
Fronteras invisibles y niños reclutados desde los 11 años: así es la violencia de 34 pandillas que sitia a Puerto Tejada, Cauca
Un estudio de la Universidad del Rosario advierte que la violencia en este municipio del norte del Cauca ya no responde únicamente a la presencia de grupos armados ilegales. La investigación identificó a las pandillas juveniles que dominan microterritorios, consolidan un relevo generacional de la violencia y reproducen una cultura heredada del conflicto armado.
Por: Javier Patiño C
En Puerto Tejada, Cauca, donde el 79 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza o pobreza extrema, la violencia dejó de responder exclusivamente a la presencia de grupos armados ilegales y hoy tiene un nuevo rostro: pandillas juveniles que controlan barrios, imponen 'fronteras invisibles' y reproducen dinámicas violentas heredadas de décadas de conflicto armado.
Esa es una de las principales conclusiones de la investigación Violencias heredadas y fronteras invisibles: Puerto Tejada, un territorio sitiado por pandillas juveniles, desarrollada por Karen Nathalia Cerón Steevens y Cristian Javier Linares Gómez, investigadores de la Escuela de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario.
El estudio concluye que el principal desafío en materia de seguridad del municipio ya no puede explicarse únicamente por la presencia de estructuras armadas ilegales, sino por la consolidación de pandillas juveniles que heredaron la circulación de armas, las lógicas de venganza y el control territorial que durante años caracterizaron el conflicto en la región.
La investigación identificó 34 pandillas distribuidas en 41 barrios, una fragmentación territorial que ha dividido el municipio en pequeños "micromundos hostiles", donde algunas estructuras controlan apenas una cuadra y donde cruzar de una calle a otra puede representar un riesgo de muerte para los jóvenes. Estas fronteras invisibles restringen la movilidad, condicionan la vida cotidiana y profundizan la ruptura del tejido social.
"Estas fronteras invisibles son imaginarias, pero letales", advierte Karen Cerón, doctorada en Sociología de la Universidad de Barcelona y líder de la investigación.
"Cruzar una calle puede significar la muerte. Muchos jóvenes viven como prisioneros en sus propios barrios", enfatiza.
Los niños y las pandillas de Puerto Tejada
Uno de los hallazgos que más preocupa a los investigadores es el relevo generacional de la violencia. Aunque las pandillas hacen parte de la historia del municipio desde hace entre 35 y 40 años, el estudio documenta la aparición de estructuras integradas por niños desde los 11 años, una situación que mantiene en alerta a las autoridades locales, organizaciones sociales y la comunidad académica.
A diferencia de otras organizaciones criminales altamente estructuradas, la vinculación de estos jóvenes ocurre de manera gradual. El ingreso suele comenzar en las esquinas del barrio, compartiendo con la "gallada" y, en algunos casos, consumiendo sustancias psicoactivas. El punto de quiebre llega cuando el joven toma un arma y se involucra directamente en la confrontación, iniciando un ciclo de violencia del que resulta difícil salir.
Lejos de una mirada exclusivamente criminal, la investigación buscó comprender las razones que llevan a estos adolescentes a ingresar y permanecer en las pandillas. A partir de entrevistas, talleres participativos y diálogos con jóvenes pandilleros y expandilleros, los investigadores identificaron motivaciones recurrentes como la búsqueda de protección frente a amenazas, el deseo de vengar la muerte de un familiar, la necesidad de reconocimiento y la falta de oportunidades.
En ese contexto, la pandilla deja de percibirse únicamente como una organización delincuencial y pasa a convertirse, para muchos jóvenes, en un mecanismo de supervivencia, pertenencia e identidad.
"No son jóvenes aislados de la comunidad. Pertenecen a familias desestructuradas, enfrentan altos niveles de deserción escolar y hacen parte de un tejido social profundamente fracturado. Después de dialogar con los jóvenes, líderes sociales y miembros de la administración municipal coincidimos en que el mayor desafío es intervenir un territorio marcado por una hiperfragmentación", explica el politólogo Cristian Javier Linares.
Aumento de las cifras
La magnitud del fenómeno también se refleja en los indicadores de violencia. El estudio señala que el 55 por ciento de las víctimas de homicidio son menores de 25 años y que Puerto Tejada registró en 2025 la tasa de homicidios más alta de su historia: 170,9 por cada 100.000 habitantes, más de cinco veces el promedio nacional.
Sin embargo, los investigadores advierten que reducir la crisis a las estadísticas impediría comprender la dimensión real del problema: la normalización del miedo, la pérdida de confianza entre los habitantes y la ruptura de los vínculos comunitarios.
Según la Alcaldía de Puerto Tejada, entre 800 y 900 jóvenes participan directamente en las confrontaciones entre pandillas, una cifra que evidencia la magnitud del desafío para las instituciones locales y la urgencia de implementar estrategias sostenibles de prevención y desvinculación de estas estructuras.

La investigación propone una intervención que vaya más allá de las respuestas policiales y judiciales. En alianza con la Alcaldía de Puerto Tejada, la Universidad del Rosario esta impulsando el proyecto Co-creando Futuros, basado en metodologías de innovación social y participación comunitaria que involucran a jóvenes, familias, líderes sociales e instituciones para diseñar soluciones construidas desde el territorio.
Entre las iniciativas priorizadas se encuentran talleres de mecánica, carpintería, ebanistería, cría de animales y otros proyectos productivos que buscan ofrecer alternativas reales frente a la violencia.
Los investigadores también trabajan en la construcción de indicadores comunitarios sobre violencia juvenil, con el apoyo del Gobierno suizo, para fortalecer la toma de decisiones de las autoridades locales y generar evidencia sobre estrategias replicables en otros territorios afectados por dinámicas similares.
El propósito es convertir la experiencia de Puerto Tejada en una herramienta metodológica para la prevención de la violencia juvenil en Colombia y otros países.
Para los investigadores, Puerto Tejada representa un escenario que demuestra que la violencia juvenil no es un destino inevitable. Consideran que ofrecer oportunidades, fortalecer las familias, reconstruir la confianza y abrir espacios para que los jóvenes encuentren alternativas distintas a las pandillas será determinante para romper un ciclo de violencia que, durante décadas, se ha transmitido de una generación a otra.
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