
Alcoholismo, infidelidad, narcos, cáncer y belleza: las cinco vidas de María Andrea Lara
María Andrea Lara y Paola Turbay en el lanzamiento del libro Todo Pasa Para Algo
La creadora de la legendaria agencia de modelos Klass Models, que tuvo en su catálogo a Paola Turbay y Carolina Gómez, habló con CAMBIO sobre la gloria de su pasado, signado por el alcoholismo, la cirrosis y un cáncer que casi la mata. Una vida que cuenta en un libro que acaba de lanzar.
Su alcoholismo empezó con el tradicional güisqui de las siete de la noche que toman las mujeres de la más alta sociedad limeña. El aburrimiento, la falta de ocupación, la soledad y un matrimonio signado por la frialdad la llevaron de a poco a subir la dosis y a vaciar la botella. Cuando dejó Lima y se mudó a vivir a Madrid, el alcohol ya era uno de los componentes predominantes en su torrente sanguíneo. Fue allí, en España, donde bebió el último sorbo de vino antes de caer desmayada. Vinieron tres meses de hospitalización –por cirrosis– y desvarío. Y también el anuncio de su muerte inexorable por parte de la junta médica del Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Le quedaban, a lo sumo, 48 horas de vida.
Sobrevivió.
Así como sobrevivió, en el vientre de su madre, a un embarazo muy complicado que tuvo como tajante dictamen médico el aborto, a un cáncer de mama –en fase letalmente avanzado– que le detectaron a los 38 años, y al divorcio de un matrimonio que malvivió por más de tres décadas. Además de estos encuentros íntimos con la muerte, la prolongada estadía en el pozo negro del alcoholismo, el trasegar por los purgatorios de la infidelidad y la quimioterapia, en las cinco vidas que María Andrea Lara dice haber vivido cabe también la creación de Klass Models, la agencia de modelos más importante que ha tenido Colombia y que llevó al estrellato y al reconocimiento mundial a Paola Turbay, Paola Andrea Betancourt y Carolina Gómez, entre otras.
En entrevista con CAMBIO, Lara habla sobre las razones de contar su intimidad en el libro Todo pasa para algo, que lanzó el pasado 2 de octubre, sobre los lastres de la opulencia y de la belleza, la filtración de los narcos en su agencia, la aceptación de la muerte y la urgencia y el sentido que ha encontrado en ayudar a quienes, como ella, han caído en los abismos.

CAMBIO ¿Por qué escribir un libro para hacer públicas las entrañas propias: el alcoholismo, la infidelidad, los dolores familiares?
María Andrea Lara: No sé, no tengo ni idea (risas). Mucha gente me ha preguntado por qué a estas alturas me dio por hablar de todo esto y mi respuesta es que no sé. Porque sí, porque es parte de mi personalidad lanzarme a hacer cosas y después ver las consecuencias. Por eso el libro empieza con mi infancia, pues para poder contar quién soy tenía que contar de dónde vengo.
CAMBIO: ¿Y de dónde viene? ¿Cómo fue esa infancia?
M. A. L: Mi tío abuelo fue el primer secuestrado en Colombia, a mi tía Gloria Lara la mataron y luego también secuestraron a mi papá. Vengo de una familia caracterizada por la abundancia y por la violencia. Desde muy pequeña me acostumbré a la vida de club y de guardaespaldas. Fue una etapa de mucho encierro que me hizo rebelde e indisciplinada. Antes de graduarme, me echaron de siete colegios, y aunque me metieron en todas las clases posibles –natación, tenis, equitación–, hoy no tengo ni idea de qué hacer con una raqueta y mucho menos con un caballo. Vengo de una familia disfuncional en la que hubo alcoholismo, infidelidades y en la que nunca nos sentamos a comer juntos.
CAMBIO: ¿Y cómo es que esa niña encerrada y rebelde pasa a crear Klass Models, la agencia más emblemática que ha tenido Colombia?
