23 Diciembre 2022

Los fiascos tecnológicos de 2022

Crédito: Yamith Mariño

La industria de tecnología, tan acostumbrada a una prosperidad a toda prueba, sufrió en 2022, por primera vez en dos décadas, reveses monumentales.

Por Álvaro Montes
Cada año hay éxitos y fracasos en los negocios, ni más faltaba, pero este que está a punto de terminar deja para las grandes compañías tecnológicas saldos en rojo que –en algunos casos– podrían marcar un antes y un después en la historia de la economía digital, y pérdidas económicas que no se veían desde cuando estalló la famosa burbuja punto com en 2001. Estos son los hechos que podemos incluir en la categoría de más notables pinchazos que sufrió en 2022 la “tecnoloneta” global.

El fin de la era de los asistentes inteligentes

Las órdenes verbales que comienzan con "Alexa" y "Oye Google" no han sido utilizadas más que para pedir el chiste del día, hacer sonar una lista de canciones y quizás impresionar a las visitas cuando uno quiere dárselas de muy "techie". En realidad, los altavoces inteligentes no fueron creados para eso, sino para convertirse en un poderoso canal de comercio electrónico gestionado por voz, aprovechando las capacidades conversacionales alcanzadas por las plataformas de Amazon y Google.

En el caso de los dispositivos Echo –los mejores del mercado, sin duda–  diez años desde su creación sin alcanzar rentabilidad parecen haber agotado la paciencia de los ejecutivos de Amazon. El modelo de negocio planeado era que en cada país se creara un ecosistema comercial y de contenidos alrededor del dispositivo: medios de comunicación que llevaran sus noticias allí, anunciantes que patrocinaran servicios y, especialmente, tiendas en línea en las que los usuarios pudieran hacer las compras desde un sofá, solo hablando con el dispositivo. Pero poco de eso ocurrió. Business Insider reveló que las pérdidas de la división Echo de Amazon alcanzaron este año los 10.000 millones de dólares. El problema no fue la venta de los dispositivos, que ha sido buena y hay una base instalada importante en el mundo entero, sino que el mercado en línea no prosperó allí. Google anda en las mismas, porque sus asistentes inteligentes tampoco captaron el uso previsto para búsquedas y compras online.

El criptoinvierno

El año 2022 será recordado como el de la más grave crisis –y no sabemos todavía sus consecuencias– del enigmático mundo de las criptomonedas. La depreciación del bitcoin fue solo la punta del iceberg. Cayó de 65.000 dólares a 21.000. Pero eso se entiende como normal dentro de la conocida volatilidad de la criptomoneda. El problema más serio fue la pérdida de confianza ocasionada por numerosos fraudes cometidos por empresarios del sector de intermediación de los mercados de criptoactivos.

Una capa creciente de intermediarios, creados para facilitar la masificación de las criptomonedas (porque para la mayoría de los mortales es un verdadero galimatías entender cómo diablos participar en la cadena de bloques o blockchain) se convirtió en un pesado lastre. Especuladores de la compra y venta de criptos; lavadores de las mafias; piratas financieros y otras especies encontraron en el modelo de "exchanges" (plataformas para compra y venta) una oportunidad. Al lado de Binance y Coinbase, los dos más grandes intermediarios del mundo, que hasta el momento funcionan correctamente y sin problemas, emergieron emprendimiento que realizaron fraudes monumentales, como FTX, una startup creada por uno de esos típicos “genios” que llegan a multimillonarios antes de los 30 y parecen convertir en oro todo lo que tocan. Pues el creador de FTX, Sam Bankman-Fried, egresado de MIT y todo un rock star de Silicon Valley, resultó un mentiroso defraudador que captó miles de millones de dólares y en lugar de hacerlos crecer mediante inversiones cuidadosas en los mercados de criptoactivos, simplemente los gastó en mansiones y lujos, y se inventó de la nada una criptomoneda propia para hacer desaparecer los fondos.

El fraude se descubrió en noviembre pasado y sus repercusiones podrían ser fatales para el futuro de las criptomonedas, puesto que se esperan regulaciones e intervención estatal sobre las plataformas de exchanges.

