29 Diciembre 2022

¿Al fin qué: Pelé, Maradona o Messi?

Crédito: Fotoilustración de Yamith Mariño.

A sabiendas de que dar una respuesta es meterse en camisa de once varas, el periodista Eduardo Arias da su veredicto a favor de Pelé. Estas son las razones.

Por: Eduardo Arias

Imagine, estimado lector, que a los 17 años de edad a usted lo convocan para integrar la selección de Brasil que jugará el próximo Mundial. Brasil, la entonces traumatizada selección que sufrió en 1950 el golpe devastador del Maracanazo, la que en 1954 se fue sin pena ni gloria del Mundial de Suiza. Usted llega a Estocolmo, Suecia, y le dicen que será el suplente de Orlando. O de Altafini. Da igual.

Usted, desde ni idea donde (en esa época no había posibilidad de que los equipos sustituyeran jugadores) ve cómo su selección le gana 3 a 0 a Austria y empata sin goles con Inglaterra.

En el vestuario, sus compañeros le sugieren al técnico que para el tercer partido los titulares sean Garrincha y usted. Sí, usted, el de apenas 17 años. El técnico (se llama Vicente Feola, por si no lo recuerda) accede y usted debuta en los mundiales frente a la Unión Soviética. Brasil gana 2 a 0 con goles de Vavá y clasifica a cuartos de final.

En esa instancia, frente a País de Gales, usted destraba un partido muy enredado con un gol de antología. Con ese único tanto su equipo clasifica a semifinales y debe enfrentar a una suntuosa selección de Francia, la de Just Fontaine, Raymond Kopa y Roger Piantoni. En ese partido, que Brasil gana 5 a 2, usted anota tres de esos cinco goles y accede a la final, en la que enfrentará a Suecia, el equipo de casa. En ese partido usted anota dos goles más y, por primera vez, Brasil, su país, se proclama campeón del mundo.

Usted, le recuerdo, apenas tiene 17 años. Hizo seis goles en los tres partidos definitivos de una copa del mundo y es campeón. Amigo, le cuento. Usted es Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé. El rey Pelé.

Han pasado 64 años desde aquella primera gesta de Pelé y, hasta ahora, nadie se ha ni siquiera medio acercado a lo que logró Edson Arantes do Nascimento en aquel ya lejano (y muy poco mediático) mundial de Suecia. Lo que Pelé logró a los 17 (y Kilian Mbappé a los 19), Diego Armando Maradona lo logró a los 25 y Lionel Andrés Messi, tras cuatro mundiales en blanco, por fin lo logró a los 35.

Por ese sólo detalle, circunstancial, es cierto, pero muy relevante y revelador, yo considero que el jugador más grande de todos los tiempos es Pelé. No lo digo como hincha. Siempre que juegan Brasil y Argentina le hago toda la fuerza del mundo a los albicelestes. Pelé, como persona, más bien me aborrece, casi siempre al lado de los poderosos, sumiso y obsecuente ante ellos.

En cambio admiro profundamente a Maradona como ser humano, defendiendo con valentía con todas sus contradicciones. Messi me parece un jugador tremendo. Como persona me es indiferente. Ni me va ni me viene.

Después del Mundial de Suecia Pelé siguió de largo. Volvió a ser campeón del mundo con Brasil en 1962, aunque en ese partido se lesionó en el primer juego (un empate ante Checoslovaquia) y no volvió a pisar la cancha.

En aquellos años se consagró también con la camiseta del Santos, su equipo. Dos veces campeón de la Copa Libertadores (1962 y 1963) y dos veces campeón intercontinental de clubes.

Pelé también la sufrió. El Mundial de Inglaterra de 1966 fue un desastre para Brasil. Pelé fue víctima del juego violento de los búlgaros y los portugueses, y muchas veces esa es la única explicación del fer. Pero también debe decirse que la Hungría de Florian Albert, sin recurrir a ningún tipo de violencia, superó claramente a Brasil, tal como también lo hizo aquel deslumbrante equipo portugués de Eusebio, Torre, Coluna y compañía.

El equipo llegó muy confiado y, como han señalado algunos periodistas brasileña, aquella era una selección muy desequilibrada, donde compartían toldas veteranos del Mundial de Suiza de 1954 y jugadores muy jóvenes que aún estaban en proceso de formación.

Después llegó la apoteosis de México 70 donde Pelé, rodeado de talentos excepcionales, pudo despedirse de los mundiales con su tercer trofeo. Pelé ganó tres mundiales. Maradona uno, Messi uno, muy probablemente el único, porque en 2026 tendrá 39 años. Pero cosas se han visto.

