Ir al contenido principal
Pablo Vera principal
Pablo Vera, rector de la Universidad del Magdalena. Foto: Cortesía

“La universidad pública sí transforma vidas y territorios”: Pablo Vera, rector de la Unimagdalena

En entrevista con CAMBIO, el rector reflexiona sobre cómo, en la última década, la Universidad del Magdalena se convirtió en referente nacional con logros como la gratuidad para la mayoría de sus estudiantes, la creación de programas únicos y la defensa de la autonomía universitaria.

CAMBIO: Usted ha insistido en que la universidad pública debe ser un motor de transformación social. ¿Cuál cree que ha sido el mayor cambio tangible que Unimagdalena ha aportado al territorio bajo su liderazgo?

Pablo Vera Salazar: El cambio más tangible ha sido demostrar que la educación pública sí transforma vidas y territorios. Cuando llegamos en 2016, el acceso a la universidad estaba marcado por profundas desigualdades. Hoy, el 92 por ciento de nuestros estudiantes cuentan con gratuidad, algo inédito en la historia de la institución y que ha permitido que miles de jóvenes de estratos 1 y 2 encuentren en Unimagdalena una oportunidad real de movilidad social.

Programas como Talento Magdalena, que ha beneficiado a 2.479 estudiantes, y Talento Santa Marta, dirigido a jóvenes del área rural de la ciudad, que históricamente estuvieron excluidos, han garantizado que el mérito y no la condición económica defina quién puede acceder a la universidad. El 92 por ciento de estos becarios son los primeros en sus familias en ingresar a la educación superior, lo cual refleja el verdadero impacto de inclusión social.

CAMBIO: Además de garantizar acceso e inclusión, ¿cómo ha trabajado Unimagdalena para ofrecer programas académicos pertinentes y alineados con los grandes desafíos del país?

P.V.S: Hemos transformado la pertinencia académica con apuestas pioneras en el país y la región: fuimos la primera universidad en América Latina en crear el programa de Ingeniería Marino-Costera, además de abrir carreras como Ingeniería Energética y Licenciatura en Educación Campesina y Rural, que responden a desafíos estratégicos como el cambio climático, la transición energética y el cierre de brechas urbano-rurales.

Ese conjunto de transformaciones —inclusión, gratuidad, nuevas ofertas académicas pertinentes y la consolidación de una universidad acreditada en alta calidad y reconocida internacionalmente— son la prueba más clara de que una universidad pública, incluso en la periferia, puede ser motor real de equidad y desarrollo regional.

Pablo vera rector 1
Pablo Vera, rector de la Universidad del Magdalena. | Foto: Cortesía

CAMBIO: En un contexto donde muchas universidades públicas luchan por mantener estabilidad, ¿cómo logró consolidar tres periodos consecutivos de respaldo estamentario sin perder cercanía con la comunidad universitaria?

P.V.S: La estabilidad no se construye desde el poder, sino desde la confianza. He procurado gobernar la universidad con hechos y con coherencia: ampliamos la matrícula de 20.048 estudiantes en 2016 a más de 27.260 en 2024, garantizamos gratuidad al 92 por ciento de nuestros jóvenes, fortalecimos la carrera profesoral con más de un 40 por ciento de ampliación en la planta docente y dignificamos las condiciones laborales de quienes sostienen día a día la institución.

Pero más allá de las cifras, mi legitimidad se sustenta en mi propia historia. Soy egresado de esta universidad pública y, como muchos de nuestros estudiantes, vengo de un hogar vulnerable. La educación no solo transformó mi vida, sino también la de mi familia. Ese orgullo y gratitud me obligan a trabajar con rigor y método, gracias a la formación académica que recibí, pero también con la pasión y la entrega de quien sabe que cada estudiante puede estar recorriendo el mismo camino de superación.

CAMBIO: Usted menciona un modelo de gestión basado en cercanía. ¿Cómo ha logrado que la comunidad universitaria pase de ser espectadora a protagonista en las grandes decisiones de Unimagdalena?

P.V.S: Esa visión se tradujo en un modelo de gestión inspirado en cuatro principios que adaptamos del manifiesto ágil: primero la gente, gestión basada en resultados, adaptación dinámica al cambio y co-creación con la comunidad. Estos principios nos han permitido alcanzar logros significativos en el desarrollo académico, la investigación, la innovación y el compromiso social, siempre con la comunidad como protagonista y no como espectadora.

He gobernado de cara a la gente: caminando la universidad, marchando junto a los estudiantes cuando la defensa de la educación lo exigía, escuchando a los docentes en sus aulas y reconociendo el aporte del personal administrativo. Tres periodos consecutivos no se explican con burocracia ni clientelismo, sino con cercanía, legitimidad y un compromiso auténtico con la inclusión y la excelencia.

El respaldo estamentario ha sido, en realidad, un voto de confianza en una idea simple pero poderosa: que la universidad pública sí puede transformar vidas, empezando por las nuestras.

