
En los corredores del poder siempre existen los cortesanos. Esos personajes ambiciosos que andan al acecho y que están dispuestos a lo que sea para escalar en la línea de mando y dominar el Estado. Por lo general, a esos personajes codiciosos los termina controlando el mandatario de turno, que es quien en realidad detenta el poder.
Sin embargo, en el gobierno de Gustavo Petro, las cosas funcionan de otra manera porque existe una camarilla que lo rodea pero que no está ahí para ayudarlo a gobernar sino para tomarse la chequera del Estado y apoderarse de los órganos de control. Su estrategia consiste en utilizar el poder burocrático que han ido amasando para imponer candidatos que les obedezcan al frente de las entidades que los pueden investigar. De esa forma, conseguirían hacer una carambola a tres bandas, porque no solo tendrían el poder que dan los puestos sino que podrían controlar las investigaciones para enfilarlas contra sus enemigos y para proteger a los suyos.
Ese poderoso grupo lo integran personajes y reconocidos funcionarios públicos que aparecen a menudo al lado del presidente en los eventos y lo siguen como si fueran su sombra.
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