Así que mi predilección por Pelé no es cuestión de simpatías o de militancias. Es simple y llano reconocimiento por un jugador que combinaba fuerza física, habilidad en el manejo de la pelota y que inventó todo el repertorio que luego le heredaron (no todo, no del todo) Maradona y Messi.

Siempre me ha parecido muy revelador que grandes jugadores y conocedores del fútbol como argentinos como Hugo Gatti, Roberto Perfumo y César Luis Menotti digan sin dudarlo que Pelé es el más grande. Que era más completo que Maradona y Messi, casi nulos como cabeceadores (el único gol de cabeza de Maradona que recuerdo fue con la mano), apartado en el que Pelé era, para poner una comparación de estos tiempos, como Cristiano Ronaldo.

Otro dato: Pelé marcó en su carrera 1.283 tantos. De los cuales la FIFA solo le reconoce 757.

¿Cómo argumentar todo lo anterior en estos tiempos en que el material audiovisual disponible acerca de Pelé es más bien escaso?

Entiendo que para las nuevas generaciones Pelé no signifique gran cosa. Él forma parte de de una época en que no había televisión por suscripción. Hoy en día cualquier seguidor del fútbol con acceso a una plataforma de televisión por suscripción o a YouTube puede ver 40, 50 partidos al año de Messi. De Cristiano Ronaldo.

En tiempos de Pelé, en cambio, era necesario vivir en Santos (el puerto de Sao Paulo) e ir al estadio cada vez que jugaba el equipo para ver a Pelé. Casi ningún partido se transmitía por televisión. El colombiano promedio que vio a Pelé podrá contar a lo sumo diez, dice partidos. Y me parece que exagero.

Pelé jugó siempre en un equipo chico. El Santos es el equipo del puerto de Sao Paulo. Allí estuvo toda su vida. Jamás supo qué era jugar para un equipo como el Real Madrid, y es necesario advertir que el Real Madrid de los años 60 no tiene nada que ver con el del fútbol de nuestros días. Y el Santos de Pelé logró una gran cantidad de títulos. Dos copas libertadores de América, dos copas Intercontinentales, diez campeonatos paulistas, seis veces campeón de la Serie A, cuatro del Torneo Río-Sao Paulo. Si se compara con las cifras de Messi, no es tan impresionante. Sin embargo, alguien que juegue en el Barcelona o Paris St. Germain de este siglo compite en muchos más torneos que el Santos de Pelé o el Argentinos Júniors y el mismo Boca 1981 de Maradona.

Una posible manera de intentar un veredicto más exacto podría ser, con la ayuda de la inteligencia artificial, llevar a Maradona, Messi y Pelé a intercambiar equipos y contextos.

Por ejemplo, ¿cómo le iría a Messi enfrentando al cattenaccio del Inter de Helenio Herrera y de la selección Italia de 1970? Muy probablemente los italianos se comerían ocho goles. Pero habría que verlo. ¿Cómo le iría al Maradona de 1986 si jugara en el Barcelona de Xavi e Iniesta de 2010? ¿Cómo le iría al Pelé de 1970 si jugara para el Real Madrid de Modric y Kroos?

Pelé, además, representa la época en que el fútbol se alimentaba bastante de mitos y leyendas. En su época las estadísticas y las mediciones que hoy nos abruman no existían. Lo más sofisticado, si acaso, era la diferencia de goles, no cuántos kilómetros recorrió en el partido o cuántos pases exactos hizo. En esta época en que un niño de 11 años con criterio para obtener datos tenga más información que Vicente Feola o Helenio Herrera

Pelé era Pelé, pero, más importante aún, Pelé era lo que se decía de él, lo que se escribía de él. Prueba de ello es la gran discrepancia entre el número de goles marcados que se le atribuyen a Pelé y los que acepta la FIFA.

Los míos, lo sé de sobra, son argumentos muy subjetivos. Maradona, Messi y Pelé (y Di Stefano y Puskas y Zidane y Cruyff) representan épocas y épicas diferentes. Si yo fuera sensato me abstendría de opinar amparado en lo anterior. Pero no, prefiero tomar partido me inclino por Pelé como jugador. Solo como jugador. Porque si me preguntan cuál es el personaje más grandioso de la historia de fútbol, respondo sin dudarlo: Diego Armando Maradona. Pero esa es otra historia.