CAMBIO: Su estilo de gestión en la rectoría rompe con la tradicional de escritorio. ¿Qué riesgos ha tenido que asumir al liderar desde la calle, marchando con estudiantes y compartiendo de manera tan cercana con la comunidad?

P.V.S: Mi estilo de gestión no es solo “fuera del escritorio”, también es profundamente territorial. He recorrido los 30 municipios del Magdalena, gran parte de la Sierra Nevada, el río Magdalena y la Ciénaga Grande. Conozco de primera mano la realidad de las comunidades que deberían ver en la universidad pública una esperanza y no un privilegio inalcanzable. Ese contacto directo me permite entender que las decisiones no se toman en los despachos, sino en diálogo con la gente.

He marchado con los estudiantes, docentes y trabajadores, no solo en Santa Marta sino también en Bogotá, cuando la defensa de la educación pública lo ha exigido. Ese liderazgo cercano, claro está, me ha traído estigmatizaciones de gobiernos anteriores, tensiones con el gobierno departamental, señalamientos e incluso amenazas. Pero estoy convencido de que es mucho más peligroso ser indiferente, encerrarse en la comodidad del poder mientras otros alzan la voz.

CAMBIO: Asumir ese liderazgo cercano le ha traído tensiones y señalamientos. ¿Cómo ha logrado mantener la legitimidad y la confianza pese a esos riesgos?

P.V.S: Hay que recordar que la Universidad del Magdalena es la institución con la menor transferencia por estudiante del promedio del Sistema Universitario Estatal (SUE), tanto de universidades acreditadas como no acreditadas. Esto nos obliga a luchar con más fuerza para que nuestra voz se escuche y para que la inequidad en la financiación no se convierta en otra barrera para nuestros jóvenes.

Por eso insisto: el riesgo de estar en la calle es la exposición; el verdadero peligro es la indiferencia. Liderar desde el territorio y con la gente es la única manera de sostener la legitimidad, la credibilidad y la fuerza necesarias para transformar la universidad pública y el Caribe colombiano.

CAMBIO: Unimagdalena ha sido pionera en programas únicos como Licenciatura en Educación Campesina y Rural o Ingeniería Energética. ¿Cómo identifica esas necesidades y las convierte en apuestas académicas viables y de impacto?

P.V.S: El modelo tradicional de creación de programas suele fragmentar las disciplinas. En Unimagdalena hemos buscado lo contrario: partir de los problemas del territorio y abordarlos de manera integral e interdisciplinaria. Así nació la primera Ingeniería Marino-Costera en América Latina, concebida para entender el mar en toda su complejidad, y la Ingeniería Energética, pensada para formar profesionales capaces de liderar una transición energética realista y sostenible.

Con la misma lógica abrimos la Licenciatura en Educación Campesina y Rural, que ya tiene sus primeros graduados, y avanzamos en propuestas como Etnobiología, Ciencia de Datos, Machine Learning Aplicado y el primer pregrado en Genética Aplicada del país.

En síntesis, nuestra perspectiva es clara: los programas académicos deben responder a los problemas del entorno y al desarrollo social y económico, bajo criterios de sostenibilidad, resiliencia, compromiso social y excelencia académica. Ese ha sido el sello innovador que ha convertido a Unimagdalena en referente nacional e internacional.

Pablo  vera unimagdalena 2
Pablo Vera, rector de la Universidad del Magdalena. | Foto: Cortesía

CAMBIO: La iniciativa de abrir 500 cupos gratuitos para mayores de 40 años fue catalogada como revolucionaria. ¿Cómo surgió esa idea y qué aprendizajes ha dejado para seguir cerrando brechas de inequidad?

P.V.S: La semilla de este programa nació en una conversación íntima con mi madre. Ella, siendo adulta, tuvo la valentía de validar su bachillerato, ingresar a la universidad y graduarse como abogada, para luego cursar una especialización y una maestría en Derechos Humanos. En medio de ese proceso, alguna vez me dijo: “Hijo, cuando usted sea rector de la universidad, procure que otras personas mayores como yo también tengan la posibilidad de cumplir su sueño de ir a la universidad”. Esa frase me acompañó siempre y se convirtió en un compromiso personal.

Por eso, en el marco de los 500 años de Santa Marta, abrimos 500 cupos gratuitos para mayores de 45 años, con el mensaje de que ningún ser humano es prescindible. El programa reconoce a quienes sacrificaron sus sueños para educar a sus hijos y ofrece alternativas flexibles que se ajustan a su vida laboral. Gracias a ello, hoy normalistas cursan licenciaturas, músicos se forman en producción musical, trabajadores del turismo estudian administración, líderes sociales avanzan en gestión pública y entrenadores se profesionalizan en deporte. 

También se realizó una convocatoria para madres comunitarias que en los próximos días iniciaran su formación como Tecnólogas en Atención Integral a la Primera Infancia.

