
Hace unos días anunciaron de manera fría, con el lenguaje técnico de la burocracia previsto para cualquier trámite administrativo, que la emisora HJCK dejaba de sonar para siempre después de setenta y cinco años de programación ininterrumpida. Hacía dos décadas había salido del dial en FM y había pasado a la señal de internet, pero desde la medianoche del 30 de julio se apagó una emisora fundamental para la cultura, para propiciar conversaciones sobre diversos temas y para sobrevivir, de alguna forma, a la banalización de la radio donde los programas, sobre todo mañaneros, se debaten entre la gritería, la mentira y la superficialidad. Y de ahí, precisamente, nacen algunas audiencias que después castigan a los mismos medios porque no les creen, porque los advierten sensacionalistas y manipuladores.
Estamos rodeados de mucho ruido y una emisora o cualquier medio dedicado a la cultura es una invitación a la pausa o incluso al silencio, y por eso el cierre de alguno de esos espacios no es noticia de primera página o titular de un noticiero porque hace rato que la cultura pasó a ser el pie de página, la nota debajo del aviso publicitario, el relleno de muchos medios. Sabemos que el entretenimiento acapara más espacios y que muchos jefes de medios consideran que el show y los reflectores son lo mismo que cultura, cuando la realidad es que siempre castigan a las secciones de cultura cuando las pautas faltan.
Hace rato, mi admirada Paola Guevara, en su novela Horóscopo, que para mí es la gran crónica en clave de poesía sobre el final de los medios impresos y las salas de redacción donde se debatían titulares y contenidos, retrataba a los emisarios de los grandes grupos económicos dueños de muchos medios como “Los hombres de negro”. Aquellos hombres que cuando llegaban, con cierta regularidad, a las sedes de los medios, siempre eran augurio de malas noticias, despidos, indemnizaciones a legendarios periodistas, recortes y medidas donde siempre la cultura es la primera damnificada. Y sí, es cierto que en los días del tráfico, de los clics y los likes, la noticia sobre la exposición Todo se sabe con los archivos de Gabriel García Márquez o la reseña de las novedades bibliográficas de nuevos autores colombianos o del Festival Macondo realizado en Aracataca o una feria del libro en La Guajira colombiana no tendrá el mismo tráfico que una noticia judicial o un partido de la selección Colombia, pero la cultura y las noticias sobre cultura siempre permitirán un equilibrio de contenidos que al final llena de prestigio y calidad a los medios. Antes de internet, una noticia coyuntural sobre política o conflicto podía tener más lectores u oyentes que una noticia cultural, pero los grandes medios forjaron en gran medida sus prestigios gracias, entre tantas cosas, a los grandes reportajes, las inolvidables crónicas, los impecables trabajos de investigación donde el lenguaje era protagonista. Y eso tenía mucha deuda con el periodismo cultural, y con los suplementos culturales que formaron a tantas generaciones. Seguramente, dentro de muchos años se recordará lo que significó para la cultura colombiana la exposición sobre García Márquez o sobre los debates y conversaciones sobre la identidad samaria que surgieron a propósito de los quinientos años de la fundación hispana de la ciudad.
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