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“La Universidad de Antioquia es indispensable para el progreso de la sociedad”
Crédito. U. de Antioquia

“La Universidad de Antioquia es indispensable para el progreso de la sociedad”

En diálogo con CAMBIO, el rector John Jairo Arboleda advierte que la Universidad de Antioquia, pilar de equidad y pensamiento crítico en la región, enfrenta una crisis financiera que exige una reforma de fondo. Con 41.000 estudiantes y presencia en todo el departamento, la institución sigue siendo un bastión de calidad, acceso e impacto social, incluso en medio de uno de los momentos más decisivos para su futuro.

CAMBIO: La Universidad de Antioquia ha sido sinónimo de educación pública y compromiso social. En ese sentido, ¿qué la hace seguir inspirando después de tantos años de funcionamiento?

J.J.A: Yo creo que una de las cosas más importantes es que esta ha sido, sin duda, una construcción colectiva. Tiene un enorme aprecio de parte de la sociedad, fundamentalmente porque tiene un origen social. Hace 222 años, un grupo de habitantes del territorio, frente a la falta de oportunidades de educación superior en tiempos de colonia, pidió autorización al virrey y al rey de España para crear un centro de altos estudios en la región.  Desde ese origen, la universidad ha sido un proyecto cultural esencial para la sociedad, que la valora porque sigue siendo una posibilidad real de acceso para todos, sin distinción de credo, condición social o económica. A pesar de los problemas de más de dos siglos de historia, la Universidad de Antioquia se mantiene como una institución pública de alta calidad que inspira y abre oportunidades para miles de jóvenes del departamento.

John Jairo Arboleda
John Jairo Arboleda , rector de la Universidad de Antioquia.

CAMBIO: Usted habla de inclusión y equidad como parte del ADN de la universidad. ¿Qué acciones llevan a diario que reflejan ese compromiso con la sociedad?

J.J.A: Si miramos 50, 60 u 80 años atrás, en este territorio solo existía la Universidad de Antioquia. Era un punto de encuentro para todos, independientemente de las condiciones económicas.  En las últimas tres décadas, especialmente después de la Ley 30, la universidad se ha enfocado en atender a estudiantes de estratos socioeconómicos bajos. Hoy, el 92 % de nuestros 38.000 estudiantes de pregrado pertenecen a esos niveles.  Además, desde 2002 decidimos no cobrar matrícula a los estudiantes de estratos bajos porque conocíamos de cerca sus dificultades económicas. La gratuidad ya existía aquí mucho antes de que se convirtiera en política nacional. La universidad trabajó para garantizar acceso y permanencia y aliviar la carga de estudiantes y familias.

CAMBIO: ¿En qué área siente usted que la universidad está marcando la diferencia hoy?

J.J.A: En dos aspectos:

Calidad de la formación en pregrado y posgrado. No hay nada peor que no tener educación superior, salvo tenerla de mala calidad. La universidad ha hecho grandes esfuerzos por alcanzar la excelencia académica. El segundo aspecto es la investigación. A pesar de ser relativamente joven en esta área, nuestros 1.600 profesores vinculados desarrollan investigación de altísima calidad reconocida internacionalmente. Tenemos grandes avances en salud (trasplantes, Alzheimer, enfermedades tropicales), tecnología (energías alternativas, gases), ciencias sociales, derecho, historia, entre otros.

CAMBIO: Rector, ¿tiene alguna historia de un estudiante, comunidad o proyecto que haya generado un gran impacto?

J.J.A: Sí, este año cumplimos 30 años del programa de regionalización. En 1995, la universidad decidió instalarse en los territorios fuera de Medellín para que jóvenes sin recursos no tuvieran que desplazarse para acceder a educación superior. Hoy tenemos 12 campus en las ocho subregiones de Antioquia. La presencia de la universidad ha transformado económica y socialmente esos territorios. Hemos formado alcaldes, concejales y líderes locales, y hemos cambiado la vida de miles de familias. En tres décadas, tenemos más de 17.000 egresados, 62 cohortes y unos 7.500 estudiantes matriculados en las regiones.

CAMBIO: ¿Cómo fortalecer el vínculo entre la educación pública, las comunidades y los territorios para que pueda llegar al grueso de la población que hoy está desatendida?

J.J.A: El país ha hecho un gran esfuerzo en cobertura en educación básica y media: casi ciento por ciento en primaria, muy alto en secundaria y algo menor en media. Pero la cobertura en educación superior sigue rezagada. El gran reto es mejorar la calidad. En otros países, los mejores docentes trabajan con las edades tempranas. Aquí debemos fortalecer la calidad desde lo básico, como lo recomendó la Comisión de Sabios.

Existe una brecha enorme entre la educación pública y privada en básica y media. Esa brecha no puede seguir creciendo. Necesitamos tomar decisiones para acompañar a maestros y territorios, reforzar la formación temprana y garantizar excelencia académica para todos los niños, niñas y jóvenes del país.