CAMBIO: ¿Qué aprendizajes ha dejado este programa y cómo pueden servir para seguir cerrando brechas de inequidad en la educación superior?

P.V.S: El aprendizaje más valioso es que la educación no es solo para toda la vida, sino también a lo largo de la vida. No puede ser un derecho restringido a los jóvenes, es un derecho universal. Más allá de la movilidad social que puede traer un título, lo que realmente entregamos es dignidad: a la madre que lo sacrificó todo por sus hijos, al padre que desde la informalidad los convirtió en profesionales pero que nunca pudo cumplir su propio sueño.

Esa es la verdadera revolución de este programa: demostrar que nunca es tarde para aprender, que la universidad pública no tiene edad y que la educación dignifica en todas las etapas de la vida.

CAMBIO: En un país donde la política suele permear la academia, usted ha defendido la autonomía universitaria y la meritocracia. ¿Cuál ha sido el momento más difícil en esa defensa y cómo lo enfrentó?

P.V.S: Mi historia con la autonomía universitaria comenzó antes de ser rector, cuando fui líder estudiantil y junto a otros compañeros defendimos a la universidad y a su institucionalidad de las presiones de sectores políticos que en distintos momentos quisieron someterla. Esa ha sido siempre mi premisa: primero como estudiante, luego como docente, después como vicerrector de Extensión y Proyección Social y finalmente como rector.

Paradójicamente, quienes en su momento defendían la autonomía desde dentro, cuando llegaron a ocupar cargos de poder a nivel departamental o local, intentaron asaltar la universidad tratando de imponer rectorías afines a sus intereses. Todos mis procesos de elección han estado marcados por presiones, demandas, intimidaciones y por el uso del aparato departamental contra mi candidatura. Sin embargo, el respaldo mayoritario de estudiantes y docentes, y el compromiso de un cuerpo directivo conformado por profesores elegidos por su capacidad y no por cuotas políticas, han permitido sostener la gobernabilidad universitaria.

CAMBIO: ¿Y de qué manera ha logrado consolidar esa autonomía sin aislar a la universidad del Estado y de la sociedad?

P.V.S: La autonomía no significa aislamiento. Hemos trabajado con la Presidencia de la República, el Ministerio de Educación, la Gobernación, la Alcaldía y los municipios, pero siempre con la claridad de que la cooperación interinstitucional no puede confundirse con sometimiento partidista. La esencia de la autonomía radica precisamente en esa independencia frente a los poderes de turno, sean políticos, económicos o de facto.

La mejor forma de legitimar esa autonomía ha sido con resultados: acreditación institucional de alta calidad, ampliación de cobertura con inclusión, programas pioneros como Ingeniería Energética, Licenciatura en Educación Campesina y Rural o Ingeniería Marino-Costera, y una gestión reconocida como eficiente, transparente y comprometida. A esto se suma un modelo de gobernanza sano y participativo: en la Universidad del Magdalena, el rector puede ser revocado si no cumple su acuerdo de gestión, y las evaluaciones de todos estos años han sido sobresalientes.

Además, transformamos un modelo de admisión que en el pasado estuvo marcado por fraudes y suplantaciones, conocido como el “cartel de los intelectuales”. Lo reemplazamos por un sistema transparente basado en las pruebas de Estado y reforzado con programas como Talento Magdalena y Talento Santa Marta, que garantizan el acceso de jóvenes de todos los municipios del departamento. Hoy, por primera vez, la universidad tiene presencia en todo el territorio.

Defender la autonomía universitaria no ha sido fácil: ha implicado enfrentarse a amenazas, señalamientos y campañas de desprestigio. Pero más grave que eso sería permitir que la universidad volviera a ser cooptada por intereses ajenos a lo académico. Por eso hemos sostenido, con hechos y con movilización, que la universidad pública solo cumple su misión transformadora si se gobierna con libertad, con mérito y con transparencia.

CAMBIO: Después de casi una década al frente de Unimagdalena, ¿qué legado quiere dejarle a la institución y a la educación pública del país?

P.V.S: El verdadero legado no está en cifras ni infraestructura, sino en demostrar que la educación pública transforma vidas y territorios, incluso en condiciones adversas. Yo mismo lo viví: un joven que llegó con poco, que trabajó en la playa para sostener a su familia, y que encontró en la universidad pública el camino para hacer posible lo imposible.

Quiero que se recuerde a la Unimagdalena como la universidad que, con pocos recursos, pero con compromiso y creatividad, soñó en grande, innovó, abrió puertas a los excluidos y convirtió la esperanza en política institucional. El legado es haber inspirado a toda una comunidad a creer que una universidad pública de provincia podía liderar transformaciones profundas, desde la ciencia hasta la inclusión social y cultural. 

La certeza que quiero dejar es que la Universidad del Magdalena es un símbolo de dignidad y esperanza, motor de equidad y de futuro, donde siempre habrá espacio para que los sueños encuentren camino.

*Contenido en colaboración con la Universidad del Magdalena.

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir en redes sociales