¿Se le prendió el bombillo?

La creatividad, sin la valentía para materializarla, solo se queda en fantasías. Entonces… ¿Tiene usted una buena idea? Tome nota de los siguientes consejos para que pase del sueño a la realidad.

A muchos nos ha pasado que despertamos en la noche con una idea maravillosa en mente. Amanecemos emocionados pensando que finalmente hemos dado en el blanco y empezamos a visualizar un futuro de éxito y reconocimiento. Y quizá hasta le dediquemos algo de tiempo, a ver si funciona. Pero al final, nuestro estallido de genialidad va perdiendo brillo para quedar relegado en la carpeta de “cosas que no van a ocurrir”.

Si es bien difícil tener una buena idea, mucho más es llevarla a la realidad, pues esto implica valentía, esfuerzo, confianza y muchas veces ir contra la corriente. “La creatividad requiere tener el valor de desprenderse de las certezas”, dijo el psicoanalista alemán Erich Fromm.

“Para algunos es fácil y recurrente hablar de sus buenas ideas, haciendo gala de su creatividad para resolver problemas. Sin embargo, son sorprendentemente pocos los que suelen ponerlas en práctica y cambian la realidad desde los hechos más que desde el discurso”, asegura Juan Manuel Parra, profesor del INALDE Business School.

Por eso, la mayoría de las buenas ideas no pasan del dicho al hecho: productos que no se materializan, servicios que no llegan a ver la luz, métodos diferentes de hacer las cosas que jamás serán aplicados. Así que, si usted tiene en mente una buena idea, tome nota y ¡manos a la obra!

Una buena idea no es necesariamente innovadora

No se desanime si su idea no es tan novedosa como el siguiente iPhone. La mayoría de los productos exitosos no son nuevos, pero sí mejoran en algún aspecto algo ya existente.

Una buena idea puede ser, por ejemplo, tomar un producto y hacerlo mejor, más estético, más resistente, más barato, más eficiente, más saludable, más potente… O producirlo de una forma más rápida, o mejorar su presentación, o distribuirlo de otra manera. Es decir, una buena idea no necesariamente implica “inventar” algo, pero sí hacer algo diferente.

Y tampoco desista si su idea no es el motor de hiper reacción a chorro cuántico que va a llevar a la humanidad a conquistar el universo. No. Las buenas ideas generalmente son ideas simples: los Post-it –tercer producto de oficina más vendido en Estados Unidos– son papelitos con goma de baja resistencia, los omnipresentes clips son alambritos doblados…

Ideas

Confíe en su creatividad

La mayor parte de las ideas mueren cuando alguien las desinfla. ¿Le ha ocurrido que en medio de la noche se le ocurre una idea genial, pasa en vela pensándola y en la mañana la comparte con alguien que no la valora igual, y entonces ya a usted no le parece tan genial y la descarta?

Según Tom Kelley, coautor del reconocido libro Creative Confidences, “la confianza creativa se define como la habilidad para desarrollar ideas diferentes y tener la valentía para ponerlas en práctica”. Y sí que se necesita valentía, puesto que las buenas ideas suelen estrellarse con la opinión de quienes no las entienden o las valoran.

Incluso, un poderoso enemigo de las buenas ideas suele ser su propio autor: nosotros mismos tendemos a calificar de una forma más ácida nuestras creaciones, y en ese auto examen pueden quedar subvaloradas por razones como desconfianza o falta de interés.

No se estanque en los detalles

Existe una frase comúnmente atribuida al filósofo francés Voltaire y que contiene una enseñanza muy profunda: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”.

Aplicada al ejercicio de hacer realidad las ideas, esta frase sugiere que es preferible avanzar hacia un buen resultado en un plazo razonable que dedicar un tiempo excesivo esperando alcanzar un resultado perfecto.

El consejo de quienes hacen realidad las ideas es muy sencillo: simplemente hágalo. Y no se preocupe si en un principio su idea no se ve como debería, pues por el camino puede ir ajustándola. Pero, ¡hágalo!

Generalmente el producto final no es exactamente igual a la idea inicial. De hecho, en la historia de la innovación son incontables los productos finales que nacieron de una manera completamente diferente: el viagra –y nos tomamos la licencia del ejemplo– no fue ideado para el uso que actualmente ostenta, sino como medicamento para tratar la hipertensión.

Sin ir más lejos, la primitiva tableta Newton de Apple fue muy modesta en ventas y estaba llena de problemas y limitaciones, pero unos años más tarde Steve Jobs la utilizó como el origen del concepto y la tecnología del iPhone, un producto que cambió para siempre el mundo de la tecnología y la comunicación.

Ideas

Aprenda de lo que ya existe

Tenemos una mala noticia para usted: las posibilidades de que le asalte de repente un milagroso chispazo de genialidad son mínimas. Ya lo dijo el prolífico inventor Thomas Alva Edison: “La genialidad es 1% de inspiración y 99% de transpiración”. Es decir, si quiere buenas ideas, búsquelas.

La creatividad, más que una virtud, es un hábito que se debe ejercitar y alimentar. Un método para mantenerla en forma es observar y aprender de lo que ya existe, y evitar partir de ceros en la materialización de las ideas. Por ejemplo, si usted quiere hacer tornillos, investigue sobre los tornillos que ya están en el mercado, revise qué elementos se pueden cambiar o mejorar y avance sobre lo construido. 

Busque todo lo que necesita

¿Qué requiere su idea para materializarse? ¿Materiales específicos? ¿Ayuda para su diseño? ¿Necesita verificación técnica? ¿Qué tipo de insumos son los óptimos?

Haga una lista minuciosa de todo lo que hace falta, y así podrá, por un lado, determinar el costo del desarrollo de su idea; y por otro, buscar los mejores proveedores que le ayuden a sacarla adelante. Incluya en este listado el valor y los requerimientos de las pruebas necesarias para poner a punto su idea.

Vamos a detenernos en un punto importante: la búsqueda de proveedores, incluyendo la ayuda y el conocimiento necesarios. Es poco probable que usted logre realizar su idea en solitario y por sus propios medios. Siempre necesitará unir fuerzas. Esta tarea merece tiempo y concentración: busque el mejor talento, los mejores materiales, la maquinaria idónea, los empaques más adecuados…

Reciba feedback, pero no mucho

Luego de hacer las pruebas y modelos para materializar su idea, observe la reacción de quienes podrían ser sus clientes. Recibir con tranquilidad tanto halagos como críticas puede brindar datos para mejorar la idea.

Trate de anticipar cómo caerá su idea en el mercado, cómo reaccionará su público y qué sentimientos activará. Escuche opiniones, haga sondeos, tome nota del resultado de las pruebas y ajuste lo que deba ajustar.

Pero, cuidado: escuchar no siempre obliga a obedecer. Ya lo dijo con algo de humor uno de los grandes innovadores de la historia, Henry Ford, responsable de la popularización del automóvil: “Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido”.

Peso a Peso, Paso a Paso es una colaboración periodística entre Cambio y Bancolombia para la educación financiera.