27 Mayo 2022

Sin Otoniel, sin Gentil, sin Matamba: nuevo mapa criminal de Colombia

Crédito: yamith Mariño Díaz

Con la caída de alias Matamba, alias Gentil Duarte y la extradición de Otoniel, se transformaron las estructuras de los principales cabecillas del Clan del Golfo y las disidencias de las Farc. Analistas creen que ambos grupos han sido afectados, pero no mermados.

Por: Javier Patiño C.

La muerte o la extradición de cabecillas de los grupos armados ilegales, más que alivio, genera temor entre los pobladores de los lugares donde tenían injerencia, por los ataques a la fuerza pública que se pueden incrementar, o por enfrentamientos entre sus integrantes por el control de las estructuras.

Los analistas del conflicto y de seguridad afirman que las movidas criminales no se detienen por la muerte o la extradición de un cabecilla. Los grupos al margen de la ley continúan con sus negocios de narcotráfico. Así como se cambia un fusible, ponen piezas nuevas para que el sistema delictivo siga funcionando.

En sus zonas de injerencia quedan otros cabecillas integrantes que pueden ser capturados o muertos, pero siempre hay un segundo o tercero que tomará el mando de la organización para seguir delinquiendo.

En sus zonas de injerencia quedan otros cabecillas integrantes que pueden ser capturados o muertos, pero siempre hay un segundo o un tercero que tomará el mando de la organización para seguir delinquiendo.

Gentil Duarte, cabecilla del Frente Séptimo de las disidencias de las Farc, ya había delegado su mando en su hombre de confianza, alias Calarcá, antes de salir hacia un campamento en el estado de Zulia, Venezuela, donde fue asesinado por una operación cometida, al parecer, por 'pisa suaves'. 

Para Andrés García, analista militar, “la muerte de alias Gentil Duarte no modifica el accionar delictivo de la organización, ellos continúan en los departamentos del Meta y Guaviare con el control de las rutas del narcotráfico, daños al medio ambiente y el reclutamiento de menores”.

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Alias Gentil Duarte con sus hombres de confianza.

En el caso de alias Matamba, el analista afirma que su muerte tampoco afecta al Clan del Golfo en el sur del país, luego de haber formalizado un pacto para activar nuevas rutas y disputarse el control de la zona con las disidencias de las Farc.

“Matamba, como lo informó el director de la Policía, general Jorge Luis Vargas, se había reunido con alias Gonzalito, tercero al mando del Clan del Golfo, en el Magdalena Medio para fortalecer su presencia en el departamento de Nariño. Su muerte afecta el fortalecimiento de la estructura criminal, pero sus acciones no se detienen”, asegura.

En esa estructura ilegal se presenta una fuerte disputa por el mando: está la corriente de alias Chiquito malo, que tiene la idea de fortalecer los pactos con carteles internacionales para el manejo de las rutas del narcotráfico. En la otra orilla está alias Siopas, quien desde el departamento de Chocó comanda un grueso grupo de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) con la idea de fortalecer la organización en su parte armada.

El Clan del Golfo demostró un gran impacto a comienzos del mes de mayo cuando paralizaron 11 departamentos del país, para demostrar que su jefe salía con rumbo a los  Estados Unidos pero ellos quedaban con el control de la zona.

Para el analista político Alejandro Barrios, el poder intacto del Clan del Golfo quedó demostrado a comienzos del mes de mayo, cuando paralizaron 11 departamentos del país para dejar en evidencia que, a pesar de que su jefe, Otoniel, salía con rumbo a los Estados Unidos, ellos quedaban con el control de la zona.

“El Clan del Golfo, contrario a lo que dijo el presidente Iván Duque, no ha desaparecido. Su poder criminal está presente entre los habitantes del Urabá antioqueño, Córdoba, Sucre y Chocó, hombres armados entre la misma población que coaccionan y controlan todos los movimientos en la zona”, señaló.

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Colprensa

Venezuela, territorio no seguro

Para Andrés García, la muerte en el último año de tres importantes cabecillas de la llamada Segunda Marquetalia (los alias Romaña, el Paisa y Jesús Santrich) y la confirmación de la muerte esta semana de alias Gentil Duarte, es una demostración de que estos grupos no están seguros en territorio venezolano. Las disputas entre ambas organizaciones los han llevado a estar atentos, porque sus enemigos ya han permeado sus estructuras.

“La seguridad que tenían de estar fuera del territorio colombiano, donde no estaban seguros por las operaciones militares, los llevó a establecer sus campamentos con la anuencia del régimen del presidente Maduro, al no impedir que sus enemigos ingresen a sus campamentos para realizar acciones en su contra”, recalca. Pero ni eso los tiene a salvo.

En esto está de acuerdo Alejandro Barrios, quien afirma que las llamadas disidencias, que creían estar seguras al otro lado de la frontera, han visto cómo pequeños grupos de guerrilleros han ingresado a los sitios donde se sentían seguros y han logrado sus objetivos. En otros casos, regresan al país con resultados negativos para sus estructuras.

“Al no sentir seguridad, han regresado a territorio colombiano, como fue el caso de alias Arturo, cabecilla del Frente décimo, disidencias de las Farc, grupo que fue detectado por las autoridades colombianas que realizaron un bombardeo en el departamento de Arauca, lugar donde fallecieron 23 integrantes del grupo”, añade.

Nuevas estrategias

En opinión de Alejandro Barrios, la conformación del Bloque de Búsqueda hace dos semanas por parte del Gobierno, con el objetivo de capturar a los principales cabecillas del Clan del Golfo, puede dar resultados a corto plazo, pero todavía hay más integrantes que no dejarán el negocio del narcotráfico.

“Se han conocido importantes resultados con las capturas de hombres cercanos a Chiquito Malo y Siopas, como una muestra de que el Bloque de Búsqueda está dando resultados. Estos dos importantes cabecillas pueden caer, pero detrás de ellos hay una compleja estructura que se tomará su tiempo para ser desactivada totalmente”.

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Nuevo Bloque de Búsqueda

Para Andrés García, esta estrategia es mucho más compleja en el caso de las disidencias, porque sus cabecillas mantienen presionados a los habitantes en los departamentos de Cauca, Nariño, Putumayo, Caquetá y Guaviare, donde manejan los cultivos ilícitos y las rutas del narcotráfico. Esas zonas requieren de una mayor presencia del Estado.

En un comienzo se establecieron compromisos, pero luego, después de un tiempo, se olvidaron de sus habitantes, lo que permitió a los cabecillas de las disidencias fortalecerse de nuevo en estas regiones.

“Estas zonas del país, luego del proceso de paz con las Farc, deberían haber tenido prelación. En un comienzo se establecieron compromisos, pero luego, después de un tiempo, se olvidaron de sus habitantes, lo que permitió a los cabecillas de las disidencias fortalecerse de nuevo en estas regiones”, concluye.

Para los analistas, el país pasa por un reacomodamiento de los grupos ilegales, algo que requiere de políticas públicas para quitarles el beneficio económico que encuentran en los cultivos ilícitos y fortalecer las operaciones para atacar a los cabecillas en las zonas que los delincuentes consideran impenetrables.