CAMBIO: ¿Cómo se prepara la universidad? ¿Cuáles son esos lineamientos para formar a los jóvenes ante los desafíos actuales, especialmente en temas digitales?

J.J.A: Es una pregunta permanente. He participado en varios foros sobre cómo enfrentar los desarrollos tecnológicos y convertir la innovación en trabajo con empresas y emprendimientos. Las universidades nos hemos ido ajustando, pero hoy los retos son mayores. La inteligencia artificial exige fortalecer la formación crítica, algo que ha caracterizado a esta universidad tanto en el análisis del país como en el trabajo en el aula. Debemos orientar nuestra capacidad institucional a darles a los estudiantes herramientas para aprender a aprender en medio de cambios tecnológicos y sociales muy rápidos. Los contenidos repetitivos deben transformarse: hay que enseñar a usar las nuevas herramientas, pero sobre todo a pensar críticamente frente a la avalancha de información. Y mantener una alta exigencia en las ciencias clásicas, que sustentan la creatividad, la innovación y la capacidad de resolver los problemas que la sociedad nos confía.

CAMBIO: En un plano más amplio, ¿qué mensaje le daría al país sobre la importancia de la educación pública para el futuro de los jóvenes?

J.J.A: Es esencial. Se habla mucho de las amenazas de las nuevas plataformas, porque el conocimiento antes estaba concentrado en las universidades. Pero hay algo que conservamos y es muy importante: el acompañamiento de otro ser humano, formado al más alto nivel, que guía el proceso educativo. Eso es irremplazable. Podemos tener robots, programas o chatbots, pero la presencia de un educador sigue siendo fundamental.

Debemos garantizar que ese proceso forme jóvenes capaces de asumir los retos del futuro, con herramientas en conocimiento, tecnología, resiliencia, trabajo en equipo y habilidades blandas. Esta universidad tiene una gran trayectoria en formar seres humanos para relacionarse con otros y con la naturaleza; ese debe seguir siendo el camino. La formación crítica es fundamental para discernir ante la enorme cantidad de información, situaciones sociales, económicas y ecológicas. El estudiante debe poder analizar, tomar decisiones y contribuir al desarrollo humano, de la especie y del planeta, cuidando la casa común que habitamos.

CAMBIO: sobre la coyuntura actual: ¿cómo enfrenta la universidad su situación financiera? ¿Cuál es la visión y a qué se comprometen para superar la crisis? La cifra del déficit ronda los 148 mil millones de pesos.

J.J.A: La cifra cambia todos los días; el cierre del año está alrededor de 146 mil millones de pesos. Esto confirma la necesidad de un cambio estructural. La reforma que se discute en la Cámara busca ajustar los artículos 86 y 87, que hoy financian a las universidades públicas con un modelo hecho para 1992. Entonces teníamos 17.000 estudiantes; hoy son cerca de 41.000, además de mayores inversiones en investigación y regionalización. Los costos han crecido mucho más que el IPC, pero la financiación estatal se ha mantenido con ese criterio, salvo aumentos puntuales de los últimos gobiernos.

Confiamos en que la reforma adecúe la financiación a las realidades actuales. Mientras tanto, trabajamos en reducir gastos sin afectar la calidad, y hacemos pedagogía para explicar por qué afrontamos estas dificultades y por qué es esencial asegurar la sostenibilidad de la universidad para las próximas generaciones.

CAMBIO: En tiempos de incertidumbre, ¿cómo puede la universidad seguir siendo un espacio de esperanza y construcción colectiva?

J.J.A: Con el aporte de todos y con claridad sobre lo que se debe hacer podemos garantizar la permanencia de la universidad. Las dificultades no son solo nuestras: las 34 universidades públicas y buena parte del sector privado enfrentan problemas financieros, en un país que invierte poco en educación superior dentro de la OCDE. Las marchas de 2018 permitieron recursos adicionales de los gobiernos de Duque y Petro, pero es necesario cambiar la ley para no depender de cada administración. También se requiere mayor compromiso de los municipios, que hoy no aportan por norma. Por eso dialogamos con autoridades locales para fortalecer la financiación del sistema universitario público y proyectar un futuro más sólido.

CAMBIO: Si pudiera definir en una frase qué significa la Universidad de Antioquia para el departamento, ¿qué diría?

J.J.A: Diría “esperanza”, sin ninguna duda. También “equidad”, “calidad”, “formación integral” y “utilidad social”. Es una universidad indispensable para el progreso de la sociedad.

CAMBIO: ¿Qué mensaje quiere enviar a la comunidad universitaria?

J.J.A: Muchas personas están preocupadas por la situación financiera, pero también hay muchas ocupadas en tratar de solucionarla. No es fácil, dadas las dificultades fiscales del país y del mundo, en medio de guerras y conflictos. Pero debemos insistir en mantener vigentes instituciones tan importantes como la universidad, para bien de la sociedad.

*Contenido elaborado con apoyo de la Universidad de Antioquia.

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