos y hacer observaciones. La participación ciudadana es clave en este ejercicio.
CAMBIO: ¿Y cómo ha sido la relación con el Gobierno de Petro?
W.V.: Hemos trabajado en equipo, especialmente en el Catatumbo, que representa el 40 por ciento del departamento y clama por paz. La frontera abierta también ha sido una prioridad y hemos articulado proyectos importantes con el Gobierno. No siempre hay comunicación directa con la Presidencia, pero sí con ministros y altos funcionarios. Ha habido apoyo, aunque reconocemos que, en varios municipios no priorizados por los programas nacionales, el respaldo ha sido limitado.
CAMBIO: ¿Qué le ha hecho falta al Gobierno nacional para consolidar el plan de gobierno de Norte de Santander?
W.V.: Tenemos 40 municipios: ocho PDET y 11 Zomac, que reciben atención prioritaria. Pero los 23 restantes, que no entran en esas categorías, han quedado rezagados. Allí la presencia del Gobierno ha sido escasa, y nos ha tocado a nosotros cubrirlos con recursos propios. Falta un apoyo más equitativo y mayor comunicación.
CAMBIO: Gobernador, ¿cómo sueña usted el futuro de Norte de Santander?
W.V.: Sueño con una región productiva, en paz, con fronteras abiertas y un fuerte intercambio comercial. Queremos un Área Metropolitana consolidada, empresas que generen empleo, desarrollo sostenible y oportunidades para las futuras generaciones. Tenemos tierras fértiles, climas favorables y gente trabajadora que puede salir adelante en lo comercial, lo industrial, lo cultural y lo deportivo.
CAMBIO: Usted ya ha estado en la Gobernación en dos ocasiones y en ambas no logró culminar su periodo. ¿La tercera será la vencida?
W.V.: La política es compleja. Permite gobernar, ejecutar obras y programas, pero también despierta intereses y disputas de poder que generan ataques. En mis dos periodos anteriores tuve suspensiones de la Procuraduría que ya fueron aclaradas y archivadas, pero que dejaron una huella en el camino recorrido. En esta ocasión hemos aprendido de esas experiencias y hemos fortalecido nuestros equipos jurídicos para evitar errores. Cuando se firman 20, 50 o hasta 100 documentos al día, siempre puede haber riesgos, pero trabajamos con rigor y apegados a la norma para minimizar cualquier equivocación. Confiamos en que, esta vez, sí podamos culminar el periodo y demostrar resultados concretos para Norte de Santander. Es decir que esperemos que esta sí sea la vencida.
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