26 Noviembre 2022

De primera con ropa de segunda

Las prendas recicladas son una tendencia en crecimiento en Colombia y el mundo, no solo para favorecer el medio ambiente sino también al bolsillo.

Cuando se piensa en contaminación, la primera imagen que llega es la de calles inundadas de vehículos emitiendo CO2. Pero, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), la industria de la moda es mucho más contaminante y produce más emisiones de carbono que incluso todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos. 

La producción de ropa y calzado genera 8% de los gases de efecto invernadero. De hecho, está ubicada en el segundo renglón de las más nocivas del mundo, no solo por todo lo que sucede durante su producción, sino cuando estas prendas se desechan. Según la ONU cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura en el mundo.

Solo para hacer jeans se gastan 7.500 litros de agua, la misma cantidad que requiere un ser humano en cinco años para subsistir. Y en la confección de vestidos se necesitan 93.000 millones de metros cúbicos de agua cada año.

Lo más dramático es que la producción de ropa se duplicó entre 2000 y 2014, y los precios de cada prenda cada vez son más bajos, lo que hace a la gente consumir más de estos productos y desecharlos en un santiamén. Es lo que llaman la moda rápida. 

Según el informe McKainsey sobre el Estado de la Moda de 2019, cada persona compra en promedio 60 centavos de dólar más en ropa que 15 años atrás y la desecha en la mitad de tiempo de lo que solía hacerlo en ese entonces.

Ante este panorama ha crecido en el mundo un movimiento que se conoce como moda sostenible, y bajo esa sombrilla se encuentran muchas modalidades: la moda circular, la ropa de segunda mano y las prendas hechas con textiles de desecho. 

En el país, una serie de marcas buscan aportar soluciones a esta problemática sin necesidad de sacrificar la moda porque “los vertederos de basura de ropa ya están llenos y muchas marcas queman la ropa que no se vende, y esa polución, así como los gases emitidos para hacer la prenda, contaminan el ambiente”, explica Mia Elías.

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El círculo de la moda

Mia, junto con su socia Ana María Acosta, empezaron de manera informal con un bazar en el salón comunal del edificio donde vive una de ellas. Allí exhibieron 200 prendas de sus respectivos clósets que ya no usaban. Estaban en buen estado y algunas eran de marca. 

Ese día vendieron todo y las compradoras quedaron entusiasmadas con el ejercicio, así que les mandaron maletas llenas de ropa que ellas también querían vender. Hoy tienen una tienda, Circular Bazar, cerca del Centro Comercial Andino, en Bogotá. 

Funciona así: Mia y Ana María reciben la ropa, la revisan y aquellas que están en excelente estado las reciben en consignación para que tengan otra oportunidad. Cuando las venden, las dueñas de las prendas reciben el dinero menos la comisión de la tienda.

La gente piensa que la ropa de segunda es necesariamente barata y fea. Y aunque sí tienen prendas mucho más económicas, que van desde 10.000 hasta 500.000 pesos, hay ropa de diseñador y en general todo está en muy buen estado. Sus clientas no están solamente buscando cosas más baratas sino exclusivas. “Quieren tesoros”, dice Ana María. 

Las compradoras son jóvenes en su mayoría, pero hay mujeres mayores que han cambiado de ‘chip’ y sienten que, aunque es ropa de segunda, vale la pena usarla de nuevo porque no se ve vieja. “En Circular Bazar hemos logrado cambiar eso”, señala. 

En la mira está la ropa infantil, porque se trata de una industria grande que deja mucha ropa de desecho debido a que los niños crecen muy rápido. “Las mamás compran y compran”, dice Mia.  Y como no es barata, hoy quieren adquirirla de segunda mano. “A veces, la ropa infantil se queda con la etiqueta porque el niño creció antes de usarla”. 

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Nada se pierde, todo se transforma

La ropa sostenible incluye la moda circular, pero también aquella que está hecha de retazos de otras prendas ya desechadas. En este frente se ha destacado el diseñador Alejandro Crocker, un venezolano que comenzó hace más de 20 años a restaurar tejidos antiguos y hoy crea piezas únicas con telas recicladas en Bogotá. Todo para ayudar al medio ambiente. 

“Agarramos todo lo que la sociedad considera desperdicio, desde jean hasta tela antigua, y lo restauramos”, dice Crocker, y agrega que la idea es no permitir que lleguen a la basura, porque cuando esto sucede las queman y eso genera una contaminación mucho peor que cuando la produces. “Nosotros la transformamos y le damos una segunda oportunidad para que puedan volver a entrar al mercado y sigan activas”, señala el diseñador.

Así han realizado muchas colecciones. Una de las más significativas fue la llamada ‘Realidad ficticia’, con los uniformes usados de los miembros de la policía, que cambian de dotación cada año, lo que implica una fuente de desecho textil enorme. En el taller de Alejandro los reciben, los someten a un proceso de limpieza para luego desarmar cada pieza. Con esos retazos empieza el trabajo creativo de crear una nueva prenda en la que se utilizan los botones, las hebillas y hasta las cremalleras de los uniformes. 

Adrede, el diseñador pone en los lugares más visibles aquellas partes que dan fe del uso de la prenda. En el caso de los uniformes de policía, observó que los bolsillos traían un pequeño orificio para poner el bolígrafo y muchos estaban manchados de tinta. “Los puse en los cuellos para que la gente viera que ese material había tenido su uso, pero ahora contaba otra historia”. 

En diciembre lanzará la colección ‘Consciente reciclado’. “Es una colección más masiva, hecha a partir de jeans de dotación de trabajo de obreros y pintores de brocha gorda”.

Este movimiento está diciendo “paren ya de producir y dejen de consumir ropa nueva”. Al usarse de segunda mano, el circulo se cierra porque “no la botamos; la reciclamos. Compras, usas, vendes, y si todos hacemos lo mismo, evitaremos que se produzcan muchas cosas nuevas”, explica Mía. 
 

Peso a Peso, Paso a Paso es una colaboración periodística entre Cambio y Bancolombia para la educación financiera.