M.A.L.: Después de graduarme, estudié producción de cine y televisión en Boston. Al mes, ya tenía un novio –con el que después me casé– y que, un poco como mi papá, se encargaba de todo y no me dejaba hacer absolutamente nada. Ni sacar una cuenta de banco. De Boston nos mudamos a Dallas para un trabajo que le consiguió mi papá y allá, como no tenía nada que hacer, un día me desesperé y busqué en las páginas amarillas –en esa época no había ni Google– las agencias de modelaje de la ciudad para ir a presentar a Paola Turbay, que ha sido muy amiga mía desde el colegio y a quién yo convencí de participar en Miss Colombia.
CAMBIO: ¿Es decir que Klass Models, que tiene su propia serie en Netflix, surgió de forma aleatoria una tarde cualquiera en Dallas?
M.A.L.: Tal cual. Como mi mamá era la chaperona de las Miss Colombia, la encargada de enseñarles la etiqueta, yo era amiga también de Paola Andrea Betancourt y Carolina Gómez. Les pedí fotos y fui a la agencia que más me sonó para ir a mostrarlas. En principio me recibieron con antipatía y el tipo que me abrió me dejó entrar de mala gana y me atendió en el cuarto de los tintos. Cuando el man vio a Paula Andrea Betancourt no podía creer que alguien tuviera ese cuerpo. Cuando vio a Paola Turbay me dijo que en Estados Unidos era imposible encontrar una cara como la de ella. Cuando finalmente vio a Carolina Gómez no pudo contener la emoción y me dijo que las quería tener ya mismo en Estados Unidos.

CAMBIO: Su agencia se creó en los años noventa y de alguna forma matizó la imagen del país ante el mundo, que en esa época nos veía esencialmente como el país de los carteles, la cocaína y las bombas. ¿Cómo fueron esos cinco años de frenético ascenso de la agencia?
M.A.L.: Pienso en Klass Models como un hijo mayor que ya murió. Fue una experiencia que amé. Ir a las siete de la mañana a nuestra oficina, que era una mansión en donde también operaba Colombiana de Televisión era el mayor placer para mí. Tenía 25 años y representaba a las mujeres más hermosas de este país. Nos la pasábamos con Ernesto Samper, con Andrés Pastrana, y compartía mesa con Carlos Ardila Lule. En los restaurantes paraban a la gente de la mesa para darnos el puesto. Nos sentíamos lo mejor de lo mejor… lo único que funcionaba de nuestro cuerpo era el ego.
CAMBIO: ¿Cómo es eso de que lo único que funcionaba era el ego?
M.A.L.: Teníamos 25 años. Éramos muy jóvenes para tener tanta influencia. Sobre todo en esa época en la que, además del narcotráfico, Colombia era el país de las mujeres y el fútbol. Nosotros fuimos las precursoras de Las Chicas Águila y los calendarios, que estaban por todas partes. Teníamos a Sofia Vergara y al ‘Pibe’ Valderrama para hacer lo que quisiéramos. El ego estaba inflado y eso te ayuda a conseguir metas, pero, en el fondo, no estábamos bien. Era demasiado.
CAMBIO: Fútbol, mujeres y narcotráfico… ¿Cómo fue la relación de la agencia con los narcos?
M.A.L.: Pablo Escobar, los Rodríguez Orejuela, los narcos para nosotros estaban ahí, en la televisión, pero como una realidad lejana. Como pasa hoy con el clima, que sabemos que está cambiando, pero todavía no lo sientes. Hasta que un día nos dimos cuenta de que los catálogos en los que aparecían nuestras modelos circulaban por cientos en La Picota y en otra cárcel de Bogotá. Yo estaba en la clínica por un ataque de asma de mi hijo y me llamó el entonces fiscal Alfonso Gómez Méndez para decirme que en el noticiero darían la noticia de que la agencia tenía vínculos con el narcotráfico y que los carteles estaban vendiendo a nuestras modelos en las cárceles. Yo le dije que no podía ser, que eso eran puros chismes. “Te está llamando el fiscal, esto es en serio. Hay llamadas que lo demuestran”, me dijo.
CAMBIO: Entonces sí tuvieron vínculos con los carteles…
M.A.L.: Hubo una niña que empezó a trabajar conmigo y a quien yo le abrí las puertas de mi casa y consideraba mi amiga cercana. Ella había traído como 15 niñas espectaculares de Pereira, de Santander: unas muñecas. Pues resulta que ella trabajaba para los Rodríguez Orejuela y era la que vendía a las niñas en las cárceles. Yo no lo podía creer y fui hasta su casa para hablar con ella. Llegué y no había un solo mueble, ningún rastro. Es el día que no he vuelto a saber de ella… Eso hizo que cerráramos la agencia.
