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Yohir Akerman
Puntos de vista

Debajo de la ruana

Esta es la historia de cómo se perdieron 4.500 millones de pesos en corrupción. De cómo una empresa de Lorica, Córdoba, se ganó un contrato de servicios educativos y alfabetización para la tercera edad en Tunja, Boyacá. Y cómo en una gobernación en cabeza del Partido Verde, líder del discurso anticorrupción, se creó un cartel de alumnos viejitos y fantasmas que ahora rondan los pasillos de la Contraloría.

Empecemos por los temas geográficos. Tunja y Lorica están separadas por unos 720 kilómetros de distancia. Para ir de un lugar al otro hay que someterse a unas 22 horas de viaje, en promedio, de carretera. La otra opción son nueve horas de vuelo, ya que para viajar de un lugar al otro toca ir de Tunja a Bogotá, de ahí a Montería y después en carretera hasta Lorica. O a la inversa. Es lejos. Muy lejos, por la precaria infraestructura colombiana.

Pero tampoco se parecen. Mientras Lorica está casi a nivel del mar, tiene unos 125.000 habitantes y una temperatura promedio de 26 grados centígrados en un día fresco, Tunja está en el altiplano cundiboyacense, cuenta con más de 300.000 habitantes y una temperatura promedio, en un día caliente, 12 grados menos que Lorica. Son diferentes. Muy diferentes, por eso unos se inclinan por los sombreros de caña flecha y los otros por las ruanas.

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