La Inteligencia Artificial y la verdad

Meta, el nombre de la empresa que conocíamos antes como Facebook, presentó en noviembre un producto de lujo, fruto de sus varios años y millonarias inversiones en investigación y desarrollo: Galáctica, una inteligencia artificial diseñada para apoyar a científicos e investigadores en la construcción de nuevo conocimiento. Funcionaba como un motor de búsquedas enciclopédicas. Duró tres días y fue retirada ante el fracaso de sus algoritmos, que arrojaban textos basados en información falsa.

Los modelos de lenguaje natural, que son el pan recién horneado en los laboratorios de inteligencia artificial este año, tienen un problema: se alimentan de datos que extraen de internet. Dall-E 2 y Midjourney, raspan internet para captar todas las imágenes que allí encuentran, y aprender sobre ellas (el machine learning, que llaman) para crear nuevas imágenes. Pero terminan reproduciendo los estereotipos que aprenden de ese basurero de datos erróneos, estereotipados, tóxicos y falsos que inundan internet. Así es como Lensa, la app de moda por estos días para crear retratos a partir de selfies, sexualiza a las mujeres, les agrega cuerpos voluptuosos y semidesnudos y tetas grandes, porque la plataforma heredó esos sesgos de la base de datos de imágenes femeninas de la que se nutrió.

A Galáctica le ocurrió lo mismo. Sus respuestas científicas estaban plagadas de mentiras, pseudociencia y nociones terraplanistas, porque no ha sido posible establecer mediante ingeniería de software, qué es verdad y qué es mentira en el conocimiento humano.

Despidos en tecnología

Meta despidió este año 11.000 empleados, algo más del 13 por ciento de su nómina. Después de dos décadas de crecimiento absoluto, la empresa propietaria de Facebook sacó trapo rojo, tras reportar pérdidas de ingresos del 39 por ciento. Los recortes en las grandes tecnológicas fueron noticia a lo largo del año que termina, con un total de 121.000 personas despedidas en 795 compañías de tecnología en el mundo, según datos de Layoffs. Los ingresos de Netflix cayeron 67 por ciento y los de Google 8 por ciento, solo para mencionar nombres emblemáticos que, en plena pandemia entre 2021 y 2022, habían crecido de un modo asombroso en ventas y ganancias.

El fin de las redes sociales

Por primera vez se generalizó entre expertos y aun entre usuarios en todo el mundo la conversación acerca del final de las redes sociales. Quienes hablamos de este tema hace algunos años recibimos toda clase de varapalo, cuando se creía ciegamente en la inmortalidad de Facebook, Twitter, Instagram y demás.

Pues el mismísimo fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, tiene claro que la red social no será su negocio del futuro, y ahora destina el 20 por ciento del presupuesto anual de la compañía Meta al desarrollo del metaverso, ante la curva decreciente de ingresos y usuarios en su famosa plataforma de red social.

La adquisición de Twitter

Si algo salió mal este año fue la compra de Twitter por el empresario Elon Musk. El nuevo dueño ha contemplado la posibilidad de su final cercano, a menos que logre convertirla en otra cosa, por ejemplo, una super app, al estilo Rappi, que se utiliza para entregar domicilios, hacer compras en línea, prestar dinero y otros servicios. Elon Musk dijo esta semana que abandonará la dirección de la compañía tan pronto encuentre a "alguien lo suficientemente estúpido para reemplazarme".

Juzgada la autora del fraude Theranos

Aunque el caso fue descubierto en 2015, el largo proceso de juicio terminó en noviembre de este año, con una condena a 11 años de cárcel para Elizabeth Holmes, fundadora de la startup Theranos, que prometió revolucionar el cuidado de la salud con una tecnología que analizaría muestras de sangre y sería capaz de detectar casi cualquier enfermedad en pocas horas. Holmes recaudó miles de millones de dólares de inversionistas, pero la tecnología nunca existió. El castigo es ejemplar para los especuladores tecnológicos que con frecuencia surgen en Silicon Valley.