14 Septiembre 2022

James Rodríguez: el placer de jubilarse a los 25

"James podrá tener su futuro y el de sus tataranietos asegurados, ser dueño de su vida y vivirla con la seguridad de que ninguno de nosotros puede decirle qué hacer con ella, pero ver cómo eligió el camino del retiro prematuro es un caso de estudio".

Por: Adolfo Zableh Durán

El otro día le comenté a un famoso exfutbolista que se podía hacer una línea comparativa entre la caída de Faustino Asprilla y la de James Rodríguez, de los hechos y actitudes que hicieron que se convirtieran en prácticamente exfutbolistas antes de los 30 años. Contemporáneo de Asprilla y compañero suyo en mundiales de fútbol, a mi interlocutor no le mató la idea. Más bien me dijo que tanto Faustino como James habían hecho lo suyo y que no tenían que rendirle cuentas a nadie.

En eso coincido: los deportistas no compiten por sus compatriotas. A menudo creemos que si Nairo Quintana gana una etapa lo hace por su país, y que si pierde merece el escarnio por habernos decepcionado, como si fuera nuestra propiedad. Nairo y todos los deportistas de élite del mundo se deben a sus patrocinadores y a su entorno, a quienes creyeron en ellos y los apoyaron desde el comienzo, poco más; que nosotros nos queramos subir a ese bus y que tomemos como una ofensa personal que pierdan, es otra cosa.

Por eso, tiene razón el exfutbolista en cuestión: James no nos debe nada. A lo que voy es que no deja de ser triste verlo a sus 31 años (e incluso desde años antes) vivir en ese limbo entre futbolista profesional/figura pública/influencer. Oficialmente no se ha retirado. De hecho, con los avances de hoy podría jugar en el más alto nivel hasta poco antes de los 40, pero en su caso fue probar un poco de gloria y declinar las armas.

A James nos encanta montársela por lo que sea, eso es cierto. Por flojo, por suplente, por llorón, por tartamudo, pero burlas a un lado, no deja de ser triste que alguien de su talento sea noticia por haber sido contratado por el Olympiacos griego. Sí, es el equipo más ganador de su país, pero lidera una liga europea de tercer orden. Y para alguien en plenitud física, goleador de un mundial de fútbol, líder de sus equipos en Argentina, Portugal y Francia, 10 del Real Madrid, que supo jugar en la liga inglesa (la más exigente del mundo) y ponerse la camiseta de un gigante como el Bayern de Munich, terminar en Grecia porque no lo querían ni en Catar es de alguna manera una derrota. Y lo peor, infringida por él mismo.

Si, tiene fama, juventud y dinero, lo que lo convierte en muchos aspectos en un ganador de la vida, pero llevar años arrastrándose por las canchas y figurando más en redes sociales y en fiestas siendo dueño de un talento único, da para pensar. ¿Será ese conformismo lo que nos hace ser un país menor no solo en fútbol, sino en el juego político y económico mundial?

Mientras Messi (35 años) se reinventa en el PSG al lado de Neymar y Mbappé, y Modric (37) da su mejor rendimiento en el Real Madrid, James lucha por seguir vigente como sea. Según las noticias, el acuerdo entre asiáticos y griegos incluye una cesión con una opción de compra por 3 millones de euros (el Madrid pagó por él 80 en su día), y la división del sueldo del futbolista entre ambas partes. Es decir, los cataríes están dispuestos a pagar 3 millones de su salario anual para que no juegue con ellos. Una locura.

No lo quieren en el país que va a organizar el próximo Mundial, así como no lo quisieron en el Everton ni en el Bayern, club donde no lo hizo mal, pero del que salió huyendo porque, entre otras cosas, no se aguantaba el frío, según dijo en una entrevista. Lo último que vimos de él fue dar una entrevista en España donde prácticamente se regalaba al Valencia, equipo que siempre ha sido animador, ganador de ocho ligas locales, una Recopa de Europa, una Copa de la Uefay dos veces subcampeón de Champions, pero que hoy vive horas bajas. Tampoco lo quisieron.

James podrá tener su futuro y el de sus tataranietos asegurados, ser dueño de su vida y vivirla con la seguridad de que ninguno de nosotros puede decirle qué hacer con ella, pero ver cómo eligió el camino del retiro prematuro es un caso de estudio. No es extraña su situación, pasa más de lo que creemos, pero igual no deja de doler que un ídolo se eche a perder. E insisto, no lo censuro, yo con un solo año de sueldo en el Real Madrid me habría retirado y no hubiera vuelto a trabajar por el resto de mis días.

Su situación me hace pensar en otro grande, uno mucho más grande que él: Ronaldinho. Recuerdo haberlo visto salir con la cara agachada del estadio de Dortmund luego de que su equipo eliminara a Ghana en los octavos de final del Mundial de 2006. Tenía 26 años, ya era un exfutbolista y la mirada enterrada en el suelo se debía a que sabía que había hecho un partido (y un mundial) para el olvido. La diferencia con James Rodríguez es que en ese momento Ronaldinho ya había ganado un Mundial de fútbol, una Champions y un Balón de Oro, entre muchos otros trofeos, y que en 2013, con 33 años, se embolsó una Copa Libertadores jugando durante buena parte del torneo como si fuera el Ronaldinho del pasado.

Entonces la clave, al parecer, es entregarse al ocio después de haber ganado mucho, perder el apetito luego de haber permanecido durante un buen tiempo en los más alto, no cuando apenas se ha tocado el cielo con uno de los diez dedos. Estamos cansados de que James aparezca más en la sección de farándula que en la deportiva, y esperamos (en mi caso en vano) que esta nueva etapa de su carrera signifique el renacer del que es quizá el futbolista más importante de nuestra historia.