María Jimena Duzán
19 Mayo 2024

María Jimena Duzán

La camarilla que gobierna a espaldas de Petro

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En los corredores del poder siempre existen los cortesanos. Esos personajes ambiciosos que andan al acecho y que están dispuestos a lo que sea para escalar en la línea de mando y dominar el Estado. Por lo general, a esos personajes codiciosos los termina controlando el mandatario de turno, que es quien en realidad detenta el poder.

Sin embargo, en el gobierno de Gustavo Petro, las cosas funcionan de otra manera porque existe una camarilla que lo rodea pero que no está ahí para ayudarlo a gobernar sino para tomarse la chequera del Estado y apoderarse de los órganos de control. Su estrategia consiste en utilizar el poder burocrático que han ido amasando para imponer candidatos que les obedezcan al frente de las entidades que los pueden investigar. De esa forma, conseguirían hacer una carambola a tres bandas, porque no solo tendrían el poder que dan los puestos sino que podrían controlar las investigaciones para enfilarlas contra sus enemigos y para proteger a los suyos.

Ese poderoso grupo lo integran personajes y reconocidos funcionarios públicos que aparecen a menudo al lado del presidente en los eventos y lo siguen como si fueran su sombra. 

La más visible es la todopoderosa Laura Sarabia, directora del Dapre, la funcionaria que gobierna cuando el presidente está ausente. Le siguen varios nombres que no están bajo los focos: el reconocido abogado Mauricio Pava, apoderado del presidente y muy cercano a la directora del Dapre; María Fernanda Rangel, defensora de las mujeres y Asuntos de Género; el actual registrador nacional, Hernán Penagos, y el excontralor Carlos Felipe Córdoba.

Ese selecto grupo no tiene nada que ver con el proyecto de izquierda de Gustavo Petro, pero se ha sabido insertar en el gobierno y sacarle provecho. Por eso es que desde la trastienda mueve sus fichas para poner al nuevo defensor, contralor y procurador. La carta para la Defensoría es la de Mauricio Pava, un abogado que se pasea por el Palacio de Nariño como si fuera el patio de su casa. Por lo menos dos fuentes que no quisieron ser identificadas confirmaron que Laura Sarabia está impulsando este nombre para que sea ternado por el presidente. En palacio es un secreto a voces que entre el abogado Pava y Laura Sarabia hay algo más que un afán por el poder.

Es normal que los presidentes muevan sus fichas para nominar a personas cercanas a los cargos en los organismos de control. Lo que no tiene presentación es que esa ficha sea, a su vez, el abogado del presidente y de Laura Sarabia. Aquí no se está infringiendo ninguna norma, pero queda en entredicho la ética pública de la que tanto se precia Gustavo Petro. 

Para la Contraloría la candidata en salmuera es María Fernanda Rangel, quien actualmente trabaja en la Defensoría. Ella estuvo a punto de ser contralora en la última elección, pero renunció a último momento cuando se dio cuenta de que ya no tenía los votos y que el elegido iba a ser Carlos Hernán Trujillo. Debido a que esa elección se cayó por vicios de forma, el Senado tiene que elegir próximamente entre una lista de diez aspirantes, al nuevo contralor. Rangel es el vaso comunicante con los otros miembros de la camarilla porque tiene una relación muy cercana con el actual registrador nacional, Hernán Penagos, y con el excontralor Carlos Felipe Córdoba, quien aspira a quedarse con la Procuraduría General de la Nación. Es decir, la camarilla le apunta a quedarse con el Dapre, la Registraduría, la Defensoría, la Contraloría y la Procuraduría. Si logran esta hazaña su poder trascenderá al gobierno de Petro. Será todo un cartel.

La camarilla empezó tímida, pero se le ha ido subiendo el poder a la cabeza, al punto de que se han abrogado el derecho de tomar decisiones de alto impacto sin consultárselas  al presidente. Eso sucedió hace unas semanas cuando reventó el escándalo de la UNGRD, en  el que se revelaron una feria de contratos asignados a dedo que comprometen a varios congresistas y funcionarios del gobierno. Sarabia decidió quiénes eran los que tenían que irse y les notificó su despido sin que el jefe del Estado supiera. Se dio el lujo, incluso, de anunciar la salida del secretario de transparencia, Andrés Idárraga. Apenas el presidente se enteró, la desautorizó y ratificó a Idárraga.

Hubo otro incidente que demostró cómo Laura Sarabia está borracha de poder. En una reunión del gabinete que duró tres días en Paipa, citada por ella, y a la que Petro llegó solo al final, Sarabia decidió presidir el consejo de ministros como si fuera el presidente. A cualquier mandatario, esta usurpación de funciones le hubiera indignado. Quién sabe cómo lo habrá tomado Gustavo Petro. 

El poder de esta camarilla reside en el hecho de que el presidente suele desconectarse con frecuencia de su rol de jefe de Estado. Cuando queda ese vacío quien lo llena es esta camarilla, pero sobre todo, Laura Sarabia. Quienes votamos por el presidente jamás pensamos que el país fuera a quedar en manos de una funcionaria de 29 años, sin experiencia y con un proceso por abuso de poder en su contra, en el que ya hay de por medio un suicidio. Ella no solo maneja la chequera más grande de la presidencia, que es el Dapre, también maneja la inteligencia y todos los hilos del poder. Los gremios le hacen venias y casi nadie se atreve a meterse con ella.

La gran pregunta es por qué el presidente Petro, que tanto habla de la transparencia en el ejercicio del poder, permite que una funcionaria sin experiencia pero sedienta de mando, acumule más poder que él.  Si Petro quiere lograr el cambio que prometió, lo primero que tiene que hacer es cambiar su círculo cercano y rodearse de gente que quiera ayudarlo a gobernar y no de gente que quiera utilizarlo para usufructuar el poder en beneficio propio.

El presidente habla de que sus enemigos están intentando desplazarlo del poder a través de un golpe blando, no se ha dado cuenta de que esos enemigos los tiene en su casa.

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