CAMBIO: ¿Hoy se arrepiente de haber creado la agencia?
M.A.L.: No me arrepiento porque aprendí muchísimo. Pero hoy sí sé que por ahí no era el camino.
CAMBIO: ¿Cuál es el peso de la belleza, María Andrea?
M.A.L.: Es terrible, todavía sigue. Antes de que llegaras a esta entrevista estaba súper estresada por cómo me veía, hasta me iba a maquillar. Cuando estaba en plena quimioterapia, calva, flaca, vuelta nada, igual le pedía a mi hermana que me pasara el pintalabios. Terminaba llena de pintalabios en la frente, en todas partes, como un payaso.
CAMBIO: ¿Y el poder de la belleza?
M.A.L.: Es impresionante. Lo que una mujer inteligente, bonita, guapa puede hacer con un hombre. Con el hombre más poderoso. Putin, Trump, el que quieras. Una mujer estratégica, bonita, los maneja a su antojo.
CAMBIO: ¿Cuál es el peso de la opulencia?
M.A.L.: Yo agradezco que nunca me faltó nada. Pedía algo y lo tenía. Agradezco haber podido ir a la universidad y ser la única que tenía carro. Haber hecho las fiestas más grandes de Bogotá con mis primas. Pero ahora que se acabó esa fortuna, veo el peso de no haber sido educada para trabajar. Es que uno trabaja y luego come, ¿no? E incluso si tus papás tienen la empresa más grande, hay que trabajar en otros lados para de verdad aprender algo. Aunque no soy capaz de hacerles comer mierda a mis hijos, me propuse no educarlos como niños millonarios y que sepan que uno come y tiene un techo si trabaja. Esa certeza con la que me educaron a mí de que nunca jamás me iba a faltar nada es muy dañina.
CAMBIO: ¿Cómo se ha preparado para el escándalo social, en su esfera, de salir a hablar del alcoholismo y la infidelidad, dos tabús muy bien guardados en la élite?
M.A.L.: Dicen que la primera versión de un libro es la mejor. A mí me tocó guardarme algunas cosas de esa versión para no herir a los que más quiero. Mi editor, Adolfo Zableh, que es muy pasional, me empujaba a indagar en todo el alcoholismo que vi en mi infancia y adolescencia en mi familia, pero luego saqué cosas que eran demasiado fuertes. Mis tías me han llamado para decirme que cómo es que voy a contar que fui alcohólica si los trapitos sucios se lavan en casa y que eso no le gustaría a mis papás. Yo he dicho que voy a contar la verdad. La idea del libro fue de una de las guionistas de la serie de Netflix, que aunque refleja algunas cosas de mi vida, tiene demasiada ficción e imaginación. Ella me dijo que yo tenía cosas para enseñarle y ayudar a la gente.
CAMBIO: ¿Cómo le puede ayudar su libro a las personas?
M.A.L.: Yo nunca tuve con quién hablar sobre el alcoholismo. Nadie a quién preguntarle por qué ya no podía parar de tomar. Cuando me dio cáncer tampoco tuve con quién hablar de lo que realmente me pasaba. Mi oncóloga hacía lo mejor y me hablaba de los síntomas, del sabor a metal en la boca, del dolor, pero yo necesitaba hablar con una niña que estuviera pasando por lo mismo sobre cómo se siente la quimioterapia en los genitales, sobre eso que desde afuera no se puede ni percibir.
No te imaginas la cantidad de mujeres que me han contactado porque tienen un amante: gente en Colombia, Costa Rica, Canadá. El libro es un canal para que la gente me contacté. Yo les doy mi número personal y les ayudo hasta donde pueda. Justamente quiero formarme para poder ayudar mejor, pues la vez pasada, en una entrevista, llamó una persona a decirme que le diera razones para no tirarse por la ventana. La gente no tiene con quién hablar de estos temas. Ya he ayudado a personas alcohólicas y quiero seguir haciéndolo.
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